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Ivana, de Tucumán a La Rioja para prostituirse

Asegura que cayó en la explotación sexual a los 16 años y afirma que actualmente paga $ 1.200 mensuales para vivir en El Desafío. La Justicia Federal explica cómo hizo el clan Medina- Gómez para desligarse de las propiedades en las que tenían «whiskerías».564684_20131019003841

El Desafío fue uno de los prostíbulos más importantes de La Rioja. Y, en la causa que investigó el secuestro y promoción a la prostitución de María de los Ángeles Verón, las víctimas que declararon haber permanecido cautivas en ese lugar, lo describieron como uno de los centros neurálgicos de la red de «whiskerías» que controlaban Irma «Liliana» Medina y sus hijos José «Chenga» y Gonzalo Gómez.

Pero la repercusión nacional del caso Marita Verón obligó a la familia Medina-Gómez a cerrar este lugar. Sin embargo, todavía le siguen sacando réditos a esa fortaleza con aires de castillo feudal. «El Chenga (Gómez) me cobra $ 1.200 mensuales por los tres departamentos que le alquilo», confió Ivana mientras esperaba a un costado de la ruta que la fueran a buscar.

Reconoce que ese no es su nombre real, pero explica que el cambio de apelativos es frecuente en la actividad que comenzó a practicar cuando era adolescente: la prostitución. La misma lógica se aplica en la relación social con la que se intenta blanquear los prostíbulos. Es por eso que El Desafío ahora exhibe un sugestivo cartel en el que se lee: Sex to Sentido.

Ivana es tucumana y dijo que vivía en uno de los barrios ubicados hacia la zona Este del Parque 9 de Julio. «Empecé a prostituirme a los 16 años en Catamarca. A los 20 vine a La Rioja para trabajar en un cabaret. Pero como cerraron, salí a la calle. Ahora trabajo en la Ruta 5, una de las zonas rojas en la que estamos chicas y travestis», explicó.

El lugar descripto por esta mujer está ubicado frente al Mercado de Abasto y es conocido como «Complejo Ruta 5». Según la Justicia Federal, en esos terrenos el clan Medina-Gómez tenía al menos tres prostíbulos, entre los que estaban «Candy» y uno destinado a clientes VIP, que funcionaba en la casa de la «Mamá Lili». Otro aspecto de la investigación sostiene que -para desligarse de las propiedades- la familia Medina-Gómez fue vendiendo por partes los terrenos que controlaban.

«Por ahí se salía a la cocina», agregó Ivana señalando una tapia lindante a El Desafío. «Pero se ve que la cerraron porque están los bloques puestos. Aún así, se nota que es la misma propiedad. Lo mismo hicieron en el Candy porque el terreno donde ahora funciona un taller de reparación de autos antes era parte del prostíbulo», concluyó. En esta actividad las artimañas y los rubros se parecen.

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