La Rioja: el avance de Ricardo Herrera debilita a Juan Luna Corzo y acelera los cambios en el ajedrez judicial

Tras perder el manejo operativo de la Secretaría General a manos del alfil de Gabriela Pedrali, el jefe de Gabinete ve recortado su poder y orienta su estrategia hacia el Tribunal Superior; el peso del pasado de los «Beder Boys».

LA RIOJA.— El reordenamiento de las estructuras de poder interno en la provincia de La Rioja ha comenzado a desbastar segundas líneas que parecían inamovibles. El desembarco de Ricardo Herrera al frente de la Secretaría General de la Gobernación significó un golpe quirúrgico al corazón de la botonera institucional que manejaba el jefe de Gabinete, Juan Luna Corzo, quien quedó despojado de una de las cajas de mayor peso operativo y político de la administración provincial.

La decisión de promover a Herrera no fue un movimiento aislado, sino un eslabón clave en la ingeniería sucesoria diseñada por el gobernador Ricardo Quintela y apuntalada por la diputada nacional Gabriela Pedrali. Hasta este recambio, Luna Corzo concentraba bajo su órbita tanto la Jefatura de Gabinete como la estratégica Secretaría General, centralizando el flujo de la gestión. Con el nuevo esquema, el funcionario ha quedado visiblemente desdibujado en el organigrama diario de la residencia oficial.

El repliegue de una escudería política

Luna Corzo representa una creación política de otra época del justicialismo riojano. Formó parte del selecto grupo de jóvenes profesionales que el exgobernador Luis Beder Herrera ungió durante su mandato para renovar los cuadros técnicos de la provincia, una escudería informalmente bautizada en el peronismo local como los «Beder Boys».

De aquella camada original, solo el actual ministro de Trabajo, Empleo e Industria, Federico Bazán —hoy reconvertido en el hombre fuerte para el desarrollo y control de la minería bajo el amparo de Quintela—, ha logrado conservar un volumen de influencia económica e institucional ascendente.

El desgaste de Luna Corzo sumó en las últimas horas un componente político que en los pasillos de la Casa de Gobierno riojana no leen como un dato menor: las duras críticas públicas vertidas por el exdiputado provincial e histórico dirigente quintelista, Raúl «Picudo» Carrizo. La embestida de Carrizo expone que el debilitamiento del jefe de Gabinete no solo responde a un diseño de la cúspide familiar, sino que cuenta con el aval de sectores históricos del oficialismo.

El horizonte judicial como salida de la política activa

Ante la pérdida de la caja estatal y un evidente aislamiento político, los movimientos del jefe de Gabinete comienzan a orientarse hacia una estrategia de salida que preserve su capital institucional de cara a su futura jubilación.

En los tribunales riojanos ya es un secreto a voces que Luna Corzo aspira a emular la trayectoria de su propio padre y coronar su carrera pública como juez del Tribunal Superior de Justicia. El plan de retiro judicial se presenta como el único refugio de poder ante un quintelismo que avanza de manera implacable sobre todos los casilleros de la administración provincial, acelerando los tiempos de descuento para aquellos dirigentes que no pertenecen al núcleo de estricta confianza de la fórmula de la transición.


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