El gobernador no logró incluir los fondos extra en el Presupuesto y perdió el respaldo de la liga de mandatarios peronistas en su cruzada contra la Casa Rosada; mientras descansa en Cariló, se agita la interna por su herencia política ante el avance libertario.
La imagen de la silla vacía en el Tinkunaco, la ceremonia religiosa y política más trascendente de la identidad riojana, operó como el símbolo perfecto del momento que atraviesa Ricardo Quintela. El gobernador decidió ausentarse del tradicional encuentro entre el Niño Alcalde y San Nicolás de Bari, un evento que ningún mandatario provincial suele despreciar por su peso simbólico ante la sociedad. Sin embargo, la ausencia física en la plaza 25 de Mayo es apenas el reflejo de un repliegue mayor: Quintela enfrenta su hora más compleja, marcado por la asfixia financiera de la Nación y un temprano, pero feroz, debate por su sucesión.
Mientras en la capital provincial la temperatura política subía al ritmo del verano, diversas fuentes ubicaron al mandatario lejos del calor riojano. Quintela estaría recluido en la propiedad de un empresario cordobés en la exclusiva localidad de Cariló, buscando oxígeno tras un fin de año adverso en la gestión.
La estadía en la costa atlántica contrasta con la dureza de los números que maneja su administración. La estrategia de confrontación directa con Javier Milei no rindió los frutos esperados. La Rioja no pudo incluir los recursos extracoparticipables —vitales para el funcionamiento de la provincia— en el Presupuesto Nacional. La derrota legislativa dejó al descubierto una nueva configuración de poder en el peronismo federal: los demás gobernadores del PJ no apoyaron a Quintela en su reclamo de fondos.
«Cada uno cuida su quinta y nadie quiso comprar una pelea ajena con la Casa Rosada por la plata de La Rioja», admiten en los pasillos del Congreso, confirmando que la solidaridad partidaria encontró su límite en la billetera. El riojano quedó solo en su cruzada, y el costo político de esa soledad comienza a pagarse en el territorio.
El fin de una era y la sombra de La Libertad Avanza
El escenario se agrava por una certeza constitucional: Quintela no tiene reelección. El «pato rengo» —como se denomina en la jerga política al mandatario que transita su último mandato sin posibilidad de continuidad— ve cómo su poder de fuego disminuye día a día.
Las últimas elecciones legislativas funcionaron como un llamado de atención que todavía resuena en la residencia oficial. Si bien el peronismo logró retener la mayoría, la victoria fue pírrica: ganó por muy pocos votos a La Libertad Avanza, una fuerza que en La Rioja, cuna histórica del justicialismo, creció de manera exponencial. El margen de error para el oficialismo local desapareció.
La danza de nombres y la «heredera»
Ante la imposibilidad de reelegir, la maquinaria electoral del oficialismo cruje por las ambiciones internas. En el entorno del gobernador deslizan que Quintela se podría volcar por la vicegobernadora Teresita Madera para que lo suceda en el sillón de Facundo Quiroga. Madera aparece como la ficha natural para garantizar la continuidad del proyecto, pero la debilidad del conductor abre el juego.
«Hay muchos postulantes oficialistas para el mismo sillón y no todos acatarán una orden digitada desde arriba», advierten punteros del PJ local. La falta de recursos para contener a la tropa y la ausencia de un liderazgo ordenador nacional convierten a la sucesión en La Rioja en un campo minado.
Sin los fondos extra de la Nación, con sus pares gobernadores mirando hacia otro lado y la oposición libertaria respirándole en la nuca, el descanso de Quintela en Cariló parece ser la calma que antecede a un año de tormenta política definitiva para el peronismo riojano.