Crisis total en La Rioja: con la provincia en default y el peronismo en rebelión, ¿hasta dónde sostendrán los diputados a Ricardo Quintela?

El gobernador sufre una hemorragia de poder interna frente a su solitaria cruzada contra Javier Milei. Mientras el Estado roza la quiebra y amaga con liquidar sus activos, el bloque legislativo que conduce el chepeño Cristian Pérez se refugia en Teresita Madera. La feroz respuesta del «quintelismo» para bloquearla e imponer a Gabriela Pedrali rumbo a 2027.

El justicialismo riojano atraviesa un territorio inexplorado. Lo que durante años funcionó como una maquinaria de poder vertical y disciplinada, hoy exhibe grietas estructurales y un nivel de tensión inédito. Ricardo Quintela enfrenta la crisis política más profunda de su mandato, originada por una desconexión fatal: mientras ensaya aventuras de «Robin Hood» para erigirse como el gran antagonista nacional del presidente Javier Milei, en su propia tierra el tablero se le desarma.

La pregunta que domina los pasillos de la Legislatura, los cafés políticos y los despachos del peronismo tradicional es una sola, concreta y definitoria: ¿hasta dónde lo van a acompañar? El interrogante tiene nombre y apellido. El bloque de diputados justicialistas, comandado por el dirigente chepeño Cristian Pérez, se encuentra en un verdadero punto de ebullición. Son los legisladores quienes deben poner la cara en un territorio asfixiado: sin fondos frescos de la Nación, con una provincia sumida en default y un Ejecutivo que, en su desesperación de caja, está a un paso de colgarle el cartel de «en venta» a lo poco que le queda al Estado provincial. La épica anti-libertaria de la «Residencia» no paga los sueldos ni frena la crisis social, y los diputados lo saben.

Frente a este escenario de escasez y desgaste, el instinto de supervivencia política comenzó a operar. Los legisladores, liderados por Pérez, empezaron a abroquelarse bajo el paraguas de la vicegobernadora, Teresita Madera. La figura de la presidenta de la Cámara de Diputados se convirtió en el refugio de un peronismo que se niega a inmolarse acompañando a un gobernador que, sin recursos, les exige una lealtad suicida.

La interna al rojo vivo

Si la relación pendía de un hilo, la semana pasada se cortó. El detonante fue una jugada audaz en el ajedrez peronista: la decisión del propio Pérez de lanzar, casi como un desafío a la autoridad de la Casa de Gobierno, a Teresita Madera como candidata natural a la gobernación. En la política riojana, adelantar los tiempos de la sucesión es el pecado capital que ningún mandatario perdona.

La respuesta del riñón oficial no buscó calmar las aguas, sino marcar la cancha con la misma dureza. Los «quintelistas puros» organizaron de urgencia un cónclave cerrado y exclusivo. El mensaje fue claro: la sucesión es propiedad del gobernador. De allí salió el contragolpe para neutralizar a Madera e instalar el posicionamiento de la diputada nacional Gabriela Pedrali como la verdadera ungida para heredar el sillón del poder político.

Hoy, a Quintela todos le discuten el poder. El gobernador se encuentra atrapado en un laberinto de su propia creación. Sin la «caja» histórica que supo aceitar las lealtades del PJ riojano y enfrentado a una reestructuración económica implacable, el mandatario exige que la tropa lo siga a ciegas hacia un choque frontal contra la Casa Rosada.

Sin embargo, el bloque justicialista ya sacó la calculadora electoral. La duda ya no es si habrá fractura, sino cuándo será el punto de quiebre. En política, nadie acompaña hasta el cementerio, y el peronismo riojano se está preguntando, hoy más que nunca, hasta dónde llega el límite de la lealtad.