Enclavada en los llanos riojanos sobre la mítica Ruta Nacional 79, esta localidad alberga una de las iglesias más antiguas de la provincia. Cada 22 de mayo, su santa patrona atrae a cientos de miles de fieles de todo el país, transformando el paisaje en una muestra conmovedora de devoción popular, historia y turismo religioso.
En el corazón de los llanos de La Rioja, donde la historia y la aridez del paisaje se entrelazan, emerge un fenómeno espiritual que trasciende las fronteras provinciales y adquiere un fuerte impacto nacional. Santa Rita de Catuna, una modesta localidad abrazada por la Ruta 79, se ha consolidado como uno de los principales centros de peregrinación católica de la República Argentina.
Lo que a simple vista parece un apacible poblado del interior profundo, esconde un poder de convocatoria abrumador. Año tras año, cientos de miles de personas llegan hasta aquí para rendir homenaje a su patrona, Santa Rita de Casia, a quien los lugareños y devotos de todo el país adoptaron cariñosamente como «Santa Rita de Catuna».
Un origen marcado por la leyenda y la tradición
Para entender la magnitud de este acontecimiento, es necesario viajar en el tiempo. La historia de esta devoción comenzó antes del año 1700, cuando un grupo de sacerdotes franciscanos recorría los llanos riojanos con la misión de evangelizar la región. En su peregrinaje, portaban una imagen de Santa Rita. Por circunstancias que la historia fue moldeando a través del relato oral, los religiosos debieron partir y dejaron la figura al cuidado de una familia local.
Esa imagen, celosamente custodiada y pasada de generación en generación, es la misma que hoy descansa en el altar mayor de la localidad. El fervor popular creció a tal punto que, hacia el año 1789, se erigió un templo para venerarla de forma oficial, convirtiendo a esta iglesia en una de las más antiguas y emblemáticas de toda la provincia de La Rioja.
El propio nombre del lugar es una fusión fascinante de culturas. Mientras «Santa Rita» aporta la innegable identidad católica, «Catuna» proviene de los pueblos originarios que habitaban la zona. Según las interpretaciones de su dialecto, el término significa «agua salada» (por la proximidad de las napas subterráneas a las salinas) o «piedra partida».
El estallido de devoción en mayo
Cada 22 de mayo, el pueblo experimenta una transformación radical. Catuna multiplica exponencialmente su población y sus calles se convierten en un mar de gente. Las imágenes de las celebraciones patronales muestran cuadras y cuadras repletas de fieles que marchan en procesión.
Los peregrinos demuestran su sacrificio de múltiples formas: llegan a pie, en bicicleta, a caballo y hasta en las históricas «chatas», antiguos carruajes tirados por equinos que le otorgan un fuerte tinte folclórico e inigualable a la travesía.
La imagen original que encabeza a estas multitudes es una verdadera joya del arte sacro: tallada en madera, sostiene las características rosas en su mano derecha y un crucifijo en la izquierda. Su vestimenta capta la atención de todos por sus detallados bordados en hilos de oro, confeccionados y ofrendados por los propios devotos en estricto agradecimiento a los favores y «causas imposibles» concedidas por la patrona.
Impacto en el turismo y la economía regional
El fenómeno de Santa Rita de Catuna no solo es un baluarte de la fe, sino que empuja fuertemente la economía y el turismo regional. La infraestructura del pueblo, que cuenta con paradores en sus accesos (como el emblemático Parador Homero) y opciones de alojamiento frente a la plaza principal, se ve completamente desbordada, dinamizando el comercio local.
En una Argentina marcada por la inmensidad de sus rutas, Santa Rita de Catuna demuestra que la devoción no sabe de distancias, consolidando a La Rioja como una parada obligada en el mapa de la fe nacional.





