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La esposa de Nisman fue empleada de Yoma

Todo el país habla, se conmociona, polemiza, pero Sandra Elizabeth Arroyo Salgado (44) sigue yendo a trabajar todos los días. No se pidió licencia y concurre meticulosamente a su despacho, en San Isidro. Por eso algunos le dicen “la dama de hierro”. Su rostro duro, fue uno de los más buscados este miércoles entre la multitud que ganó las calles del microcentro de la ciudad de Buenos Aires al cumplirse un mes de la muerte del fiscal Natalio Alberto Nisman, su ex marido, el padre de sus dos hijas, Iara (15) y Kala (7). 

Sandra Arroyo Salgado sigue yendo a trabajar todos los días y atiende las causas del juzgado federal del que es titular desde 2006. Y también atiende las causas del otro Juzgado Federal de San Isidro, que subroga desde que se jubiló apresuradamente, en noviembre de 2011, el juez Conrado Bergesio, contra quien se habían radicado varias denuncias en el Consejo de la Magistratura por no resolver los pedidos de estudios de ADN sobre los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble (Grupo Clarín).

Antes había tenido tiempo de subrogar también un tercer juzgado federal, el de Zárate-Campana, cuando su titular original, Federico Faggionato Márquez, fue suspendido en octubre de 2009 y luego destituido, después de que se radicaran en su contra 36 pedidos de juicio político. Arroyo Salgado agarró lo que era en ese momento un hierro caliente, ya que allí se tramitaba la famosa causa de la efedrina.
Comienzos de su carrera
Sandra Arroyo Salgado nació el 1  de junio de 1969 en el seno de una familia acomodada. Cuando en 1993 conoció a Alberto Nisman, ambos ya eran abogados recibidos de la UBA. Nisman era 6 años mayor que ella y, según cuentan, Sandra había sido su alumna en la Facultad de Derecho cuando él era un joven auxiliar de cátedra. Ella era joven, alta, delgada, llamativa y le gustaba usar minifaldas para lucir sus piernas.
Por ese tiempo ya era asesora penal en el Senado de la Nación y trabajaba bajo las órdenes del entonces senador menemista Jorge Yoma.

Nadie recuerda muy bien cuánto tiempo estuvo allí, desempeñando esa función. Lo que sí recuerdan todos es que el día de su despedida del Senado, su novio, Alberto Nisman, la acompañaba. Actualmente en el Congreso su relación más fluida es, según cuentan, con el senador nacional oficialista por Río Negro Miguel Ángel Pichetto.
Los antecedentes oficiales en el Poder Judicial de Arroyo Salgado comienzan a registrarse recién cuando jura como jueza, pero antes fue relatora en el Juzgado Federal de Morón, cuando todavía estaba a cargo del juez Gerardo Larrembebere. En ese juzgado se había tratado, entre otras causas resonantes, el copamiento armado del Regimiento de La Tablada y la desaparición de dos militantes del MTP. La mano derecha de Larrembebere en ese juzgado era Alberto Nisman, que ya empezaba a ser un nombre conocido.

Después Arroyo Salgado pasó a ocupar un cargo de prosecretaria en la Defensoría General de la Nación y después fue defensora adjunta. Luego concursó para cubrir el cargo que había dejado vacante el destituido Roberto Marquevich, el 8 de junio de 2004, en el Juzgado Federal de San Isidro. El juicio político que le costó la carrera a Marquevich fue por haber pedido la detención de Ernestina Herrera de Noble, imputándole haber falseado las actas de nacimiento de sus hijos adoptivos.

Arroyo Salgado asumió como titular de ese juzgado en junio de 2006, nombrada por el presidente Néstor Kirchner. Cuando juró estaba embarazada de su segunda hija.

En 2009, cuando fue destituido el juez Federico Faggionato Márquez, Arroyo Salgado, mientras atendía su juzgado en San Isidro, también subrogaba el Juzgado Federal de Zárate -Campana. Originalmente esa subrogancia había sido ofrecida a Héctor Echave, juez federal de Mercedes, pero este solicitó no ir. Campana era una papa caliente ya que allí se instruía la causa de la efedrina. Ese expediente se había iniciado el 18 de julio de 2008, cuando se descubrió un laboratorio de drogas sintéticas en una casa quinta en Ingeniero Maschwitz. En el allanamiento se detuvo a diez personas, nueve de ellas de nacionalidad mexicana, y se descubrió que el laboratorio era capaz de fabricar entre 200.000 y 250.000 pastillas de éxtasis y metanfetamina. En total fueron procesados once mexicanos y nueve argentinos en esa causa.

Este dato no es menor para definir el carácter de Sandra Arroyo Salgado. Mientras el juez de Mercedes pedía no hacerse cargo del juzgado de Campana, Arroyo Salgado tenía un interés especial en investigar el caso. Era otro escalón en su carrera.

Durante el tiempo que estuvo al frente del juzgado de Campana, Arroyo Salgado trabajó intensamente en el caso y también hizo muchos cambios internos. Hizo que cambiara de destino gran parte del personal, incluso a los de carrera. La mujer de Nisman estuvo allí hasta que fue nombrado Adrián González Charvay, que había sido secretario de Marquevich en San Isidro y que se había ido de allí cuando llegó Arroyo Salgado.

Procesó a periodistas por difundir datos de Inteligencia 
Desde siempre y hasta el 18 de enero pasado, cuando el fiscal Alberto Nisman fue hallado muerto en su departamento de Puerto Madero, Sandra Arroyo Salgado tuvo una fluida relación con el Gobierno nacional. Al igual que su ex marido, con el que no estuvo casado formalmente y del que se separó en 2011, sabía relacionarse con el poder político. Su carrera judicial, como la de la mayoría, dependía en gran parte de esa capacidad.

