Por Leila Moreno Castro (*) Un informe reciente de la UCA retrata un panorama donde, a pesar de las mejoras sociales, persiste una sociedad excluida, con una marginalidad estructural. La importancia de las percepciones de la gente acerca del estado actual y futuro del país. La falta de un proyecto estratégico de desarrollo nacional, regional y local. Foto: La casa de Carlos Narváez en el barrio Antártida 2
La Deuda Social es entendida como el “déficit en las capacidades de desarrollo humano e integración social de la población” en el marco de los estudios del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA). Periódicamente, la institución publica informes de su Barómetro de la Deuda Social y recientemente dio a conocer el tercer volumen de la Serie Bicentenario (2010-2016) denominado “Desajustes en el desarrollo humano y social” con un análisis de la situación socioeconómica durante los últimos tres años (2010 a 2012). El relevamiento cuantitativo que da base al informe fue realizado en todo el país y entre las ciudades tomadas para las muestras se incluye a La Rioja, junto a Mar Del Plata, Salta, Gran Tucumán y Tafi Viejo, Paraná, Resistencia, San Juan, Zárate, Goya, San Rafael, Comodoro Rivadavia, Ushuaia y Río Grande; además de Córdoba, Rosario, Mendoza, Ciudad de Buenos Aires y Conurbano bonaerense.
Repasar sus conclusiones puede colaborar en la interpretación de los resultados de las pasadas elecciones PASO y vislumbrar un camino hacia los comicios de Octubre. El Informe citado retrata la distancia que existe entre las condiciones de vida de una persona y su familia con respecto a una serie de indicadores considerados necesarios, mínimos, para el desarrollo humano y social. La investigación parte de la concepción del desarrollo humano no sólo asociado al crecimiento económico, sino a cómo este se distribuye en los diferentes grupos sociales, garantizando una serie de condiciones materiales sociales y simbólicas a las cuales las personas tienen el derecho de acceder en el marco de una vida digna. En este contexto se estudiaron no sólo las condiciones materiales de vida (hábitat, salud y situación económica de los hogares, y trabajo y seguridad social) sino también las posibilidades de integración (recursos psicosociales para el desarrollo humano y vida social y comunitaria).
Cuadro de situación
Entre los años 2010 y 2012, las tasas de indigencia cayeron gracias a los programas sociales como la AUH y al aumento del subempleo de subsistencia (aquellas tareas impulsadas por el trabajo familiar), no obstante, la UCA advierte que los hogares de más bajos ingresos dependen de este tipo de ayudas económicas, es decir, no tienen otras posibilidades de progresar. Y además, a pesar de estos indicadores, aún existe un porcentaje importante de hogares que continúan en situación de marginalidad económica estructural.
La pobreza, mediada a través de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) no presentó cambios significativos a nivel nacional, pero en el Resto urbano interior (RUI) -bloque en el que se incluye a La Rioja – la inseguridad alimentaria severa aumentó en el periodo 2010 – 2012. Por este término se define a la reducción involuntaria de la porción de comida y/o la percepción de experiencias de hambre por problemas económicos, manifestadas por las personas, durante los últimos 12 meses. De lo expuesto se puede inferir que las medidas económicas del Gobierno nacional tuvieron su mayor impacto en la merma de la indigencia pero no de la pobreza. No han resultado suficientes para revertir las condiciones de las familias pobres y, en el caso de ciudades medianas del interior del país, implicó el acrecentamiento de la percepción de inseguridad en cuanto a contar con un plato de comida diario.
La problemática de las viviendas precarias resulta persistente en el tiempo y en cuanto a indicadores sanitarios y de infraestructura, la problemática con el suministro de energía eléctrica presentó un incremento en el RUI, incluyendo a la mayoría de los habitantes de ciudades como La Rioja (57.7%).
Con respecto a la situación laboral en los aglomerados urbanos medianos, la tasa de empleo descendió y creció el porcentaje de población activa con subempleos inestables; en tanto casi la mitad de los trabajadores no aportan a obras sociales y un tercio no cuenta con cobertura de salud.
Aumentó el sentimiento de inseguridad en todo el país, alcanzando a nueve de cada diez personas consultadas. Asociado, la percepción acerca de la presencia de tráfico, venta e intercambio de drogas también se incrementó, llegando a un tercio en el interior del país.
En cuanto a la salud, más personas manifestaron sentir malestar psicológico, sensación de soledad y están convencidas de que factores externos controlan sus vidas, todo ello atenta contra la idea de sujeto autónomo.
El Informe de la UCA concluye afirmando que si bien hubo mejoras sociales en los últimos tres años, “todavía persiste una sociedad ´excluida´ que sufre condiciones múltiples de injusta marginalidad estructural”. Destaca la necesidad de proyectos estratégicos de desarrollo integral a nivel nacional, regional, local, que logre convocar “nuevos y necesarios acuerdos sociales”. ¿Tomarán nota los candidatos a ocupar cargos legislativos nacionales y provinciales de este cuadro? Las propuestas de campaña deberían contener las respuestas a estas preguntas. Pronto sabremos.
*Licenciada en Comunicación Social, periodista, maestranda en Estudios Sociales.
Debe estar conectado para enviar un comentario.