La Rioja como laboratorio: Quintela propone un Estado contenedor contra el modelo Milei

Ricardo Quintela posiciona a La Rioja como territorio de experimentación de una alternativa de gestión pública fundada en la contención social. Con el congelamiento de tarifas y la reducción de cuotas de vivienda, el gobernador peronista construye un argumento político nacional: que es posible mantener equilibrio fiscal sin abandonar a los ciudadanos, refutando el precepto libertario de que las provincias deben autosustentarse a costa de sus poblaciones más vulnerables.

Ricardo Quintela presentó a La Rioja durante sus últimas intervenciones públicas no como provincia víctima de circunstancias, sino como espacio donde se materializan «condiciones y oportunidades» de un modelo de Estado radicalmente distinto al que propone Javier Milei. En medio de una caída de recaudación del 9% —casi el doble de la media nacional— y una mora energética del 23%, el gobernador anunció el congelamiento integral de servicios esenciales y un descuento del 20% en cuotas de viviendas, reposicionando estas medidas como demostración de viabilidad política, no como acto de desesperación.

«Queremos demostrar que a pesar de la crisis que tiene nuestra provincia, mucho más profunda que el resto de las provincias argentinas, se puede gobernar con la sociedad contenida,» afirmó Quintela. La frase resume su estrategia: contrastar un modelo de Estado que prioriza «los ciudadanos adentro» frente a un gobierno nacional que prioriza vaciamiento institucional.

El Estado contenedor como respuesta a Milei

La propuesta de Quintela no es táctica sino estratégica. Cuando el ministro de Economía Luis Caputo proclama «18 meses espectaculares,» el gobernador riojano recurre a La Rioja como contra-prueba empírica. En una provincia que sufre el peor colapso fiscal relativo del país, precisamente porque fue «quitada de la coparticipación» por no adherir a los términos Milei (RIGI, reforma tributaria, reforma electoral), Quintela sostiene que la alternativa está en cómo se distribuye la escasez.

La provincia ha establecido un sistema de prioridades explícito: primero, salarios estatales; segundo, salud; tercero, seguridad; cuarto, educación; y solo después, municipios y poderes. Pero dentro de esa lógica de ajuste, la decisión de congelar tarifas y subsidiar viviendas no es una excepción sino la regla: «Concebimos un estado que garantice el equilibrio fiscal, que garantice el déficit cero, pero básicamente con los ciudadanos adentro.»

El contraste es brutal. Mientras Milei afirma que «las provincias deben usar toda la creatividad posible para autofinanciarse,» Quintela responde: nosotros lo hacemos, pero no abandonando a la «gente más indefensa que tiene una sociedad.» La mora de energía no es flojedad sino reflejo de que «la gente no puede pagar» incrementos que alcanzaron el 10-24% bajo el gobierno nacional.

Crisis estructura y potencial nacional

Quintela utiliza La Rioja como microcosmos para un argumento más vasto: Argentina posee una potencialidad económica descomunal que Milei «no conoce.» La cordillera de los Andes «plagada de riqueza,» la Patagonia con hidrocarburos, la industria itícola «envidiada por el resto del planeta,» el sector agropecuario de clase mundial. «Tenemos los cuatro climas, tenemos selva, tenemos todo una industria, toda una economía regional que si la potenciamos, tendríamos que no tener los inconvenientes que tenemos ahora.»

La Rioja encarna este desperdicio de potencial. Con licencia social minera recién lograda, con cordilleras ricas en litio y cobre, la provincia debería ser motor de desarrollo. En su lugar, experimenta desindustrialización, endeudamiento internacional (el bono verde Arauco en default desde febrero 2024 por USD 300 millones), y una estructura fiscal que depende de transferencias federales que le son negadas.

Pero aquí Quintela cambia de registro: la solución no es esperar que Milei cambie de criterio, sino demostrar que desde una provincia peronista se puede construir un modelo diferente. «El sector privado no te hace una escuela,» remarca. El Estado tiene que estar presente precisamente en territorios donde el mercado se retira. Las leyes de promoción industrial —como la que rigió en Tierra del Fuego antes de ser eliminada, generando 10.000 desempleados— son instrumentos peronistas que La Rioja debería replicar a nivel nacional.

Quintela como figura nacional del laboratorio peronista

Este posicionamiento de La Rioja tiene un reverso: coloca a Quintela como figura nacional. Sus aspiraciones presidenciales («la aspiración de todo dirigente político es poder conducir los destinos del país») no son ambición personal sino proyección de un modelo territorial. Cuando plantea «la unidad del peronismo,» lo hace desde el argumento de que el peronismo dispone de cuadros probados —Kicillof, Uñac, Cilotto, Zamora, él mismo— que «ya demostraron que pueden administrar, que saben administrar la cosa pública.»

La Rioja es su acreditación: a pesar de todo, se puede gobernar hacia adentro, priorizando población. La provincia no crece, pero tampoco se colapsa. Los salarios estatales se pagan. La gente no queda sin agua, ni luz, ni educación. Las cuotas de vivienda bajan cuando crecen los costos. Este es el «Estado contenedor» que Milei rechaza y que Quintela ofrece como alternativa nacional.

La disputa sobre la realidad

Quintela rechazó frontalmente los datos oficiales sobre pobreza, recaudación y empleo que Caputo presenta. «No es falso, es absolutamente falso,» respondió a las proclamas de recuperación económica. La mora energética del 23% versus el 2% histórico; la caída sistemática de ingresos tributarios; el cierre de comercios y colapso automotriz registrado en los datos nacionales: todo esto forma el sustrato sobre el cual Quintela construye su argumento sobre La Rioja como laboratorio alternativo.

En este sentido, la provincia no es solo laboratorio de una técnica de gestión sino de una verdad política distinta: que existe un país que Milei no ve, que existe una potencialidad que se desperdicia, que existe una población que sufre más allá de los indicadores oficiales. La Rioja documenta todo esto.

Aspiraciones presidenciales en clave federal

Cuando se le preguntó si aspira a ser presidente, Quintela fue directo: «¿Por qué no?» Pero subordinó esa ambición a una premisa: primero contribuir a «la unidad del Movimiento Nacional Justicialista» bajo un programa que empatice con la sociedad. Su énfasis en incorporar al «centro-derecha no radicalizado» (menciona a Monzó y Pichetto) sugiere una estrategia de amplitud que, paradójicamente, se articula desde la defensa de un Estado fuerte, presente, redistributivo.

La Rioja es su argumento: desde la periferia provincial, desde una provincia que sufre la mayor vulnerabilidad fiscal del país, se puede construir una propuesta de poder que sea alternativa a Milei. No porque niegue la crisis, sino porque la gestiona de otra manera. No porque prometa abundancia, sino porque la escasez se reparte priorizando a quienes menos tienen.

Es, en última instancia, un acto de refundación política: La Rioja como territorio donde el peronismo experimenta, sin Cristina, sin el confort de mayorías legislativas, qué significa gobernar «con los ciudadanos adentro.»