Siete de cada 10 argentinos sienten deseos de “picotear” algo fuera de las comidas, y lo concreta: la mitad toma alguna infusión, y 47 por ciento consume algún alimento, como galletitas, golosinas o papas fritas.
Un consumo que casi no se registra como comida, pero que aporta calorías y aumenta el riesgo de sufrir sobrepeso y obesidad.
Los datos surgen a partir de una encuesta domiciliaria realizada a 1.015 adultos en marzo pasado por la consultora TNS, publicada por Los Andes de Mendoza. Los participantes declararon que “picotean” especialmente mientras miran televisión, por la tarde o mientras trabajan.
Los más jóvenes lo hacen más cuando estudian y los hombres al regreso del trabajo. Y 70 por ciento de los encuestados reconoció que “picotear” es uno de los principales factores del aumento de peso.
“El ‘picoteo’ generalmente es desorganizado y lleva a consumir más calorías de las que se ingieren durante el almuerzo o la cena porque se consumen muchas grasas poco saludables”, explicó Rosa Labanca, médica y representante por Argentina ante la Sociedad Mundial de Obesidad.
“Lo ideal es planificar las comidas y las colaciones y sentarse a comer. Se puede usar chicle con extracto de café verde para frenar el deseo de picotear”, aconsejó la profesional.
En la encuesta -realizada para el laboratorio Elea- se encontró que la gente “picotea” más en Capital, provincia de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, San Juan, La Rioja y San Luis.
“Es útil que la gente organice sus colaciones. Por ejemplo, si se despierta temprano y toma el desayuno, se puede tomar una colación que le dé saciedad a media mañana. Esa colación puede ser un yogur con semillas de chía, 1 fruta pequeña como una mandarina, una vainilla, siete almendras o avellanas o siete bocaditos de avena. Conviene buscar alimentos que sean cardiosaludables, de muy lenta absorción”, sugirió María Emilia Mazzei, licenciada en nutrición y coordinadora del Grupo Educador en Salud y Alimentación.
Mónica Katz, médica especialista en nutrición, integrante de la subcomisión científica de la Sociedad Argentina de Nutrición, y autora del libro Somos lo que comemos, explicó que el deseo de comer fuera de las comidas no es disparado por hambre homeostática, sino emocional.
“Entonces frente a la epidemia de obesidad habría que preguntarse: ¿qué hago poniendo comida en mi boca si no es por hambre? Si se utilizan las comidas o bebidas para no pensar, calmarse o simplemente porque se dispone de ella, quizá el desafío para la industria sea desarrollar alimentos o bebidas saciantes”.



