El intendente de la Capital abrió un frente de conflicto con las órdenes religiosas que administran a distancia Santo Domingo y San Francisco; la creación de una «mesa de riojaneidad» para investigar la titularidad de las tierras y el reclamo urbano por el Regimiento 15
En un movimiento que combina la reivindicación histórica con la necesidad de planificación urbana, el intendente de La Rioja, Armando Molina, decidió abrir una discusión de fondo sobre la soberanía territorial de la ciudad. El jefe comunal lanzó una ofensiva política e institucional para investigar la titularidad y el uso de dos de las joyas arquitectónicas más antiguas de la provincia: los conventos de Santo Domingo y San Francisco. Bajo la premisa de que «la propiedad es de los riojanos», el municipio busca poner fin a la administración a distancia de estas órdenes religiosas y advierte sobre el riesgo de negocios inmobiliarios en el casco histórico.
La iniciativa se formalizará a través de una «mesa de riojaneidad», un espacio convocado por Molina que pretende sentar a historiadores, juristas y referentes políticos —oficialistas y opositores— para definir, de una vez por todas, a quién pertenecen esas tierras que fueron distribuidas por el fundador Pedro Ramírez de Velasco a finales del siglo XVI.
El reclamo: «Cobran los cordobeses, arregla el Municipio»
El nudo del conflicto es económico y patrimonial. Molina expuso una realidad que irrita a la gestión local: el abandono de los edificios históricos contrasta con la explotación comercial de sus predios. «Golpeás la puerta a los franciscanos y están en Catamarca. Golpeás la puerta a los dominicos y están en Córdoba. ¿Quién cobra la playa de estacionamiento? Los cordobeses», graficó el intendente con crudeza.
El Convento de Santo Domingo, declarado Patrimonio Nacional en 1931, es el ejemplo más visible de esta tensión. Según el jefe comunal, fue el Estado provincial y municipal el que debió financiar las obras de restauración y la creación del museo in situ para salvar una estructura que es «una de las identidades más profundas» de la ciudad. Mientras tanto, tesoros como el naranjo histórico, los túneles coloniales y la cripta del hijo de Facundo Quiroga permanecen vedados al público. «No tiene por qué estar cerrada, tiene que abrirse a la gente», exigió Molina.
El fantasma de la especulación inmobiliaria
Detrás de la retórica histórica se esconde un temor concreto: la venta de tierras estratégicas. Molina advirtió sobre la posibilidad de que la ciudad se despierte un día con desarrollos privados en lugares sagrados para la memoria colectiva. «Que no nos vayamos a sorprender que comiencen a hacerse edificios en tierra de los riojanos», alertó.
Para blindar su estrategia, el intendente buscó socializar la responsabilidad. Convocó al obispo Dante Braida y a figuras locales de diverso espectro, como Gustavo Galván, Juan Carlos Giuliano y las familias tradicionales vecinas de los templos, para revisar los títulos de propiedad que datan de 1592. El objetivo es jurídico pero el mensaje es político: recuperar el control de la traza urbana fundacional.
El frente militar: el Regimiento 15
La revisión del mapa urbano no se detiene en la Iglesia. Molina también apuntó sus cañones contra el Regimiento de Infantería de Montaña 15, un enorme predio militar que ha quedado «descontextualizado» en el corazón de la ciudad moderna, frente a la Universidad y el Parque de las Juventudes.
Con un estilo directo, el intendente cuestionó el estado de abandono del lugar y planteó la necesidad de integrarlo al tejido urbano. «Esa tierra no es del Ejército de la Luna», ironizó, sugiriendo que las hectáreas militares deben transformarse en «ciudad» transitable y útil para los vecinos, en lugar de ser un enclave cerrado.
La jugada de Molina es ambiciosa: busca redefinir el poder del Estado municipal sobre actores de peso histórico como la Iglesia y las Fuerzas Armadas, bajo la bandera de la identidad y el uso público del espacio. Resta ver si la «mesa de riojaneidad» logra transformar estos reclamos en escrituras y parques, o si todo queda en una disputa retórica por la memoria de la ciudad.





