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El giro de Milei: el Congreso como motor de su gestión y el rol clave del riojano Martín Menem

Las frenéticas sesiones extraordinarias marcaron el adiós al desprecio de la Casa Rosada hacia el Poder Legislativo. Con el titular de Diputados consolidando el poder territorial de La Rioja a nivel nacional, y Patricia Bullrich como dueña indiscutida del Senado, el oficialismo acorrala a un kirchnerismo sin respuestas.


Casi sin que se notara bajo la frenética agenda de las sesiones extraordinarias, Javier Milei operó un giro rotundo en su estrategia política. El Presidente que en sus discursos pedía fumigar a las “ratas” del Poder Legislativo y despreciaba a la “casta”, hoy convirtió al Congreso de la Nación en la columna vertebral de su gestión. Leyes de altísima sensibilidad y complejidad, de esas que el sistema político tardaba décadas en digerir, vieron la luz en cuestión de días.

En este nuevo ecosistema de poder, el peso de la gestión legislativa recae sobre dos pilares fundamentales: el riojano Martín Menem en la Cámara de Diputados y la ministra Patricia Bullrich en el Senado.

El blindaje al bastión riojano en Diputados

Más allá de los embates opositores sufridos durante 2025, el titular de la Cámara Baja, Martín Menem, logró afianzarse como la principal polea de transmisión de las decisiones presidenciales. El legislador por La Rioja supo capitalizar el blindaje y la generosa palanca que le provee la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.

En un escenario nacional donde el peronismo riojano tradicional apuesta a la confrontación dura con la Casa Rosada, Menem construyó su propio feudo institucional en el Congreso. Garantizó los votos en la Cámara Baja y le demostró al «triángulo de hierro» libertario que su conducción es vital para que las reformas no naufraguen antes de cruzar el Salón de los Pasos Perdidos.

El factor Bullrich y el Senado domesticado

El panorama en la Cámara Alta tiene un ingrediente trascendental. Sin mayorías propias —aunque con bloques fortalecidos tras las elecciones de octubre—, el Gobierno encontró en Patricia Bullrich a la líder parlamentaria que le faltaba.

La funcionaria dejó en un cómodo quinto lugar la interna entre Balcarce 50 y la vicepresidenta Victoria Villarruel, convirtiéndose en una “máquina” del sistema que, paradójicamente, el Presidente tanto denostaba. Bullrich hizo casi a la perfección el manual de jefa de bloque:

  • Iniciativa política: Recuperó el manejo de los tiempos que los «históricos» del Congreso habían perdido. “Nos llamaba seguido antes de asumir y estaba con muchos temas ya masticados. Sin Bullrich, lo de las últimas semanas no ocurría ni por asomo”, reconocen desde las bancadas dialoguistas.
  • Freno a los excesos: Fue la primera en advertirle al Ejecutivo que la intención de voltear las leyes de emergencia en discapacidad y financiamiento universitario en el Presupuesto 2026 iba a generar una trifulca letal. Frenó la embestida y salvó el plan de gastos del Gobierno.
  • Control de comisiones: Desplazó sin mayores contratiempos a Carmen Álvarez Rivero para asumir ella misma la presidencia de la estratégica comisión de Trabajo y Previsión Social.
  • Manejo de la reforma laboral: Pilotó con éxito el tratamiento de la ley en medio del festín de modificaciones y concesiones a sindicatos y empresarios.

La resignación opositora

Las campañas libertarias en redes sociales quedaron hoy relegadas a tribunas menores; el poder real se disputa y se gana en los recintos.

“Milei se dio cuenta de que necesita al Congreso, por más que nunca lo reconozca. Las señales desde octubre fueron muy claras”, sentenció a este medio un experimentado legislador.

En la vereda de enfrente, el desasosiego es total. En el kirchnerismo reconocen que carecen de un «plan B». Tras el debate por el Régimen Penal Juvenil y la reforma laboral, donde Bullrich se dio el gusto de debatir sanamente e imponer respeto ante figuras como Jorge Capitanich o Gerardo Zamora, un integrante del bloque K deslizó con amargura: “Imaginate el que nos bancó tantos años viéndola a ella hacer de todo con mucho menos de lo que tuvimos. Ni siquiera ofrecemos una alternativa, sólo ladrar”.

Por ahora, la única —y lúgubre— expectativa en el PJ es que los números del ajuste terminen de golpear el bolsillo real de la gente y la imagen del Gobierno vuelva a caer.


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