miércoles, 20 de mayo de 2026 La Rioja, Argentina
Economía

Coparticipación y feudalismo: el duro diagnóstico de Martín Menem sobre La Rioja tras el reclamo de Mendoza

El presidente de la Cámara de Diputados recogió el guante frente al pedido del gobernador Alfredo Cornejo por una nueva ley de distribución de recursos.…

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Por Eduardo Nelson German
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El presidente de la Cámara de Diputados recogió el guante frente al pedido del gobernador Alfredo Cornejo por una nueva ley de distribución de recursos. En su respuesta, el legislador libertario desnudó el sistema de las provincias dependientes y apuntó directamente contra el modelo político riojano, acusándolo de ahogar al sector privado para perpetuarse en el poder.

El tradicional Almuerzo de Bodegas de Argentina, en el marco de la Fiesta Nacional de la Vendimia, sirvió como escenario para revivir uno de los debates más espinosos y postergados de la política argentina: la reforma de la Ley de Coparticipación.

Si bien el dardo inicial fue lanzado por el gobernador mendocino, Alfredo Cornejo, la respuesta del presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, el riojano Martín Menem, transformó un reclamo fiscal en una profunda radiografía política sobre cómo la actual distribución de recursos fomenta la existencia de provincias con características «feudales», poniendo a La Rioja en el centro del debate.

El modelo de la dependencia y el «miedo» al sector privado

Cornejo encendió la mecha al plantear que la matriz actual «no premia» a las jurisdicciones que apuestan por el crecimiento genuino, señalando que hay provincias que no tienen ningún interés en cambiar el esquema porque, sencillamente, «viven de la copa».

Fue allí donde Menem, lejos de esquivar el bulto ante la complejidad técnica de modificar la ley, llevó el análisis al terreno institucional y apuntó directamente al modelo de gestión de su provincia natal. Para el titular de la Cámara Baja, el problema de fondo no es solo contable, sino de control sociopolítico.

Menem expuso una dinámica perversa que se da en jurisdicciones altamente dependientes de los fondos nacionales: el ahogo sistemático al sector privado como herramienta de dominación electoral.

«Impiden que crezca el sector privado, porque si crece el sector privado —como en provincias como la mía— la gente empieza a ser libre y esas personas no los votan nunca más», diagnosticó el legislador libertario.

Esta lectura explica, desde la óptica del oficialismo nacional, la resistencia estructural a una reforma tributaria. Un flujo garantizado de fondos nacionales sin incentivos para la producción local permite consolidar Estados provinciales que operan como gigantescos empleadores, generando una dependencia que se traduce en sistemas electorales cautivos.

La Rioja, el caso testigo del «fracaso»

El tramo más contundente del análisis de Menem fue su referencia explícita a La Rioja, utilizándola como el ejemplo perfecto de los daños colaterales que genera el actual régimen de coparticipación cuando se combina con hegemonías provinciales de larga data.

El presidente de Diputados no ahorró calificativos para la administración riojana, afirmando que la provincia se encuentra «cooptada por un sector oscuro de la política» que ostenta el poder hace más de dos décadas. Para Menem, los resultados de este sistema clientelista sostenido por transferencias nacionales «están a la vista» y representan «un verdadero fracaso».

El desafío: de la trampa constitucional a la voluntad política

Mientras Cornejo desafió al Gobierno nacional a encarar la reforma con la misma convicción con la que lograron bajar el gasto público nacional («decían que era imposible… y el presidente Javier Milei lo ha logrado»), Menem aportó una cuota de realismo legislativo.

Modificar la coparticipación requiere de un consenso casi utópico y de modificaciones de raigambre constitucional. Sin embargo, el objetivo político a corto plazo trazado por Menem parece ser otro: exponer la asimetría moral del sistema. El plan del oficialismo es presionar («empujar», en palabras del riojano) a todas las provincias hacia la productividad, bajo la premisa de que solo la libertad económica que genera el sector privado puede desarmar los andamiajes políticos de aquellos gobernadores que han hecho de la dependencia estatal su principal capital electoral.

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