En un almuerzo con diputados, el Gobernador confirmó que Ricardo Herrera —quien acaba de dejar el Congreso— será el nuevo Secretario General. La movida incluye repatriar a Gabriela Pedrali como «superministra» y cambiar el sistema electoral para contener la interna.
Lo que comenzó como un almuerzo de fin de año con un grupo de diputados provinciales terminó convirtiéndose en la mesa de diseño del futuro político de La Rioja. Este jueves, entre plato y plato, Ricardo Quintela no solo reordenó su gabinete para la segunda mitad del mandato, sino que dio la señal de largada para la carrera de 2027 con una jugada a tres bandas: un nuevo jefe para la gestión diaria, una candidata ungida y un cambio de reglas electorales en el horizonte.
El primer anuncio fue la confirmación de un secreto a voces. Quintela informó a su tropa que Ricardo «Ricky» Herrera, quien finalizó su mandato como diputado nacional el pasado 10 de diciembre, será el nuevo Secretario General de la Gobernación. La elección no es casual: el mandatario busca a un «alfil» con experiencia legislativa y cintura política para controlar la firma y la «rosca» diaria en la Casa de las Tejas, liberándose para la conducción estratégica.
El «Plan Pedrali» y el Ministerio del Interior
Pero la llegada de Herrera es apenas la base operativa para el verdadero objetivo político: la sucesión. Según confirmaron altas fuentes del oficialismo, el quintelismo activó el operativo retorno de Gabriela Pedrali.
La estrategia diseñada en la residencia oficial implica que la actual diputada nacional renuncie a su banca o pida licencia para asumir en un ministerio de alto perfil político —se baraja una Cartera de Interior o Gobierno ampliada—. El objetivo es darle vidriera de gestión y recorrido territorial para instalarla como la candidata natural a gobernadora en 2027. Quintela entiende que, para retener el poder, necesita a su figura más competitiva recorriendo la provincia con la chequera y las soluciones ejecutivas en la mano.
La herramienta: vuelve la Ley de Lemas
La instalación de Pedrali, sin embargo, choca con las aspiraciones de otros pesos pesados del PJ local. Para evitar una fractura, el gobierno ya puso sobre la mesa la herramienta para contener a todos: la Ley de Lemas.
El encargado de blanquear la jugada fue Ernesto Pérez, ministro de Producción, quien rompió el tabú. «Creo que la Ley de Lemas puede llegar a resolver las candidaturas y expectativas individuales de los compañeros», sentenció el funcionario, argumentando que es el mecanismo ideal para dirimir las ambiciones sin romper el frente.
Pérez no dudó en ponerle nombre y apellido a la interna que se viene, mencionando a figuras como la vicegobernadora Teresita Madera, la senadora Florencia López, el intendente capitalino Armando Molina y el chileciteño Rodrigo Brizuela y Doria. «Todos tienen un gran valor, pero tienen que expresar que quieren ser candidatos», desafió.
El «gran elector»
La lógica del quintelismo es pragmática: con la Ley de Lemas, todos estos dirigentes podrían presentarse como candidatos a gobernador bajo el mismo paraguas letrado, sumando sus votos al lema del oficialismo (donde Pedrali sería la apuesta principal de la Casa de Gobierno).
«El gran elector del 2027 será Ricardo, por su condición de actual gobernador y toda la experiencia política», remató Pérez, dejando en claro que, aunque se cambien las reglas o los nombres, la lapicera final la sigue teniendo Quintela. Con Herrera en la Secretaría General y el debate electoral abierto, el gobernador ya empezó a jugar su propia reelección… a través de terceros.





