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Análisis: Jóvenes de la UNLaR, colonos en tierras nuevas

Por Leila Moreno Castro* Los jóvenes universitarios sorprendieron alzando sus voces en contra de un sistema de gobierno que tras dos décadas de poder absoluto, amenazaba con eternizarse. La sorpresa dio lugar en muchos casos al apoyo, en otros al rechazo, y en la última semana se ha convertido en el tema de debate.

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Los estudiantes universitarios que mantienen tomada la Universidad desde hace casi veinte días reflejan los dilemas, los desafíos, las incertidumbres de una generación que hace preguntas y busca respuestas. La mirada adulta que observa, juzga y no entiende, debería repensar su lugar en el nuevo contexto, único modo de construir juntos sociedades mejores.

“Hasta hace muy poco tiempo, los mayores podían decir: ´¿Sabes una cosa? Yo he sido joven y tú nunca has sido viejo´. Pero ahora los jóvenes de hoy pueden responder: ´Tú nunca has sido joven en el mundo en el que yo lo soy, y jamás podrás serlo´.

El fragmento pertenece a un libro – “Cultura y compromiso” – de la antropóloga Margaret Mead que, a pesar de ser publicado hace más de cuatro décadas (en 1971), goza de gran vigencia para analizar no tan solo el mundo cambiante que hoy tenemos frente a nuestros ojos, sino a quienes son sus protagonistas, los jóvenes.

Hablamos de una generación que ha recibido los más variados adjetivos, siempre relacionados con lo nuevo, con lo desconocido, con lo que no experimentamos los que pasamos nuestra infancia y juventud en un mundo que ya no existe como tal. Las recetas aplicadas con éxito en décadas pasadas son obsoletas en un contexto dinámico, líquido como calificaba el sociólogo Zygmunt Bauman, cuando los pilares sólidos que sostenían nuestras creencias caen, cuando se configuran constantemente identidades flexibles, móviles. Estamos ante la coexistencia de diferentes tipos de culturas en una misma sociedad, de acuerdo a la clasificación de Mead: posfigurativa (donde la guía está puesta en los adultos, el camino lo marca el pasado), cofigurativa (donde el modelo lo signan los contemporáneos y hay cambios respecto al pasado) y la prefigurativa (una nueva cultura donde los más jóvenes “educan” a los mayores).

Los jóvenes, en este contexto, como señalaba Mead, se parecen a los “miembros de la primera generación nacida en un país nuevo”. Pero es un país en el que también están los adultos y desde ese lugar se cuestiona, se exige, se reclama porque no se entiende el nuevo mundo y sus reglas. Conocer quizás sea el primer paso.

¿Quiénes son los jóvenes que están frente a nosotros? A pesar de que existen diferentes formas de ser joven, todos comparten el aspecto generacional, marcas de época. ¿Cuáles? Nacieron en la década del noventa, es decir en tiempos de hechos históricos como la caída del Muro de Berlín (en 1989) en los que el mundo comienza a decir que los grandes discursos que buscaban explicar el devenir de las sociedades ya no son válidos. En nuestro país, mientras, imperaba el modelo neoliberal con consecuencias notables en el panorama sociocultural. Luego, cuando aún nuestros jóvenes de hoy eran niños, llega el año 2001, emblemático no sólo porque remite a la última gran crisis socioeconómica argentina sino porque también es el año de otro hecho mundial: el ataque a las Torres gemelas estadounidenses del 11 de setiembre, que implicará el inicio de un nuevo esquema de relaciones globales. Es también en esos años que arranca la gran revolución tecnológica que llevará al sociólogo español, Manuel Castells, a hablar de la sociedad de redes.

¿Cómo impacta esto en una ciudad como La Rioja y en sus jóvenes? Transitando las primeras décadas del siglo XXI ya no se puede hablar de la misma como una aldea, el avance de las tecnologías de la información y la comunicación borra las fronteras geográficas y pone en jaque el concepto de comunidades e identidades asociadas a un espacio físico. Una investigación reciente acerca de los estudiantes universitarios riojanos y sus consumos culturales, esto es, las prácticas socioculturales en las que se construyen significados para la vida cotidiana, describía la fuerte incidencia de la globalización en la elección de productos mediáticos, música, cine, libros, teatro que están disponibles a través de las redes tecnológicas. Al mismo tiempo, se reflejaba la pérdida de espacio de los contenidos locales. Había disconformidad con la oferta de producción cultural riojana que no los representaba, ellos explicaban el escaso consumo de medios de comunicación locales por la falta de credibilidad y la politización de sus mensajes. Afirmaban que no les estaban hablando a ellos, de ellos ni para ellos. Por eso la gran fuerza que cobraban día a día las redes sociales como espacios de expresión, participación, comunicación, información, construcción de identidades de las nuevas generaciones.

