El ex vicegobernador irrumpió en el debate público con un diagnóstico crudo sobre el estado de las escuelas. Apuntó a la infraestructura deteriorada, la currícula obsoleta y el ausentismo docente. Advierte que la educación dejó de ser una discusión ideológica para convertirse en una «urgencia social» en una provincia asfixiada por el déficit y la falta de rumbo.
La crisis en La Rioja ya no se limita a los números rojos de las finanzas provinciales; ahora golpea en la línea de flotación del futuro: las aulas. Néstor Bosetti, ex vicegobernador y referente político, reapareció en la escena central con un análisis descarnado sobre el sistema educativo local.
Lejos de los eufemismos, calificó la situación como una «urgencia social» y denunció un deterioro sostenido que atrapa a docentes y alumnos en un «modelo agotado».
El diagnóstico de Bosetti llega en un momento de extrema fragilidad para la administración provincial. Según los datos fiscales del tercer trimestre de 2025, La Rioja cayó en déficit financiero y enfrenta una deuda pública nominada en un 95,1% en dólares, un escenario que deja poco margen para la inversión que el sistema reclama.
Sueldos de pobreza y desmotivación
El primer punto del reclamo apunta directo al bolsillo. «El primer síntoma es económico», sentenció Bosetti. El dirigente advirtió sobre los «salarios docentes atrasados, que no alcanzan y obligan a muchos maestros y profesores a multiplicar horas o buscar otros trabajos».
Para el ex vicegobernador, la ecuación es simple y dramática: «Con sueldos de subsistencia, es imposible exigir excelencia, capacitación continua o innovación en el aula». Esta realidad salarial se enmarca en una provincia donde el empleo privado cayó un 12,9% desde el cambio de gobierno nacional y donde el gasto público crece cuatro veces más rápido que los ingresos, licuando cualquier intento de recomposición real.
Escuelas que expulsan
El segundo eje de la crítica se centra en la infraestructura, un sector paralizado por el derrumbe de la obra pública nacional, cuya inversión en construcciones en la provincia cayó un 99,2% en 2025. Bosetti describió un paisaje de «edificios escolares en mal estado, aulas deterioradas y falta de mantenimiento».
La definición fue contundente: «Escuelas que deberían ser espacios de aprendizaje terminan siendo lugares que expulsan más de lo que contienen». La falta de recursos básicos y los problemas edilicios históricos, agravados por la sequía de fondos para obras de capital, configuran un escenario de abandono que impacta directamente en la calidad educativa.
Contenidos viejos y la polémica docente
Más allá de los ladrillos y los salarios, Bosetti puso el dedo en la llaga sobre qué se enseña y cómo se enseña. Denunció que la currícula está «desactualizada, desconectada del mundo real y del mercado laboral». Según su visión, el sistema insiste en «enseñar con esquemas del pasado a chicos que viven en un presente completamente distinto».
Pero el ex funcionario también se animó a tocar un tema tabú en la política local: el desempeño de los maestros. «A este escenario se suma otro dato incómodo: la falta de compromiso de una parte del cuerpo docente», disparó. Aunque aclaró que no busca generalizar, reconoció que «hay ausentismo, desmotivación y rutina, síntomas claros de un sistema que dejó de estimular y exigir».
Frustración y futuro hipotecado
El cierre de su análisis puso el foco en las víctimas del sistema: los estudiantes. Bosetti alertó que los jóvenes sienten que la escuela «no les sirve para el futuro» y que el modelo actual, lejos de abrir puertas, «genera frustración y desencanto».
La conclusión de Bosetti suena como una advertencia final para la clase dirigente riojana: «Sin inversión, sin reforma profunda y sin compromiso colectivo, no hay educación posible. Y sin educación, no hay desarrollo, ni presente, ni futuro».





