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El ocaso del «quintelismo»: tras la derrota en la Capital, Gabriela Pedrali se perfila como el único refugio de poder después de 2027

El revés en las elecciones legislativas dejó al sector del gobernador Ricardo Quintela «diezmado» y con el sueño de la continuidad herido de muerte. Con el fin de mandato a la vista, la diputada nacional y madre de los hijos del mandatario será la única figura del riñón oficialista con cargo asegurado después del 10 de diciembre de 2027.


El resultado de las últimas elecciones legislativas en la Capital no fue solo una derrota electoral; fue un golpe de nocaut para el proyecto de poder a largo plazo de Ricardo Quintela. Con el distrito más importante de la provincia dándole la espalda, el «quintelismo» ve cómo su hegemonía se apaga día a día y el sueño de imponer un sucesor propio se desvanece entre la crisis de gestión y el rechazo en las urnas.

En los pasillos de la Residencia Oficial ya se hacen cuentas a futuro y el saldo es desolador. El 10 de diciembre de 2027, cuando Quintela entregue la banda de gobernador, la estructura de poder que construyó durante años quedará reducida a su mínima expresión. De todo el aparato estatal y político, lo único que le quedará al quintelismo puro son dos años más de mandato de la diputada nacional Gabriela Pedrali.

El último bastión familiar

Pedrali, madre de los hijos del gobernador y figura central de su mesa chica, tiene mandato en la Cámara Baja hasta 2029. En un escenario de retirada y dispersión de tropas, ella se convertirá en el único refugio institucional del espacio, la última trinchera desde donde el quintelismo podrá mantener voz y fueros nacionales mientras el peronismo local se reconfigura inevitablemente bajo nuevos liderazgos.

Mientras el poder territorial se escurre, la legisladora busca mantener el perfil alto en el Congreso, confrontando con la Casa Rosada para fidelizar el voto duro. «Desde la Comisión de Cultura pusimos en valor iniciativas que se impulsan desde las mismas provincias con el objetivo de defender la cultura como trabajo, identidad y patrimonio nacional», expresó Pedrali recientemente.

Su discurso apunta a polarizar con la gestión de Javier Milei, denunciando a un gobierno que «desfinancia y ataca al sector». Sin embargo, en La Rioja, la lectura es otra: su banca es el «seguro de vida» político de un clan que empieza a despedirse del control provincial.

Mística para contener la fuga

Con el barco haciendo agua tras el veredicto de las urnas capitalinas, otras espadas del quintelismo intentan apelar a la emotividad para evitar la diáspora de dirigentes. Es el caso de Luz Santangelo Carrizo, funcionaria clave y pieza del armado político, quien aprovechó el Día de la Militancia para enviar un mensaje de resistencia interna.

«Día de memoria, reconocimientos y abrazos con compañeros y compañeras. Ser militante es eso: elegir al otro. Y esa elección, cuando es sincera, no se apaga nunca», posteó Santangelo.

La frase «no se apaga nunca» suena más a una expresión de deseos que a una realidad política. La derrota legislativa ha dejado al sector «muy diezmado» y sin capacidad de reacción. La «elección sincera» a la que apela Santangelo choca contra el pragmatismo de los intendentes y dirigentes territoriales que, olfateando el fin de ciclo, ya empiezan a mirar hacia otros horizontes para 2027.

El futuro del quintelismo, que alguna vez soñó con proyectarse nacionalmente o perpetuarse en la provincia, hoy parece caber en una sola banca del Congreso.

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