Ante las trabas legales para un nuevo mandato del actual gobernador, la diputada nacional emerge como la sucesora natural. Su poder se asienta en el manejo de una «caja» propia a través del Plan Angelelli y su control en las sombras del Ministerio de Desarrollo. El rol de custodia política en Canadá y los USD 180 millones de Arauco para oxigenar el recambio.
El globo de ensayo lanzado por el asesor Fabián de la Fuente sobre la continuidad de Ricardo Quintela en el poder chocó rápidamente con un muro de realidad institucional: la Constitución provincial. En el oficialismo riojano saben que forzar una reelección es un camino empinado y peligroso, un fantasma que trae a la memoria el intento fallido del exgobernador Sergio Casas. Por eso, ante la posibilidad concreta de que el actual mandatario deba dar un paso al costado en 2027, en el laboratorio quintelista ya está en marcha el operativo sucesión. Y tiene nombre y apellido: Gabriela Pedrali.
La actual diputada nacional no es solo la dirigente más leal al gobernador, sino que se ha convertido en su innegociable «Plan B». Su rol de extrema confianza quedó en evidencia durante la reciente cumbre minera en Toronto, Canadá. Pedrali no viajó únicamente para la foto oficial; en los pasillos políticos de La Rioja se lee su presencia como una «custodia» directa sobre los movimientos de la vicegobernadora Teresita Madera, quien encabezó la delegación.
Pero el verdadero peso específico de Pedrali no radica solo en la confianza del gobernador, sino en el manejo de los recursos. En tiempos donde la motosierra nacional secó los fondos provinciales, la legisladora es la única dirigente del esquema oficialista que conserva una «caja» propia. Lo hace a través de la administración del Plan Angelelli, el ambicioso programa destinado a la construcción de viviendas sociales.
A este músculo financiero se le suma un poder político subterráneo pero innegable: en los despachos riojanos es un secreto a voces que Pedrali es quien maneja en las sombras el Ministerio de Desarrollo, cartera que formalmente conduce Alfredo Menem. Esta estructura le otorga el despliegue territorial y la contención social indispensables para cimentar cualquier candidatura a la gobernación.
Para que este andamiaje político llegue a buen puerto, la gestión necesita garantizar la supervivencia económica en medio de su feroz disputa con el gobierno de Javier Milei. Es aquí donde la inminente venta del Parque Eólico Arauco se vuelve una cuestión de Estado para el quintelismo.
Los 180 millones de dólares que dejaría la operación representan el oxígeno vital no solo para que Quintela pueda garantizar la gobernabilidad y pagar los sueldos hasta el final de su mandato, sino para financiar la transición hacia su dirigente más fiel. Si la justicia o la política le cierran la puerta a Quintela para un nuevo período, la caja de Arauco será el combustible para que Pedrali intente retener la provincia y resguardar el poder del actual gobernador cuando le toque abandonar el sillón principal.





