La capital riojana vive un fenómeno climático sin precedentes. En menos de 120 días llovió más de 800 milímetros, pulverizando la media anual histórica. Árboles arrancados de cuajo, familias evacuadas y el milagro de un conductor que salvó a sus pasajeros de morir electrocutados en medio del diluvio.
La escena parecía sacada de una película de tintes apocalípticos, pero ocurrió en las calles de La Rioja. La capital provincial se encuentra atravesando una crisis climática que ha puesto en jaque toda su infraestructura. Durante la noche del martes y la madrugada de este miércoles, una tormenta severa, acompañada de vientos arremolinados y una incesante caída de agua, desató el caos en la ciudad, dejando escenas de extrema tensión y a varias familias evacuadas.
El punto más dramático de la jornada se vivió en la calle Cabo Primero Rodríguez. Allí, la furia del viento y el agua derribó un árbol de gran porte que, en su caída, arrastró consigo una línea entera de cableado urbano. El efecto dominó fue letal: seis postes de luz de cemento fueron arrancados de cuajo, y uno de ellos se desplomó directamente sobre un vehículo de servicio público que transitaba por el lugar con cuatro pasajeros a bordo. Lo que pudo haber sido una tragedia de proporciones fatales terminó en un milagro, gracias a una mezcla de azar y extrema pericia. El pesado poste de cemento impactó de lleno contra el parante que divide las dos puertas del lado derecho del vehículo, evitando que el techo colapsara sobre los ocupantes. Sin embargo, el peligro mayor era invisible: los cables de alta tensión habían electrificado toda la estructura del auto.
Fue en ese instante crítico donde la figura del chofer se agigantó. «La persona que conducía este servicio público no dejó que descendiera nadie del vehículo», reveló Guillermo Barrera, titular de Protección Ciudadana del municipio, en diálogo con Medios Rioja. «Hizo exactamente todo lo que se debe hacer. Si alguien se bajaba del vehículo ahí, íbamos a tener consecuencias fatales. Fue un milagro, producto de la mano de Dios y de la pericia de este conductor», enfatizó el funcionario.
Un clima fuera de control: el colapso de una ciudad
El evento de la calle Rodríguez es apenas la punta del iceberg de un problema mucho mayor que ha encendido las alarmas a nivel nacional. La Rioja, una provincia históricamente caracterizada por su aridez, está siendo bombardeada por un nivel de precipitaciones que no registra antecedentes cercanos.
«Desde noviembre del 2025 hasta la fecha van lloviendo más de 800 milímetros», detalló Barrera, dejando al descubierto una estadística alarmante. Para dimensionar el desastre, la media anual de lluvias en la capital riojana es de tan solo 350 milímetros. Es decir, en apenas tres meses llovió más del doble de lo que llueve en todo un año. «Ninguna ciudad está preparada para soportar esta cantidad de agua en tan poco tiempo», explicaron desde el Comité de Emergencia. La tormenta de las últimas horas se ensañó particularmente con la zona oeste de la capital. Barrios como el 4 de Junio, San Vicente, Juan Domingo Perón, Alta Rioja y San Román sufrieron los peores embates del viento arremolinado. Además, se registró una intensa caída de rayos que impactaron contra árboles en los barrios San Andrés, Las Palmeras y el Cardonal, provocando cortes de suministro eléctrico que aún mantienen a cuadrillas de Protección Civil, Policía y Bomberos trabajando a destajo.
Hasta el momento, el Ministerio de Desarrollo Social, en conjunto con el municipio, ha tenido que evacuar a dos familias que sufrieron el anegamiento total de sus viviendas.
Alerta continua y un panorama nacional complejo
El Comité de Emergencia de La Rioja se mantiene en sesión permanente, ya que los pronósticos no son alentadores. Según los reportes del Servicio Meteorológico, este comportamiento anómalo del clima, con tormentas cortas pero de una violencia inusitada, continuará por lo menos hasta el mes de mayo, a las puertas del invierno.
El fenómeno riojano resuena en un contexto nacional donde el clima está castigando con dureza a distintas regiones del país. Imágenes de inundaciones severas en la provincia de Santiago del Estero y el inusual caudal de la histórica Cañada en Córdoba, reafirman la advertencia de los especialistas: la infraestructura urbana de las ciudades argentinas está enfrentando una prueba de estrés para la cual, evidentemente, no fueron diseñadas.
Mientras las autoridades riojanas patrullan las calles y evalúan los daños de un miércoles gris, la historia del chofer que mantuvo la calma bajo un poste electrificado quedará como el testimonio vivo de una noche en la que la naturaleza demostró, una vez más, todo su poder destructivo.