Presión por la caída de ventas en La Rioja: los comercios apuestan al aguinaldo y a los «Chachos» para evitar cierres

El director del Centro Comercial e Industrial, Juan Keulián, advirtió un desplome de la actividad de hasta el 50%. En el sector privado esperan que la inyección de la cuasimoneda provincial reactive el consumo antes del censo de locales en agosto.

La recesión económica y el impacto de las políticas fiscales del gobierno nacional continúan horadando el tejido comercial del interior del país. En La Rioja, la combinación de una inflación que no cede frente a salarios deprimidos y la caída del consumo doméstico configuraron un escenario crítico para el sector minorista, que ya registra mudanzas de inversión hacia otras provincias y caídas en las ventas de hasta un 50% en los rubros más afectados.

El director del Centro Comercial e Industrial de La Rioja, Juan Keulián, trazó un duro panorama sobre la coyuntura local y reconoció que la sostenibilidad de los locales comerciales está al límite. En este contexto de asfixia, las expectativas del sector privado están atadas de manera directa a la política de ingresos del gobernador Ricardo Quintela: el pago del medio aguinaldo y, fundamentalmente, la salida a la calle de los Bonos de Cancelación de Deuda (BOCADE), popularmente conocidos como «Chachos».

El factor «Chacho» y el aguinaldo como respirador artificial

Para la dirigencia comercial riojana, los meses de julio y agosto serán determinantes para frenar la persiana baja en el microcentro de la capital y en departamentos clave como Chilecito. Ante la falta de financiamiento y el parate de la obra pública, la inyección de liquidez en el circuito formal representa la última carta antes de que se consolide un proceso de desinversión.

«Entre el medio aguinaldo y los meses siguientes, donde va a haber un aumento en el salario y una parte en los bonos, creemos que va a funcionar y alentar un poco las ventas», analizó Keulián, marcando que el impacto de la cuasimoneda provincial podría estabilizar las finanzas de los comercios más postergados.

La expectativa del sector: Desde el Centro Comercial aclaran que las medidas de alivio no resolverán la crisis estructural de fondo, pero prevén que permitirán a los comerciantes «seguir tirando hasta fin de año» para evaluar un cambio de tendencia macroeconómica.

El termómetro real de este impacto se medirá en agosto, mes en el que la entidad tiene previsto realizar su censo trimestral de locales activos en la zona centro para cuantificar de manera rigurosa cuántas persianas debieron cerrar de forma definitiva durante el invierno.

Debate por el horario corrido y el «costumbrismo» riojano

La parálisis de la actividad también reavivó discusiones operativas puertas adentro del sector. La reciente sugerencia del Sindicato de Empleados de Comercio para implementar un horario corrido excepcional ante compromisos deportivos nacionales —como el partido de la Selección Argentina— abrió el debate sobre la factibilidad de cambiar las franjas de atención para reducir costos de servicios y transporte en épocas de bajas temperaturas.

  • La conveniencia económica: Desde el punto de vista estrictamente financiero (pago de energía eléctrica, calefacción y logística), el Centro Comercial ratifica que el horario corrido —por lo menos hasta las 18:00 horas— reportaría beneficios directos para los rubros de indumentaria y calzado.
  • La barrera cultural: Pese a la ventaja en los números, Keulián advirtió la persistencia de los usos y costumbres locales: «La gente en La Rioja no sale a comprar a la siesta. En Buenos Aires o Córdoba las distancias obligan al horario corrido; acá nos damos el lujo de cerrar al mediodía porque vivimos cerca».
  • El escenario estival: Si bien el esquema invernal es visto con buenos ojos por la dirigencia, consideran inviable replicarlo en el verano norteño, donde las altas temperaturas vacían las calles en las horas centrales del día.

Con el consumo en niveles mínimos e indicadores técnicos similares a los de distritos industriales golpeados como la ciudad de Santa Fe, el comercio riojano ensaya una tregua táctica apuntalada por el andamiaje financiero de la provincia, a la espera de que los «Chachos» logren dinamizar un mercado interno fuertemente deprimido.