Desde La Rioja, especialistas advierten sobre el fuerte impacto del cierre de comercios y la nueva realidad de los asalariados, que deben sumar trabajos extra para alcanzar una canasta básica cada vez más lejana. El costo psicológico de la crisis, el debate por las reformas y las claves para sobrevivir en el mercado actual.
La República Argentina atraviesa una profunda reconfiguración de su mercado laboral, marcada por la recesión económica, la pérdida del poder adquisitivo y una ola de despidos que golpea tanto a las grandes urbes como al interior del país. Desde La Rioja, el panorama enciende las alarmas: la caída del consumo y el cierre de comercios están empujando a los trabajadores a situaciones de extrema vulnerabilidad y estrés crónico.
En una reciente entrevista para Multimedio UNLaR, la Licenciada en Psicología Organizacional Milagro Azcurra, fundadora de AZ Consultora, trazó una radiografía exhaustiva de esta crisis, evidenciando que el problema ya no es solo buscar trabajo, sino la odisea de mantenerlo y lograr que el sueldo alcance.
El fin de la estabilidad y el auge del pluriempleo
Históricamente, contar con un empleo formal y un sueldo fijo era sinónimo de bienestar y tranquilidad. Hoy, ese paradigma se ha quebrado. Con una canasta básica que ronda los 900.000 pesos para una familia tipo, el salario tradicional ha dejado de ser suficiente.
La consultora advierte que, mientras la desocupación en la capital riojana se sitúa cerca del 5%, el dato más preocupante es que más del 10% de los trabajadores ocupados se ve obligado a buscar fuentes de ingresos extra fuera de su horario laboral.
- Jornadas interminables: Muchos empleados cumplen su horario comercial de 8 a 13 y de 17 a 22 horas, y en sus ratos libres deben salir a trabajar como repartidores de aplicaciones o vendedores minoristas.
- El impacto en la salud mental: Esta sobreexigencia genera lo que los especialistas denominan «burnout» o estrés crónico. La falta de tiempo para el esparcimiento, la crianza de los hijos o el simple descanso deriva en una menor productividad y una profunda degradación de la calidad de vida.
Golpe al sector privado y el debate de la flexibilización
El sector comercial y el de la construcción son los más castigados. En el noroeste argentino, se ha registrado una alarmante pérdida del consumo del 28%, acompañada de una disminución interanual del 12% en la cantidad de comercios activos. Los altos costos fijos asfixian a los empresarios locales, forzando cierres y despidos.
En este contexto, las recientes reformas laborales y las nuevas modalidades de contratación generan controversia. Las empresas buscan flexibilidad y períodos de prueba más extensos (ahora de hasta seis meses) para evitar litigios. Sin embargo, desde el ámbito de los recursos humanos se advierte sobre el riesgo de que esto se convierta en un mecanismo de precarización laboral encubierta, elevando los niveles de rotación de personal y vulnerando los derechos adquiridos de los trabajadores.
Frente a esto, Ascurra plantea la necesidad de apostar por el «salario emocional»: beneficios no económicos, como la flexibilidad horaria y el trabajo por objetivos, que resultan vitales para sostener la motivación, especialmente en familias monoparentales donde la carga de cuidado recae desproporcionadamente sobre las mujeres.
Claves para sobrevivir y reinventarse en la crisis
Ante un escenario que la propia especialista define sin rodeos como una «crisis» y no una simple transición, la adaptabilidad es la única salida. Para quienes buscan insertarse o mantenerse competitivos en este hostil mercado laboral, las recomendaciones son claras:
- Desarrollo de habilidades blandas (Soft Skills): Ya no basta con el título técnico o universitario. La capacidad de planificación, el trabajo en equipo y la adaptabilidad son hoy los diferenciales más buscados por los selectores.
- Amigarse con la Inteligencia Artificial: Lejos de ser una amenaza lejana, la IA es una herramienta cotidiana. Resistirse a aprender nuevas tecnologías equivale a quedar fuera del sistema, tal como ocurrió en el pasado con quienes no se adaptaron a la informática o a Internet.
- La muerte del CV impreso y la marca personal: En la era digital, repartir currículums en papel es un gasto innecesario. La búsqueda de empleo hoy pasa por plataformas como LinkedIn y la construcción de una «marca personal» sólida, que permita a los candidatos ser encontrados por los reclutadores en lugar de salir a golpear puertas.
La crisis económica exige resiliencia tanto de empleadores como de empleados. Mientras el sector privado riojano lucha por mantenerse a flote, la prioridad de los trabajadores se centra en reinventarse para no sucumbir ante un mercado que no da tregua.





