El gobernador riojano desplazó a Jorge Quintero del Ministerio de Hacienda. Fue un pase de facturas directo luego de que el ex mandatario y actual diputado nacional se ausentara en la votación de la reforma laboral, frustrando la estrategia provincial de asestarle un golpe político a Javier Milei. Asume Fabián Blanco, un hombre del riñón del gobernador.
La política riojana atraviesa horas de alta ebullición. En un movimiento que combina el pase de facturas interno con una reestructuración de poder de cara a su último tramo de gestión, el gobernador Ricardo Quintela decidió desplazar de su cargo al ministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Jorge Quintero, un hombre que respondía directamente al ex mandatario y actual diputado nacional, Sergio Casas.
La decisión, que sacude el tablero del peronismo provincial, no obedece a cuestiones estrictamente técnicas ni a desmanejos contables, sino a una herida política abierta en el Congreso de la Nación. Quintero se mantenía al frente de la sensible cartera económica como una herencia de la gestión de Casas, un acuerdo de gobernabilidad que terminó de estallar por los aires durante el tratamiento de la Ley Bases y la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei.
Para Quintela, erigido en los últimos meses como uno de los opositores más frontales a la Casa Rosada, la sesión en la Cámara de Diputados era clave. El objetivo del gobernador era abroquelar a los legisladores de Unión por la Patria para exponer una supuesta debilidad política y falta de consenso del presidente libertario. Sin embargo, la estrategia sufrió una fisura interna imperdonable: Sergio Casas pegó el faltazo en el recinto.
Mientras que las otras dos diputadas nacionales del peronismo riojano, Gabriela Pedrali e Hilda Aguirre de Soria, bajaron al recinto para rechazar la iniciativa, la silla vacía de Casas fue leída en la Gobernación como un desplante y una señal de debilidad que Quintela no estaba dispuesto a tolerar. Finalmente, la ley fue sancionada, pero el costo político del ex gobernador se cobró en la provincia.
La represalia fue inmediata y quirúrgica. Al remover a Quintero, Quintela no solo castiga la indisciplina de Casas, sino que concreta un anhelo político de larga data: tomar el control absoluto de la «caja» provincial.
El elegido para manejar los fondos de La Rioja en este escenario de asfixia financiera por los recortes nacionales es Fabián Blanco. Hasta ayer, Blanco se desempeñaba como secretario del área, pero su principal credencial es su lealtad inquebrantable: es un dirigente de «paladar negro» que acompaña a Quintela desde sus tiempos como intendente de la capital riojana. Con esta designación, el gobernador se asegura que cada peso que ingrese o salga de las arcas provinciales pase exclusivamente por el filtro de su mesa chica.
En la Residencia Oficial, el propio mandatario provincial se encargó de oficializar el recambio, marcando el tono de la crisis. «Fabián asume una enorme responsabilidad en un tiempo muy difícil. Estamos en una situación económica compleja en la Provincia y en el País», expresó el gobernador, ratificando la narrativa de confrontación con la administración de Javier Milei.
Sin embargo, el dato político más inquietante para el gabinete provincial llegó al final de su mensaje. Con la lapicera aún en la mano y el enojo por la fractura legislativa latente, Quintela lanzó una advertencia que dejó a más de un funcionario en vilo: “Seguramente habrá más cambios en poco tiempo”.
El mensaje es claro: en la guerra declarada contra las políticas del gobierno nacional, el gobernador riojano exige lealtad absoluta y no dudará en purgar su administración de cualquier dirigente que muestre tibieza o responda a terminales políticas que no se alineen con su estrategia de resistencia. La salida de Quintero parece ser apenas el primer capítulo de un reordenamiento forzoso en La Rioja.





