El gremio SOEVA confirmó el cierre de dos establecimientos vitivinícolas de capitales mendocinos que dejaron más de veinte trabajadores sin empleo. El sector atribuye la crisis a la caída del consumo, el aumento de costos y la competencia de los vinos importados.
La crisis que atraviesa la industria vitivinícola sumó un nuevo capítulo en La Rioja. Dos fincas ubicadas en el departamento Chilecito cerraron sus puertas durante las últimas semanas, dejando al menos 22 trabajadores sin empleo y reavivando la preocupación por el futuro de una de las economías regionales más importantes de la provincia.
El secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (SOEVA), César Taquia, confirmó que los establecimientos que cesaron sus actividades son Viña Famatina, ubicada en Anguinán, y Alameda Riojana, localizada en Tilimuqui. Ambos emprendimientos pertenecen a empresarios de la provincia de Mendoza.
Según explicó el dirigente sindical, Viña Famatina empleaba a 12 trabajadores, mientras que Alameda Riojana ocupaba a otros 10. Sin embargo, advirtió que el impacto social es mayor porque buena parte del personal tiene una edad que dificulta su reinserción laboral en un mercado donde la actividad también atraviesa un fuerte retroceso.
«La vitivinicultura no está pasando por un buen momento y ya no existe la posibilidad de que un trabajador que pierde su empleo pueda incorporarse rápidamente a otra finca», sostuvo Taquia al describir el escenario que enfrenta el sector.
El cierre de ambas explotaciones se produce en un contexto de caída sostenida del consumo de vino en Argentina, un fenómeno que se registra desde hace varios años y que se profundizó con el deterioro del poder adquisitivo de los hogares.
Desde el sindicato sostienen que la crisis también responde a factores vinculados con la política económica nacional. Taquia aseguró que la apertura de las importaciones permitió el ingreso de vinos chilenos a precios más competitivos, lo que, según su visión, afectó la comercialización de la producción local. Además, afirmó que las empresas enfrentan una estructura de costos que les impide reducir aún más sus precios para competir en las góndolas.
No obstante, la explicación genera debate dentro del propio sector. Especialistas y empresarios vienen señalando que la principal dificultad de la vitivinicultura argentina responde a un cambio estructural en los hábitos de consumo. En la última década disminuyó el consumo per cápita de vino, mientras crecieron otras bebidas y el ajuste del ingreso familiar llevó a muchos consumidores a priorizar productos de primera necesidad.
El propio dirigente sindical reconoció que la caída del consumo alcanza a prácticamente todas las bebidas alcohólicas y admitió que, frente a la pérdida del poder adquisitivo, muchas familias reemplazan la compra de vino por alimentos básicos.
La situación adquiere una dimensión especial en La Rioja. Según SOEVA, alrededor de 3.500 familias dependen directa o indirectamente de la actividad vitivinícola en la provincia, especialmente en Chilecito y Famatina, donde la producción de uva constituye uno de los principales motores de la economía regional.
Los cierres vuelven a colocar en el centro de la discusión el futuro de las economías regionales bajo el modelo económico de Javier Milei. Mientras el Gobierno nacional sostiene que la apertura comercial y la competencia mejorarán la eficiencia del sistema productivo, en las provincias vitivinícolas crecen las advertencias por la pérdida de rentabilidad, la caída del consumo interno y el riesgo de nuevos cierres de establecimientos si la actividad no logra recuperar competitividad.