Casas cumple tres años de gestión con la discusión por su reelección

Sergio Casas comienza a transitar desde este lunes su último año de gobierno en el marco de la discusión por su reelección, que está atada a un pronunciamiento judicial, a raíz de la demanda que hará la oposición.

El sector de Casas argumenta que éste es el primer mandato como mandatario provincial y por ello, está habilitado para presentarse como candidato del peronismo, mientras que Cambiemos, la Municipalidad, y los ex socios casistas Luis Beder Herrera y Néstor Bosetti, sostienen lo contrario, ya que lo asocian como fórmula que viene desde 2011 al futuro electoral del actual gobernador.

El ex vicegobernador y ex diputado provincial por San Blas de los Sauces se despegó hace menos de un año de Beder Herrera, lo que posibilitó verlo con su verdadera cara al frente del Poder Ejecutivo.

Tomó medidas con alto impacto social, pero cuestionadas por la Nación, como fueron un incremento salarial con un bono de $10 mil, la designación de los planes PIL como empleados del Estado y la oxigenación del sector comercial. Allí marcó la impronta de su cuarto año que terminará el 10 de diciembre de 2019.

El “destete” del ex gobernador también lo llevó a que sea consagrado como el nuevo líder del peronismo, luego del vacío que le hicieron al hombre de Campana que está en la política desde 1983.

 

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Hasta allí Casas no estaba en la consideración de la comunidad, ya que minimizaban cualquier decisión que tomará desde la Casa de Gobierno. Hoy cambió debido que los aciertos y los errores son pura responsabilidad de él.

Otro golpe político que dio fue la salida del ministro de Hacienda, Ricardo Guerra, los ojos de Beder Herrera en las cuentas del Estado y dejó atada a su suerte las empresas SAPEM, especialmente las del sector productivo.

En menos de siete meses, Casas se recibió de gobernador o mejor dicho juró al frente de la Casa de las Tejas, a pesar que lo había hecho hace tres años atrás.

Tiene un estilo particular que no es político y aprendió las cosas buenas y malas de una gestión por su cercanía con el ex gobernador Ángel Maza como de Beder Herrera para llevarlo a un tamiz, con el fin de lograr su propio poder político.

Limpió algunas esquirlas bederistas, pero muchas se pasaron a su bando sin ponerse colorados.

Sin problemas en la Legislatura, como en los municipios, salvo la lucha con el intendente Alberto Paredes Urquiza, el gobernador decidió adelantar el receso estival y patear todo para el año que viene.

“Dios dirá”, responde sobre su reelección que asoció a peronistas y radicales para oponerse, al tiempo que abrió un buen canal de diálogo con el gobierno de Mauricio Macri, al lograr que La Rioja sea la única provincia con un artículo en el presupuesto nacional para garantizarle $4.240 millones extras.

El día de su asunción dijo: “Vamos a trabajar todos juntos y construir un diálogo profundo, productivo, también con los disensos que a veces son necesarios, pero con respeto y prudencia” y señaló que “cuando hablo del héroe colectivo me refiero a que todos somos importantes para aportar un granito de arena y alcanzar La Rioja que todos queremos”.

Hace tres años sostuvo también que  “vamos a mostrar con transparencia los fondos que ingresan a nuestras arcas provinciales” para expresar una administración prudente y responsable.

Casas se lo critica porque participa de procesiones de santos, asiste a una misa, termina bailando, sale a trotar o andar en bici, y hasta cuando se involucra en algún operativo institucional para llamar la atención de la sociedad (como donar sangre), pero lo que no se escucha que se lo relacione a un hecho de corrupción.

La imagen negativa hasta hace siete meses estaba emparentada porque no se veía como el gobernador elegido por los riojanos sino por una persona manejaba por Beder Herrera.

Hoy aprendió a ser gobernador, juga con los tiempos, pone nerviosos a propios y extraños, y el macrismo puro lo alienta para que siga, aunque es justicialista.