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Del caso emblemático que conmovió a la sociedad al fallo que escandalizó al país

DATA_ART_776855Si el caso Marita Verón se caracterizó por hacer visible la tragedia de la trata en la Argentina, el fallo que el último martes absolvió a los 13 acusados del secuestro y el sometimiento a la prostitución de Verón también marcó un antes y un después al desatar una andanada de críticas y movilizaciones de protesta en distintas ciudades que puso en el ojo de la tormenta, como pocas veces, a la Justicia.

Marita Verón desapareció el 3 de abril de 2002. Su historia, tanto como la lucha de su madre, Susana Trimarco para esclarecer el caso, se convirtieron en símbolo del problema de la trata en la Argentina. Y la causa a través de la cual se investigó el caso fue definida por representantes de la sociedad civil dedicadas a la lucha contra este flagelo como un “manual de la forma en que operan las redes de tratantes en el país”. Entre los datos revelados en el juicio se cuenta uno escalofriante: los tratantes pagan por esclava sexual entre 80.000 y 150.000 pesos, según la edad y el lugar de destino.

Marita había salido de su casa con la intención de hacerse un chequeo. Pero, según los testimonios, fue interceptada por un auto rojo. Le dieron un culatazo y la raptaron. No desapareció definitivamente. Al tercer día la vieron. Se tambaleaba, “como drogada”, llevaba tacos altos, en lugar de las zapatillas que calzaba al desaparecer y, según testimonios recogidos más tarde, trataba de escapar de una fiesta sexual, su primer destino de explotación. La interceptó un patrullero y a partir de ahí no se la volvió a ver. Los policías que la encontraron dijeron que la subieron a un ómnibus que la llevó a Tucumán. Otras versiones dicen que pasó a manos de un proxeneta que la vendió por 2.500 pesos a una whiskería de La Rioja.

El rastro de la investigación llevó hasta tres cabarets riojanos, “Candy”, “El Candilejas” y “El Desafío”. Escenario de historias de mujeres compradas a traficantes después de ser secuestradas en las calles, trasladadas a través del país y obligadas a trabajar hasta cubrir el precio que se había pagado por ellas.

El testimonio de una de las chicas que trabajaba en “Candy” y que había llegado allí luego de ser secuestrada a los 15 años en Misiones cuando iba a comprar el pan indica que a Marita la vio trabajando en ese mismo local. Le habían teñido el pelo y le habian puesto lentes de contacto celestes. Al poco tiempo la dejó de ver y más tarde escuchó a la supuesta regente de la whiskería comentar “estos boludos la están buscando y está en España”.

El paradero de Marita sigue siendo hoy un misterio. Su historia va unida a la de su madre, Susana Trimarco, quien durante la última semana, indignada por el fallo de la justicia tucumana recordó que en los últimos diez años “caminé por la ruta, me metí en los prostíbulos, me disfracé de prostituta” tratando de conocer el paradero de su hija,

Allí comprobó, dijo, que los 13 imputados “son una banda organizada, todos tienen que ver con lo que le pasó a Marita y a otras tantas chicas. Las obligaban a robar las tarjetas de crédito de los señores poderosos que iban a los prostíbulos para usarlas y comprar electrodomésticos”.

Trimarco contó que está desilusionada con la Justicia :“Andrea, una de las chicas rescatadas, no quería declarar cuando el juez Moreno estaba de turno en La Rioja, porque él había pagado para estar con ella”, dijo y agregó: “No sé si Marita está viva, pero siento una comunicación muy fuerte con ella y jamás la voy a abandonar”.

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