Historia del cura que el papa se apresta a beatificar. Lo recuerdan dos colaboradores de la labor pastoral. Oscar Virginillo y Carlos Di Camillo trabajaron con Murias en la villa de José León Suárez.
Dos compañeros en la labor pastoral de Carlos de Dios Murias, el cura asesinado por la dictadura que el papa Francisco se apresta a beatificar, coincidieron en señalar que su figura «es un hito en la historia de la Iglesia» porque «no murió rezando sino en el compromiso social con los desposeídos».
Neuquinos por adopción, Oscar Virginillo y Carlos Di Camillo, que trabajaron con Murias en la villa de José León Suárez, en el gran Buenos Aires, recordaron la militancia social del cura cordobés, aportaron fotos de la dura época que les tocó compartir y hasta una carta de Murias dirigida a otro compañero que luego fue secuestrado y desaparecido en la ESMA.
«Militamos juntos en la villa entre el ’74 y el ’75, luego, a comienzos del ’76, le hicimos una despedida porque Murias se iba a La Rioja, a trabajar con el obispo (Enrique) Angelelli, por quien profesaba un gran respeto por su compromiso social», apuntaron.
Explicaron que la despedida fue en diciembre y luego de unos días de descanso en Córdoba, en febrero Murias se instaló en El Chamical donde poco después, el 18 de julio, fue asesinado junto a otro sacerdote de la parroquia, Gabriel Longueville, de origen francés.
Virginillo traza un panorama de lo que era la militancia social cristiana en los ’70. «La tendencia era la que había impuesto el Concilio Vaticano II y la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín en 1968: el compromiso con los sectores populares para que estos se organicen y sean ellos mismos protagonistas del cambio», apuntó.
Explicó que el contacto con la villa era «netamente religioso. Se llevaba de casa en casa la imagen de la Virgen de Itatí, muy cara a los pobladores correntinos o paraguayos, y luego íbamos a rezar», refiere Virginillo.
La participación de Murias consistía en hacer una lectura de la Biblia y una reflexión que vinculaba el texto sagrado con la vida cotidiana de la gente del lugar, «lo que generaba un fuerte vínculo», se explaya.
Entre otros logros de la labor en la villa, Di Camillo recuerda el inicio de la construcción de la guardería infantil y la construcción de «los famosos baldosones, que servían para que los vecinos no se hundieran en el barro cuando iban a trabajar».
«El marco –añade Virginillo– era el del respeto por la cultura del otro. Una cosa es decir que ayudamos a los pobres y otra muy distinta correr la suerte del pobre, construir el camino junto a él.
«Carlos tocaba además la guitarra y trabajaba en la recuperación de la religiosidad contenida en el folclore nacional», dice y pone como ejemplo: «‘Zamba para no morir’ simboliza de alguna manera la esperanza de un pueblo».
La noticia sobre la próxima beatificación de Murias por parte del papa Francisco es un dato que los conmueve, aunque señalan que su significado puede ser abordado desde distintas ópticas dentro de la Iglesia.
Hay muchos mártires, beatos o santos que murieron rezando o sufriendo; el compromiso social por los desposeídos, en el que murió Murias, es un hito en la historia de la Iglesia, afirmó Virginillo.
Agregó que este hecho dará pie «para que otros que luchan en Latinoamérica, obispos, monjas y curas, cuyas historias son silenciadas, salgan a la luz».
No obstante admitió que en la Iglesia se va a desatar «una puja sobre cuál es el significado de esta beatificación».
«No sé si era un santo, pero era un mártir que murió predicando el evangelio», resumió Di Camillo.



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