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Julio Andrés Mercado, el maestro de Chilecito más reconocido de Malargüe

gal-586306El respeto, como la honestidad y la responsabilidad son valores fundamentales para hacer posibles las relaciones de convivencia y comunicación en una sociedad. Si a eso le agregamos amor a la profesión y vocación de servicio pleno, seguramente estamos refiriéndonos a un personaje que en Malargüe trabajó durante más de 50 años por la educación de los niños, jóvenes y adultos, el «Maestro» Julio Andrés Mercado, según el diario Los Andes de Mendoza.

«Yo no coloqué placas, pero trabajé por el engrandecimiento de Malargüe buscando una mejor educación para los niños, los jóvenes, adultos y también por aquellas personas que tuvieron problemas con la droga, el alcohol. Hoy mi mayor satisfacción es poder ser respetado y querido», expresa este hombre de plena lucidez y que nació el 15 de julio de 1938 en Chilecito, La Rioja.

Entrevistar y escuchar al «Maestro» Mercado, como le dicen todos cariñosamente, da placer. Su historia de vida está llena de anécdotas, sacrificio, reflexiones, consejos.

«Lamentablemente, se comete por parte de los padres una equivocación muy grande, porque nunca nos sentamos a conversar con nuestros hijos, no les preguntamos qué les pasa, qué necesitan, con quiénes se juntan. Es más fácil ante un pedido de ellos mandarlos a ver la televisión o que jueguen en la computadora. Tampoco le contamos de nuestro sacrificio, de lo que hacemos por ellos, cuánto ganamos en nuestro trabajo y lo que nos cuesta comprarles lo que ellos piden. No les enseñamos que valoren las cosas. Eso lamentablemente se está perdiendo», reflexiona este docente que allá por 1957 y después de muchas horas de viajar en tren desde su provincia natal hasta San Rafael y luego en colectivo, llegó a Malargüe para ejercer su profesión con tan sólo 19 años.

El joven Julio Andrés arribó al sureño departamento, que recién empezaba a surgir como tal, con una maleta cargada de ilusiones, pero también con la incertidumbre plena de llegar a un lugar desconocido para él. En sus bolsillos traía unos pesos que le habían prestado sus padres para pagar la pensión, pero que tenía que devolverlos cuando consiguiera trabajo.

«Y así lo hice, después de un tiempo; trabajaba en la mañana en la escuela Rufino Ortega, en la tarde en el Instituto Secundario, a la noche con los adultos y después me iba a trabajar a la Comisión Nacional de Energía Atómica», cuenta.

Su vocación de servicio demostrada a lo largo de los años y su entrega total, sin intereses económicos de por medio, lo llevó a recorrer y cumplir con su tarea en distintos establecimientos educativos de Malargüe hasta ser reconocido con la puesta de su nombre a la escuela 3-034 Centro de Jóvenes y Adultos, que él mismo empezó a gestionar en 1961 porque «me llamaba la atención la cantidad de gente que no sabía leer ni escribir en esos años y quería hacer algo por ellos».

Con satisfacción don Julio cuenta que a diario, quienes fueron sus ex alumnos lo siguen saludando como si fuera un padre, un «maestro de la vida», sobre todo, muchos chicos, hoy hombres y mujeres adultos, que estuvieron en el Hogar de Día, una institución que tenía como objetivo insertar en el mercado laboral a jóvenes con problemas de adicciones o por haber cometido algún delito.

Entre sus tantas anécdotas, sobresale una, la que cuenta que gracias al fútbol y él siendo hincha de River, tuvo que ponerse los colores de Boca y así encontrar trabajo como docente.

«¿Le cuento como conseguí entrar a trabajar? Estaba en la vereda de mi pensión haciendo algunas payanitas con una pelota que tenía. Pasó en ese momento el diputado Frías, que era peluquero, en un Ford ?38. Al verme, detuvo la marcha del vehículo. Me preguntó si jugaba al fútbol, a lo que respondí que sí. Inmediatamente me trasladó hasta la Liga Malargüina y me hizo firmar para el Deportivo Malargüe, que tiene los colores de Boca, y que definía un campeonato, en primera y segunda división con Cosomo», rememora.

«A Frías le gustó como jugué y fue él quien me avisó cuando se produjeron los nombramientos de maestros por parte del gobierno. Me querían nombrar en El Cortaderal, pero Frías solicitó que lo hicieran en la Rufino Ortega; así fue como fui nombrado en 18 de mayo de 1958. ¡Por eso siempre digo que siendo yo hincha fanático de River, gracias a la camiseta de Boca pude conseguir mi primer trabajo!» cuenta el «Maestro», tal cual narrara un cuento a uno de sus tantos alumnos que tuvo en su amplia y excelente trayectoria.

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