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La Presidenta y los gobernadores arriesgan su poder en legislativas

Por Analía Argento, editora de Política y Opinión para Cronista Comercial. Ni Cristina ni 14 gobernadores pueden volver a presentarse, al menos para el mismo cargo. Sólo podría José Manuel De la Sota en Córdoba aunque él mismo desalienta la posibilidad. El cordobés preferiría, también por el momento y hasta que cambie de opinión, ir por la Presidencial y representar al peronismo opositor. Esa chance es la que él se juega la próxima semana y el 27 de octubre.re-re-re-feliz-2013-albistur-de-vuelta

Las PASO no son elecciones presidenciales pero lo parecen. Tampoco las legislativas de octubre que se vislumbran como un ensayo de lo que será el 2015. Ayer mismo debatían referentes económicos de distintas fuerzas porteñas – como si el 11 de agosto eligiéramos presidente, intendentes o gobernadores y sus eventuales ministros tuvieran entonces que medirse en los tiempos previos a la contienda. No es, pero parece. Lo mismo ocurre con la elección general. No es presidencial, pero peligrosamente se le asemeja. Las fotos no lo contradicen y cada cual apuntala a sus candidatos como si su propio nombre estuviera en la palestra. Y así es, aunque no sea. Porque sin jugar juegan todos a la continuidad, aunque para eso tengan que tomar envión y saltar o modificar leyes supremas.

Es regla de manual que el poder de quien no tiene chances de volver a presentarse comienza a escurrirse entre los dedos. Excepto cuando quien deja su lugar se anota en las listas de ascenso para avanzar. Ver cómo los propios dejan el barco es la visión que algunos podrían tener a partir del 10 de diciembre o incluso antes, el mismo lunes 12 de agosto o el lunes siguiente al domingo 27 de octubre.

Es, hasta hoy, el caso de Cristina Fernández de Kirchner que aún no tiene reelección. Se lo impide el artículo 90 de la Constitución. Situación igual a la de Daniel Osvaldo Scioli que no puede ir por un período más en Buenos Aires pero que evaluaría qué hacer el día después. Y qué hacer sería intentar heredar el poder que ella debería dejar, si es que se lo permiten. En el kirchnerismo las aguas están divididas: los unos –los ultraK– aún le desconfían y recuerdan que tampoco le tenía confianza plena Néstor Kirchner mientras otros se preguntan por qué –a pesar de no tener lugares en las listas– el gobernador hace campaña junto a Martín Insaurralde, incluso, con visible entusiasmo. Los que leen gestos políticos y físicos se preguntan: “¿Algo le habremos prometido?”. Es el caso también de Sergio Urribarri quien estrenó la reforma de la Constitución de su provincia y para 2015 estará también imposibilitado de repetir otra postulación. El entrerriano jura fidelidad eterna a Cristina, si es que la eternidad es un sustantivo posible en política. Y desde el Litoral pide un gesto patriótico a sus coprovincianos para ofrendar a la Presidenta un gran triunfo. Supone que si su pueblo le responde y no se reformara la Constitución, podría ir por el premio mayor. En cambio, aún con una ola de votos entrerrianos, si se impusieran los aventureros que desafían pronósticos y leyes y ella –Cristina– fuera por un tercer mandato, mal no le caería al gobernador secundarla como candidato a Vicepresidente.

La fiebre reeleccionista no es nueva. El punto máximo tuvo lugar exactamente dos años atrás, cuando la Presidenta se postulaba por segunda vez y ganaba con el 54% de los votos. Igual suerte tuvieron Mauricio Macri en la Ciudad; Scioli en Buenos Aires; Gildo Insfrán en Formosa; Daniel Peralta en Santa Cruz; Oscar Jorge en La Pampa; Urribarri en Entre Ríos y José Luis Gioja en San Juan, en este último caso después de haber reformado la Constitución provincial y haber habilitado para sí un tercer mandato. La lista en aquella elección fue aún más extensa: fueron reelectos el salteño Juan Manuel Urtubey; el riojano Luis Beder Herrera; el misionero Maurice Closs; el tucumano José Alperovich y el chaqueño Jorge Capitanich. También dos aliados de la Casa Rosada: el neuquino Jorge Sapag y Fabiana Ríos en Tierra del Fuego. Sólo el radical Eduardo Brizuela del Moral fue vencido en las urnas por una dama kirchnerista, Lucía Corpacci, quien logró así romper la cadena de reelecciones.

