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Gestión de supervivencia en La Rioja: sin fondos extra de la Nación, el intendente Molina se refugia en el bacheo y los concursos barriales para mostrar actividad

El jefe comunal de la Capital hace malabares para sostener la administración ante el recorte del Presupuesto Nacional 2026 que golpea a la provincia. Lejos de las grandes obras, la agenda municipal se reduce al mantenimiento callejero y la contención cultural para pilotear la crisis.


El intendente de la ciudad de La Rioja, Armando Molina, activó el modo «supervivencia». Atrapado en la pinza del ajuste nacional y la asfixia financiera que sufre la provincia, el jefe comunal trata de subsistir en su gestión con una estrategia minimalista: mostrar presencia territorial con recursos escasos ante la ausencia de partidas extras en el Presupuesto Nacional.

La realidad económica de 2026 impuso un freno de mano a la obra pública de envergadura. Sin la inyección de fondos que solía oxigenar las arcas municipales a través de la coparticipación provincial —hoy estresada al máximo—, Molina apeló a la microgestión para mantener la operatividad de la ciudad.

Bacheo como única obra

La prioridad se redujo a lo esencial: tapar los huecos. En sus redes sociales, el intendente intentó capitalizar las tareas de mantenimiento como un logro de gestión en tiempos de vacas flacas. «BACHEAMOS», anunció con mayúsculas, para luego detallar el objetivo de las cuadrillas municipales: «Seguimos TRABAJANDO en las calles para tener una circulación SEGURA y ORDENADA».

El mensaje busca transmitir movimiento en una capital que siente el impacto del parate económico. Sin capacidad para anunciar pavimentaciones masivas o nuevos desarrollos urbanos, el «bacheo» se convierte en la única respuesta tangible que el municipio puede ofrecer al vecino para evitar el deterioro total de la infraestructura vial.

Tradición y contención social

Paralelamente a la reparación de calles, Molina se recuesta en la agenda cultural y tradicional para mantener el vínculo con los barrios. El inicio del año político no fue con anuncios de inversión, sino con la premiación de concursos costumbristas, una actividad de bajo costo fiscal pero alto impacto simbólico en la comunidad.

«INICIAMOS la primera semana del año 2026, acompañados por las y los GANADORES de PESEBRES VESTIDOS y PACOTAS», destacó el intendente. En un intento por levantar el ánimo social, Molina valoró a quienes «con CREATIVIDAD y COMPROMISO participaron de esta propuesta que celebra nuestras tradiciones y que mantienen VIVO el ESPÍRITU de la ciudad».

La foto de Molina entregando premios a los pesebres barriales contrasta con la tensión que se vive en los despachos provinciales por la falta de dinero. Es la postal de una gestión que, ante el cierre del grifo nacional, se ve obligada a administrar la escasez y celebrar la tradición para disimular la falta de futuro financiero.

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