
Es muy simple entender: el actual gobierno de La Rioja no tiene un interlocutor con la jefa del proyecto nacional, que se llama Cristina Fernández de Kirchner. El gobernador Ricardo Quintela empezó a fortalecer la relación con el presidente Alberto Fernández hasta que llegó la pandemia.
Lo había entusiasmado para que oxigene las arcas riojanas, pero luego se desató la crisis sanitaria y solo llega el goteo diario de la coparticipación federal y la Ayuda del Tesoro Nacional (ATN) que es excepcional.
Hoy Quintela gasta más dinero de lo que ingresa a una provincia que no genera nada, ni minería. El gobierno provincial no cuenta con alguien que llegue a Cristina, la que tiene la última palabra en todo. Solo habla por videoconferencias con los ministros y hasta con el presidente, que se muestra muy molesto por los últimos papelones riojanos. También se deja trascender de un cruce por Whatsapp.
Allí aparece Beder Herrera, ex gobernador, ex ministro, ex jefe de gabinete, ex vicegobernador, ex diputado y especialmente quien estuvo en las malas de la vicepresidenta cuando la visitaba en el Instituto Patria.
Hasta el riojano se dio el lujo público de visitar al ex ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, en la cárcel por ser amigo y con Néstor Kirchner se llevaba muy bien.
Esto se habla en el seno del gobierno quintelista, mientras que la lógica de la construcción de poder desde la Residencia Oficial es lanzar iniciativas solo basadas en el otorgamiento de dinero, aunque nadie sabe qué pasará cuando baje la coparticipación federal.
Quintela ha insistido que tendrá muchos problemas para hacer frente a los próximos pagos de salarios. El gran dolor de cabeza es el medio aguinaldo.
A este ritmo el gobierno provincial debe desechar sus proyectos para los próximos cuatro años y solo esperar las migajas que lleguen desde la Casa Rosada.
Hasta ahora Alberto Fernández cumplió con lo establecido en forma institucional con La Rioja. En La Rioja de Néstor y Cristina se hicieron miles de viviendas, entre otras grandes obras públicas.
Beder Herrera recluído en su domicilio particular no recibe a nadie, salvo llamados telefónicos. Hombres del gobierno hablan cada día más de él. Claro está que su sola presencia en un encuentro político se lleva toda la atención.
El ex gobernador comparte el criterio de muchos que el gobierno provincial gasta más de lo que le ingresa y eso es sumamente peligroso. Además no avala el armado de una mega estructural con cargos ejecutivos. Dos aspectos que Beder Herrera no tendría inconvenientes de eliminarlos.
Cuentan que el ex diputado pensaba con regresar a la vida pública en el tercer trimestre al Partido Justicialista, pero hasta él adelantó los tiempos al pedir apoyo a la actual administración quintelista, a través de su cuenta en Twitter.
Beder Herrera siempre crea la necesidad de ser un mal necesario y hoy más en La Rioja con ser el interlocutor que no tiene Quintela con Cristina Fernández de Kirchner, la mujer que tiene mucha memoria de lo que le pasó cuando fue presidenta y cuando estuvo en el llano.



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