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Amague de achique y reciclaje político: Quintela frena los cambios de gabinete y sostiene a funcionarios de la «vieja guardia»

A pesar del pedido de renuncias masivas para reducir la estructura del Estado, el gobernador de La Rioja decidió freezar la reestructuración. La insólita máxima provincial de que «equipo que inicia, no se cambia» contrasta con la era de la motosierra de Javier Milei. El caso del ministro de Salud, Juan Carlos Vergara, un sobreviviente de la era Beder Herrera que sigue atornillado a su silla.


Lo que en los pasillos de la Casa de las Tejas se anunció como una inminente purga para oxigenar la gestión y achicar el gasto político, terminó siendo tan solo un espejismo. A pesar del pedido formal de renuncias a todo su gabinete, el gobernador Ricardo Quintela decidió que, hasta hoy, los cambios y la mentada reducción de la estructura del gobierno queden en la nada. En La Rioja parece regir un dogma político particular: no aplica la regla del «equipo que gana no se toca», sino una versión mucho más conservadora donde «equipo que inicia una gestión, no se cambia».

Esta resistencia a modificar los nombres del poder exhibe un apego a viejos estilos de la política tradicional, un modelo que choca de frente con la época marcada por la administración de Javier Milei a nivel nacional, donde la narrativa de la motosierra, la reducción del Estado y la rotación constante de funcionarios marcan el pulso diario. Mientras la Casa Rosada achica ministerios, la gestión riojana opta por el inmovilismo de su organigrama.

El ejemplo más claro de esta supervivencia política y del reciclaje de figuras es el actual ministro de Salud de la provincia, Juan Carlos Vergara. Lejos de representar una renovación, Vergara es un rostro más que conocido para los riojanos: ya ocupó exactamente el mismo cargo durante la gobernación de Luis Beder Herrera. Hoy, años después y bajo el paraguas del quintelismo, se mantiene inamovible manejando una de las carteras más sensibles del Estado.

Mientras las versiones de renuncias y recortes se diluían, los funcionarios de la vieja guardia continuaron con su agenda habitual, mostrando que el aparato sigue funcionando con las mismas caras de siempre. La semana pasada, como si ningún temblor político hubiera amenazado su puesto, Vergara se mostró activo y sonriente participando del acto de graduación de 65 nuevos enfermeros universitarios.

El evento, fruto de un convenio articulado entre el Ministerio de Salud, FATSA, el gremio ATSA y la Universidad ISALUD, sirvió de escenario perfecto para la foto política. Allí, el incombustible ministro se dejó ver junto a pesos pesados del sindicalismo sanitario, como Nicolás de la Fuente (ATSA La Rioja) y autoridades universitarias locales y nacionales. Una postal de normalidad institucional que confirma que, en la tierra de Quintela, el reloj de la renovación política sigue detenido.


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