Fernando Torres, secretario de Servicios Públicos y esposo de la vicegobernadora, renunciaría junto a toda la tropa «maderista». El intendente aprovecharía el éxodo para fusionar áreas y «dibujar» un ajuste tras la derrota en el distrito contra La Libertad Avanza.
El peronismo de la ciudad de La Rioja viviría horas de fractura expuesta. Tras el revés electoral en el distrito capitalino, la alianza de gobierno municipal habría implosionado: el sector que responde a la vicegobernadora Teresita Madera habría decidido alejarse definitivamente de la administración del intendente Armando Molina.
La ruptura se materializaría con la salida de funcionarios de primera línea. La baja más sensible sería la de Fernando Torres, actual secretario de Servicios Públicos y esposo de la vicegobernadora, quien dejaría el cargo junto a los demás referentes «maderistas» que ocupan sillas en el Palacio Ramírez de Velasco. El vaciamiento del gabinete marcaría el fin de la convivencia política entre las dos facciones mayoritarias del PJ local en la gestión de la ciudad.
La estrategia del «falso achique»
Lejos de nombrar reemplazos, el intendente Molina buscaría capitalizar la crisis política para enviar un mensaje de supuesta austeridad. Según fuentes municipales, el plan sería «unificar la Secretaría de Servicios Públicos con Obras Públicas».
De esta manera, el poder de la infraestructura y el mantenimiento urbano quedaría concentrado bajo el mando de Gonzalo Busto, actual titular de Obras Públicas y hombre de confianza del jefe comunal.
La lectura política de esta reingeniería sería clara: Molina «dibujaría» un achicamiento del Estado municipal. La maniobra apuntaría a sintonizar con el clima de época y responder al mensaje de las urnas, tras haber perdido en la capital con La Libertad Avanza, una derrota que habría dejado al oficialismo local sin margen para sostener estructuras políticas sobredimensionadas.
Con la eventual salida del «maderismo», Molina se encerraría en su círculo más cercano, intentando mostrar gestión y reducción de gastos, mientras la grieta interna del oficialismo riojano se profundizaría de cara al futuro.