Hoy podemos decir que los medios de comunicación riojanos y la sociedad toda habla de ellos, son los mismos jóvenes universitarios que sorprendieron alzando sus voces en contra de un sistema de gobierno que tras dos décadas de poder absoluto, amenazaba con eternizarse. La sorpresa dio lugar en muchos casos al apoyo, en otros al rechazo, y en la última semana se ha convertido en el tema de debate permanente acerca de lo que los jóvenes deben o no hacer, es decir, la visión adulta (representada por instituciones, sectores políticos, organizaciones sociales, familias) se refleja en muchos casos cuestionando, reclamando, juzgando. Ello dificulta la comprensión, el diálogo, el tender puentes y, muchas veces al contrario, lo que se construyen son muros generacionales.
Al reproche de que los jóvenes están descomprometidos, la realidad de las últimas tres semanas ha demostrado lo contrario, son comprometidos pero con aquello que les genera, ante todo, esperanzas de cambio, de transformación verdadera.

Al reproche de que los jóvenes no saben cómo actuar, cómo tomar decisiones, han respondido con modalidades de debate – como las asambleas que realizan diariamente – nunca practicadas en el ámbito universitario con la horizontalidad que ahora se observa. Debates acalorados, discusiones, propuestas, contrapropuestas, votaciones a mano alzada, todo nuevo, todo estrenado. ¡Cuánto para aprender de estas nuevas modalidades de participación democrática!

Al reproche de jóvenes violentos o “terroristas”, han respondido con una toma pacífica que no registra daños materiales ni edilicios alguno luego de casi veinte días, con tres marchas masivas que son ejemplos.

Al reproche de jóvenes “vagos”, que no quieren estudiar, han respondido con serie de actividades académicas que diariamente se dan a conocer y que ponen de manifiesto la voluntad de mantener vivo el espíritu de una Universidad. Para aquellos que exigen volver a las aulas, no seguir “perdiendo el tiempo”, sirve señalar que muchas de las tareas que cotidianamente llevan adelante en la toma pueden calificar perfectamente como prácticas pre-profesionales, como las que hacen los estudiantes de Medicina al brindar asistencia médica, los de Comunicación social, al informar sobre el acontecer cotidiano, etcétera. Y, lo más importante, están aprendiendo el valor de exigir sus derechos, como el de tener calidad educativa. No hay que confundir: tener x cantidad de horas de clase, con un profesor parado frente a un aula, no garantiza el aprendizaje. Múltiples son las variables que allí intervienen, se requieren profesores preparados, con una carrera docente, actualizados en sus conocimientos, valorados, con sueldos dignos y acordes a sus tareas. Se requieren espacios de diálogo, de discusión, de búsqueda de consensos, de libertad, de democracia. No se construirán sociedades con estas características si los profesionales de mañana no aprenden a vivenciarlas desde ahora.

Pero es importante recordar que la democratización es un proceso, que no se dará de un día para otro, menos después de dos décadas de vivir otro sistema de gobierno. Será un proceso gradual, en constante lucha, dinámico, que se irá construyendo y reconstruyendo en el camino. Como lo decía el gran pensador italiano, Antonio Gramsci, al referirse a la construcción de hegemonía, entendida como el dominio de un grupo o una alianza de grupos a través del consenso. ¿Cómo se logra? Proponiendo, discutiendo, acordando constantemente, estableciendo equilibrios inestables, móviles, flexibles que habrá que replantear una y otra vez. Todas son formas de ejercicio democrático a las que no estábamos acostumbrados ni en el seno de la Universidad ni en la sociedad riojana en general.

Es un camino nuevo, nunca antes transitado, es lógico que haya dudas, contradicciones, marchas y contramarchas, equivocaciones y aciertos. En lugar de cuestionarlos (como si los adultos nunca vivenciaran idas y vueltas) habría que repensar lo que se quiere para estas nuevas generaciones. Si se busca que sean sujetos autónomos, críticos, reflexivos, ellos cada día hacen un paso más en ese sentido. Que el rol de los adultos sea, entonces, el de apoyar, acompañar, escuchar, dialogar, respetar, enseñar y aprender. Como advierte Margaret Mead: “Debemos aprender junto con los jóvenes la forma de dar los próximos pasos;…. Para construir una cultura en la que el pasado sea útil y no coactivo, debemos ubicar el futuro entre nosotros, como algo que está aquí listo para que lo ayudemos y protejamos antes de que nazca, porque de lo contrario, será demasiado tarde”.

*Licenciada en Comunicación Social, Docente universitaria, Maestranda en Estudios Sociales

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