La Ñusta fue una gaseosa elaborada en Chamical que dejó una huella en la memoria de La Rioja. El emprendimiento de Elías Adi comenzó a producirla en 1957 y, según la reseña histórica de Gonzalo González publicada en La Rioja Antigua, mantuvo esa actividad hasta 1967.
Un emprendimiento familiar nacido en 1957
La fábrica fue fundada en 1957 por Elías Adi, quien decidió lanzar su propia línea de gaseosas en un mercado todavía poco explorado en el interior del país. El nombre elegido, Ñusta —que en quechua refiere a una princesa o mujer de la nobleza incaica—, buscaba distinguir al producto con una identidad propia, alejada de las marcas que ya empezaban a llegar desde Buenos Aires.
Con el correr de los años, la empresa familiar se convirtió en una referencia de Chamical y de buena parte de la provincia. Ricardo Adi, hijo del fundador, continuó al frente del negocio y es quien hoy conserva la memoria de aquellos años de expansión y de las estrategias que le permitieron a la marca sobrevivir en un terreno cada vez más disputado.
La pelea comercial contra Coca-Cola
La reseña recoge la versión de los propietarios sobre la competencia con Coca-Cola y las dificultades para recuperar los envases retornables. Se trata de un relato histórico atribuido a la familia, que debe distinguirse de una comprobación independiente de las prácticas comerciales denunciadas.
Los envases eran una pieza central del negocio: su recuperación permitía volver a embotellar y abastecer la demanda. La pérdida de botellas aparece en ese relato como uno de los problemas que afectaron la continuidad de la producción.
El declive y la reconversión hacia la aceituna
La reseña sitúa el cierre de la producción de gaseosas en 1967. Posteriormente, Elías Adi orientó su actividad hacia el cultivo de olivos y la elaboración de pasta de aceitunas. Esa reconversión abrió otra etapa en la trayectoria productiva familiar.
Frente a ese escenario, la familia Adi reorientó su actividad productiva hacia otro rubro con fuerte tradición en la región: la elaboración de pasta de aceituna, aprovechando la experiencia industrial acumulada y la disponibilidad de materia prima olivícola en Chamical y sus alrededores. El giro les permitió mantener viva la empresa familiar, aunque ya lejos de aquel protagonismo que supo tener la gaseosa que llevaba el nombre de una princesa incaica.
Hoy, la Ñusta sobrevive sobre todo en la memoria de quienes crecieron tomándola en Chamical y en otros pueblos de La Rioja, como uno de esos símbolos de una industria local que, durante un tiempo, no le tuvo miedo a competir con los más grandes.
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