En su primera etapa al frente del Juzgado Federal de San Isidro en el ambiente se la apodaba la “narcojueza”, ya que le llevaban grandes causas de narcotráfico. Esta “especialidad” no era casual, ya que Arroyo Salgado aprovechó los fluidos vínculos que tenía su esposo con el Servicio de Inteligencia (SI, ex SIDE).

Las principales causas por drogas del país se trataban en su juzgado. Por ese motivo también mantuvo durante todos estos años una estrecha relación con Sergio Berni, actual secretario de Seguridad de la Nación. Incluso Arroyo Salgado sobreseyó a Berni en una denuncia que había recaído contra él en su juzgado, pero la Sala II de la Cámara de Apelaciones revocó ese sobreseimiento y ordenó que la jueza lo llamara a indagatoria.

Fue Arroyo Salgado la que finalmente ordenó realizarles los estudios de ADN a los dos hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble (dueña del Grupo Clarín) y concluir ese expediente.

También intervino en las causas iniciadas por los piquetes realizados en 2009 sobre la Panamericana por centenares de trabajadores despedidos de la empresa alimenticia multinacional Kraft. En esos casos también trabajó estrechamente con Berni. De algunos de esas causas se recuerda la especial dureza de Arroyo Salgado, quien en una oportunidad ordenó llevar detenidos a muchos trabajadores y a sus familias, incluidos mujeres y niños.

De luto. Sandra Arroyo Salgado, con su hija mayor y su suegra, presidió la marcha del miércoles en homenaje a su ex marido. Optó por un bajo perfil. Foto: NA.
Delitos de lesa humanidad
También tuvo a su cargo la causa contra el oficial de la Prefectura Naval Argentina Héctor Antonio Febres, quien fue juzgado por desapariciones y torturas durante la dictadura. Entre sus víctimas figuraban las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet.

Febres estaba detenido en una delegación de la Prefectura, en el Delta, y debía declarar en una de las causas por delitos de lesa humanidad el 14 de diciembre de 2007, pero unos días antes apareció muerto, supuestamente envenenado. Arroyo Salgado inició una investigación por entender que Febres gozaba en su encierro de muchos beneficios. Eso le costó el cargo al jefe de la Prefectura, Carlos Fernández. También la jueza sostuvo en un dictamen que había serios indicios que indicaban que Febres fue asesinado para que no delatara a sus superiores.

Sandra Arroyo Salgado siempre mantuvo distancia con la prensa, salvo una excepción: ella, en forma directa, solía comunicarse con la redacción de La Nación. Paradójicamente la jueza fue la que procesó al periodista de ese diario Carlos Pagni y al de Perfil Roberto García, por ser supuestos miembros de una asociación ilícita  junto con el ex titular de la SIDE Juan Bautista Tata Yofre, y difundir información que surgía de la Secretaría de Inteligencia.

De ese expediente surge que durante años ha funcionado un grupo de inteligencia paralelo al de la ex SIDE.

Le molestaba que su ex se metiera en su trabajo a través de sus empleados
Una de las cosas que más le molestaban a la jueza Sandra Arroyo Salgado era que su ex esposo, Alberto Nisman, se inmiscuía mucho en las causas de su juzgado (el de San Isidro) y trataba de relacionarse con sus subordinados para saber qué temas se estaban trabajando allí.

Esa exigencia también se nota en los expedientes que tiene a su cargo. Del despacho de Arroyo Salgado sólo salen causas muy bien instruidas, con resoluciones muy bien fundadas. Para que se le revoque alguna resolución se debe tener muy buenos argumentos, dicen en el ámbito judicial.

De su nueva pareja se sabe poco, apenas que es abogado, de buena posición económica y que suele ir a buscarla al juzgado en un Audi las pocas veces que la jueza se retira temprano de su despacho de San Isidro.

El fiscal Nisman.

Es muy exigente con aquellos que tiene a su cargo y también con ella misma
La ex mujer de Alberto Nisman es conocida por su carácter duro. Es sumamente exigente con quienes trabajan con ella y con ella misma. En los juzgados a su cargo nadie se siente muy seguro de continuar en su puesto al día siguiente. Desde que remplazó al juez Roberto Marquevic se encargó de marcar eso: hizo trasladar a otras dependencias a la mayoría del personal e incluso  muchos de los que hizo traer con ella después también fueron trasladados. “Acá nunca se sabe cuándo te patean para otro lado”, dicen en San Isidro. También es frecuente que los subordinados de la jueza pidan ser trasladados. Una de las personas que trabajan con ella es una nuera del ex fiscal Juan Martín Romero Victorica, uno de los convocantes a la marcha del miércoles pasado.

Con Arroyo Salgado no hay días ni horarios de trabajo. Ella misma no se da permiso para tomarse licencias o descansos extras. Todos cuentan que ha aparecido a trabajar con su segundo embarazo muy avanzado y también cuando su hija menor era una beba recién nacida. Ahora, apenas se tomó un par de días tras la muerte de Nisman. 

Con su ex marido tenían muchos conflictos. Ambos eran de carácter fuerte, ambiciosos y exigentes. Pese a ello, siguieron manteniendo una relación fluida tras su separación.
18F. La lluvia no pudo opacar la convocatoria realizada por un grupo de fiscales. Fue masiva la movilización en Capital Federal.

Por Enrique Pfaab
pfaab.enrique@diariouno.net.ar

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