En aquella oportunidad Francisco ‘Paco’ Pérez se alzó con su primer triunfo y se convirtió en gobernador por el kirchnerismo de Mendoza mientras Antonio Bonfatti se imponía por el socialismo en Santa Fe. Esas dos provincias son hoy, diversas reformas constitucionales mediante, las únicas que no habilitan la reelección inmediata. Pérez no se da por vencido. Desde que asumió propuso reformar la Carta Magna provincial y a pesar de las trabas en su Legislatura insistió ayer mismo. Advirtió que no resignará su deseo reformista y hasta habló de firmar un decreto provincial para que la iniciativa avance. “Vaya como nos vaya en las elecciones ‘Paco’ insitirá con la reforma constitucional, es su gran objetivo”, reconocían a este diario desde su entorno al ser consultados sobre el sinceramiento del gobernador. Lo dijo al encabezar un acto en el parque industrial Las Heras: “La Constitución no se reforma desde 1916, nosotros queremos reformarla, lo hemos dicho siempre, vamos a insistir, vamos a sacar un decreto en ese sentido”. Sus voceros hicieron luego la lista de derechos no contemplados que justificarían una Asamblea Constituyente para equiparar a los mendocinos con los ciudadanos del resto del país. En algo tiene razón el gobernador: la Constitución provincial es, por ejemplo, anterior a la Revolución Rusa. Y en algo más habría que ofrecerle la derecha: Pérez ‘blanqueó’ (quizás para empujar un posible resultado adverso) su intención antes de la elección y no después como para que nadie se lleve sorpresas. Quizás sea más sano que no decir lo que se podría apoyar.

Haciendo caso omiso a especulaciones, supuestos, deseos y aspiraciones, y hasta que los hechos lo desmientan, el escenario se presenta particular comparado con los años anteriores: Ni Cristina ni 14 gobernadores pueden volver a presentarse, al menos para el mismo cargo. Sólo podría José Manuel De la Sota en Córdoba aunque él mismo desalienta la posibilidad. El cordobés preferiría, también por el momento y hasta que cambie de opinión, ir por la Presidencial y representar al peronismo opositor. Esa chance es la que él se juega la próxima semana y el 27 de octubre.

Como Scioli, el otro gran referente que aún mantiene un halo presidencial, Mauricio Macri, comienza a descontar poder el 10 de diciembre porque indefectiblemente debe entregar la jefatura de Gobierno a fines del 2015. Desdibujado en estos tiempos por sus profundas dificultades para construir poder a nivel nacional –y fundamentalmente en territorio bonarense– el ex presidente de Boca no se borra de la lista para la Casa Rosada. Algunos sospechan –o temen– que más temprano que tarde dejará las riñas políticas.

De todos modos, quién más pone en juego es, definitivamente, quien más arriesga y puede perder. Eso le ocurre al kirchnerismo. Después de diez años si Cristina (y Scioli) no posara junto a Martín Insaurralde en las fotos –ayuda papal mediante– el precandidato a diputado no reduciría su nivel de desconocimiento ni podría subir en intención de votos. “Cristina es una aplanadora”, se envalentonan los que patean la pelota para adelante cuando se les consulta quién será el candidato en el 2015, si ella no puede.

Supondrán, por ejemplo, que lo que no se pueda cambiar en los próximos once días, se repuntará camino a octubre. Lo mismo evaluará la dispersa oposición, seguramente. Y supondrán los K también que en estas elecciones que no son lo que parecen, aún una eventual derrota se podría superar, como lo hizo Néstor Kirchner post 2009.

Los discursos de todos, en política, se acomodan. Oficialismo y oposición puede interpretar y reinterpretar los resultados de una elección que, después de todos, es lo que es y no lo que parece. O incluso, al revés.

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