Misión Juvenil navideña de la mano de los mártires riojanos

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Animados por la proximidad de la Navidad, catorce jóvenes de la comunidad de la basílica Nuestra Señora de los Dolores, en Villa Dolores, Córdoba, acompañados por el padre Juan Pablo Díaz y el seminarista Agustín Sánchez, visitaron los hogares de San Carlos Minas. 

Allí, recorrieron el pueblo invitando a la comunidad a dejarse cautivar por la sencillez de Jesús que se hace niño y que viene a hacer nuevas todas las cosas. 

En ese sentido, los misioneros dejaron en las casas una imagen del pesebre hecho por ellos mismos, para que la familia rece mirando a los ojos al Dios bebé. 

Los jóvenes eligieron la localidad de San Carlos Minas porque allí vivió el mártir fray Carlos de Dios Murias, que será beatificado el próximo 27 de abril en La Rioja junto al monseñor Enrique Angelelli, el padre Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera. 

El padre Carlos nació en la ciudad Córdoba el 10 de octubre de 1945, fue bautizado en La Falda al mes siguiente. Cuando era niño, sus padres se separaron, él se quedó con su madre en La Falda y su padre se fue a vivir a San Carlos Minas, donde tenía propiedades y fue un poderoso caudillo político. 

Carlos iba frecuentemente a visitar a su padre en San Carlos Minas, a su estancia que se llamaba Palo Azul. Pasaba sus veranos allí. Hasta que ingresó a la vida religiosa franciscana en 1975, sin el consentimiento de su padre que quería que su hijo continúe con los negocios de él. 

El padre Carlos fue ordenado sacerdote por monseñor Angelelli el 17 de diciembre de 1972. En 1975 pidió permiso en su congregación para desarrollar su ministerio en la diócesis de La Rioja, donde estaba monseñor Angelelli. Su vida fue coronada por el martirio el 18 de julio de 1976 cuando la Policía Federal lo secuestró junto al padre Longueville, los torturaron y los mataron. 

Durante la misión, los jóvenes pudieron recolectar testimonios de la gente que conoció al Fray Carlos. Agustín, uno de los misioneros, comentó que charló con una señora que lo recuerda como un joven alegre, que le gustaba tocar la guitarra. También recordaba con alegría cuando, ya sacerdote, fue una vez a celebrar la Misa en la parroquia del pueblo, una gran emoción para los vecinos que lo conocían desde chico. 

El misionero también tuvo la gracia de visitar providencialmente a la señora que se casó con el padre de fray Carlos, cuando éste se separó de su primera esposa. La señora de 86 años le contó que ella quería a Carlos como un hijo, que era un chico bueno y que fue una gran alegría para ella cuando se hizo sacerdote, aunque para su esposo no. 

Emocionada le contaba que desde que se enteró que Carlos había muerto ella le reza con la certeza que está en el cielo escuchando el clamor de los más pobres e intercediendo por ellos. 

La misión culminó con la misa en la parroquia del pueblo, bajo el patronazgo de la Inmaculada Concepción, dando gracias a Dios por ese día vivido, agradeciendo la disponibilidad del párroco, el presbítero Marcelo Rivarola, y de todos los vecinos que generosamente abrieron las puertas a los misioneros y compartieron con ellos unos mates entre historias de vida iluminadas por la fe.