Si bien no se llegó al extremo de definirlo como un ‘supermiércoles’ -término que se le aplicó al 3 de septiembre en el que el Senado debatió la ley de Abastecimiento y el proyecto de Pago Soberano de la Deuda, mientras en Diputados exponía el jefe de Gabinete-, bien podría habérsele dado ese calificativo al día de esta semana en el que la Cámara baja discutió el Presupuesto 2015, mientras la Alta aprobaba el proyecto sobre Hidrocarburos.
Catorce horas de debate en Diputados y once en el Senado, más la envergadura de los temas discutidos, muestran que la jornada no le fue para nada en zaga al primer miércoles de septiembre. Pero tal vez la reiteración de debates sobre temas trascendentes con un final cantado les resta hoy interés a esas convocatorias legislativas.
Más allá de los discursos -a la postre incapaces de alterar resultados-, el dato de interés pasó a ser la cantidad de votos obtenidos. En Diputados, el oficialismo volvió a mostrar que no le sobra mucho pero tiene resto: fueron 133 votos, cuatro por arriba de los necesarios, y eso que tuvo la ausencia obligada del titular del Cuerpo, Julián Domínguez, internado en vísperas de la sesión por un cuadro febril de origen bacteriano. Con él hubiera llegado a 134, que fue la cantidad alcanzada con el Pago Soberano de la Deuda. Y todavía tienen un diputado en uso de licencia -el riojano Javier Tineo, ministro en su provincia-, al que en un caso extremo podrían hacer regresar.
En el Senado, en cambio, estuvieron ajustadísimos: 38 votos a favor, dos por arriba de la necesidad de un desempate, que en este caso no conllevaría riesgos con la presencia del impertérrito Amado Boudou. Claro que se trataba el miércoles de un tema cuyo camino hacia el recinto se le hizo un poco cuesta arriba al gobierno, por la resistencia de las provincias petroleras. Al cabo, esa complicación se solucionó con ciertas modificaciones y -según malas lenguas- fuertes presiones a gobernadores que de un día para el otro moderaron sus discursos.
Con todo, queda la convicción de que si la ley de Hidrocarburos sorteó este escollo, ninguna otra norma que envíe el kirchnerismo encontrará problemas en este Congreso, al menos hasta bien entrado 2015.
En su cadena nacional de esta semana, la Presidenta firmó la promulgación de la ley del nuevo Código Civil y Comercial, con lo que cumplió su deseo esbozado 31 meses atrás de ‘sentirse Napoléon’. Aclaró que ese Código no pertenece a ‘ningún partido político, ni a ningún gobierno’, sino que es ‘el Código de la democracia’. Pero tal cual muchos de sus diputados expresaron durante la sesión en la que se convirtió en ley -con la ausencia de la oposición-, para el grueso del kirchnerismo éste será ‘el Código de Cristina’, y no hay razón para no pensar que ese es el pensamiento de la propia mandataria, que hace tiempo ha dejado de gobernar estrictamente para la coyuntura, para hacerlo pensando en los libros de historia.
Es una de las razones por las que sin solución de continuidad anunció ese mismo día el envío al Congreso de un proyecto para modificar el Código Procesal Penal, para el cual la oposición anunció su disposición a dar la discusión. Y si no lo hace, tanto mejor para un oficialismo con los votos suficientes para hacer todo por sí mismo y deseoso de monopolizar el protagonismo de sus leyes.
Pero más allá de la ambición de acumular ‘logros’, hay un factor tanto o más contundente a la hora de justificar semejante interés por los proyectos emblemáticos: mantener el centro de la escena. No hay nada a lo que le tema más el gobierno que a perder el manejo de la agenda. Y con una economía desbocada, un entorno internacional hostil y una justicia inasible, el kirchnerismo se aferra a los elementos que le permiten dar sensación de poder, que ya no son muchos. En ese sentido ha descubierto que el Congreso es el ámbito que mejor domina y le permite de yapa humillar a voluntad a una oposición que cuenta los días para llegar al poder.
El riesgo para esa oposición es dar sensación de intrascendencia. Desencantar aun antes de iniciarse la carrera electoral; y lo que es peor aun: no acertar en las alianzas. Ese último detalle es una duda existencial dentro del PRO. Desprovisto de estructura nacional como su rival directo el Frente Renovador, el macrismo ha contemplado siempre la posibilidad de hacer acuerdos con la UCR en el interior. Experiencia no le falta en la materia y prueba de ello es la Capital Federal donde gobierna, en la que el PRO ha sumado más radicales que peronistas.
Sin embargo, quienes manejan la campaña se dividen entre los que quieren acordar con radicales del interior y los que no. Los contactos han existido desde antes que Elisa Carrió esbozara la idea de un acuerdo nacional, de ahí que los operadores del PRO estuvieran muy atentos a la reunión de candidatos provinciales del radicalismo del pasado 11 de septiembre en el Hotel Savoy de esta capital. La conclusión del sector acuerdista del macrismo fue que aquellos radicales con verdaderas posibilidades de ganar gobernaciones necesitarían un candidato presidencial fuerte y buscarían a Mauricio Macri.
No soslayaban a Sergio Massa como otra alternativa potable, aunque el PRO se sentía un paso por delante, convencido de que lo que estaba sumando el FR era ‘lo viejo’ del peronismo, que a la postre sería rechazado en las urnas. ‘En Salta tienen a Juan Carlos Romero, y hasta a Alfredo Olmedo, así que de renovadores solo les queda el nombre’, señaló a DIARIO POPULAR un operador del macrismo, que en esa línea recordaba que en Misiones el PRO se distanció de Ramón Puerta.
En ese marco sobrevino la reunión de Sergio Massa con Gerardo Morales, jefe de los senadores radicales y firme aspirante a la gobernación jujeña. Fue sin dudas el dato político de la semana, y más allá de los niveles de tensión que el tema generó hacia adentro de UNEN, repercutió en el PRO, que sospecha que esa pérdida se convertirá en un efecto dominó que recorrerá otras provincias. De hecho, el miércoles por la noche, mientras en el recinto de Diputados se debatía el Presupuesto, en Pasos Perdidos Sergio Massa se mostraba sonriente ante los periodistas charlando con Morales y el diputado José Cano, serio aspirante radical a la gobernación tucumana. Se descuenta que un acuerdo similar alcanzará el tigrense con otro diputado radical, el riojano Julio Martínez, que ya venció a Beder Herrera en 2013.
Mauricio Macri retrucó echando mano al plan B. Se mostró el jueves en La Rioja de la mano del ‘Pelado’ Ramón Díaz, al que trata de convencer para que sea allí su candidato a gobernador. La tiene difícil, pues el segundo riojano más famoso está con un pie en Arabia, adonde iría a dirigir junto a su hijo Emiliano, pero el jefe de Gobierno porteño confía en que al menos lo acompañe en la campaña.
Bien podría suceder que si Macri no llega a tener candidatos ganadores en esas provincias, tal vez tenga terceros en discordia que hagan perder a aquellos radicales que terminaron yéndose con su rival directo.





