Ernesto Pérez es el único funcionario de peso que se atreve a defenderla, pero reconoce que «no tiene consenso en la Cámara»; Santander, Rejal y Casas advierten que sería un retroceso electoral
En medio del debate por el sistema electoral que regirá en 2027, la Ley de Lemas emergió como el eje de una grieta interna dentro del Peronismo riojano que pone en evidencia fracturas más profundas de lo que admiten públicamente los dirigentes. Mientras el ministro de Producción, Ernesto Pérez, es prácticamente el único funcionario de peso que la defiende —aunque con reparos—, legisladores peronistas como Juan Carlos Santander, Fernando Rejal y Sergio Casas se alinean en un rechazo frontal a la restauración de ese mecanismo, considerándolo contraproducente para los intereses electorales del oficialismo.
Pérez: «Me gusta, pero no hay consenso»
El ministro de Producción y Ambiente fue el primero en romper el silencio oficial respecto a la Ley de Lemas. En declaraciones recientes, Pérez se posicionó —con cautela— como el único funcionario importante que la defiende: «Yo estoy a favor de la Ley de Lemas», afirmó en una rueda de prensa. Sin embargo, inmediatamente agregó un matiz que revela el estado real de la correlación de fuerzas dentro de la Legislatura: «pero siempre hay un ‘pero’. La verdad es que en la Cámara de Diputados no tiene consenso».
Según Pérez, la percepción entre los legisladores es que la restauración de ese sistema es poco viable. «Me parece que no va a pasar; la Cámara va a dejar la ley actual o iremos por un sistema de internas abiertas o de consenso», sentó su posición el ministro. En otras palabras, Pérez reconoce que aunque él defienda la Ley de Lemas, carece de apoyo legislativo para que se concrete. Es una admisión implícita de que la iniciativa está muerta en la Legislatura.
Santander: «Sería un retroceso volver a ese sistema»
En contraposición, el diputado provincial Juan Carlos Santander fue categórico en su rechazo: «La Ley de Lemas es un sistema electoral que atrasa», sentencia que se repetiría entre otros referentes. Santander argumentó que el sistema actual —el de colectoras— ha funcionado bien porque «ha ganado el oficialismo y ha ganado la oposición en la Capital». Su conclusión fue tajante: «Yo no cambiaría el sistema electoral, cambiar a un sistema de Ley de Lemas sería ir para atrás».
El legislador, además, es uno de los pocos que se atreve a respaldar públicamente una candidatura específica: Teresita Madera. Pero incluso en eso, Santander pone énfasis en que cualquier definición debe salir del consenso, no de una interna que pudiera resultar costosa para la unidad del oficialismo.
Rejal y Casas: Internas abiertas, no Ley de Lemas
El rechazo a la Ley de Lemas también proviene de sectores que podrían parecer más conservadores. El senador nacional Fernando Rejal fue explícito: «Yo nunca estuve de acuerdo con la Ley de Lemas, desde que la sacamos siempre dije que había que dejarla sin efecto. Ojalá no se modifique el sistema electoral actual». Rejal, además, es proclive a las internas abiertas: «Me parece más legítimo un representante electo por internas abiertas. Lo óptimo es una interna abierta, en donde todos los riojanos puedan participar».
El ex gobernador y diputado nacional Sergio Casas va más lejos en su crítica. Considera que «no me parece un sistema representativo, las experiencias en las cuales se aplicó fueron perjudiciales, se da un voto indirecto de representación». Para Casas, la solución es clara: «Es mucho más sano el sistema de internas abiertas y en donde no tiene sentido la Ley de Lemas».
Ambos legisladores nacionales reconocen que la Ley de Lemas fue el mecanismo con el cual ganaron las elecciones en 1995 y tiempos posteriores, pero ahora consideran que ese sistema es ineficaz para la competencia electoral moderna.
¿Por qué surge el debate ahora?
La discusión sobre la Ley de Lemas no es casual. Su resurgimiento está directamente vinculado a la interna sucesoria que se avecina. Algunos sectores peronistas —incluyendo a Pérez— podrían ver en ese sistema una forma de fragmentar la oferta electoral de manera favorable a sus propias candidaturas. La Ley de Lemas permite que dentro de un mismo partido compitan múltiples fórmulas, lo que en teoría evita rupturas, pero en la práctica abre la puerta a internas complejas que pueden desgastar al ganador.
Pérez marca la cancha: «El candidato de mi espacio soy yo»
Es precisamente en este contexto donde cobra sentido la postura de Ernesto Pérez. El ministro no solo defiende la Ley de Lemas como un sistema de selección electoral, sino que su defensa —aun cuando reconoce que carece de apoyo legislativo— es también una estrategia de posicionamiento ante la carrera sucesoria. Pérez fue categórico al definir su propio espacio político: «El candidato de mi espacio soy yo. Armando (Molina) es un gran dirigente, lo quiero un montón y nos enseñó mucho en la política, al igual que Ricardo (Quintela), pero a esta altura de los acontecimientos, del espacio que yo represento —donde tenemos miembros en el Ejecutivo, concejales y diputados—, el candidato soy yo».
Pérez subrayó que su sector cuenta con la «suficiente autoestima y confianza» para dar la pelea política. «He sido secretario de la Juventud junto con Armando (Molina), fui su vicepresidente primero… pero nosotros también tenemos nuestra propia identidad», remarcó, dejando claro que no piensa ceder terreno. En otras palabras, mientras Pérez sostiene públicamente la defensa de la Ley de Lemas, lo que realmente está haciendo es reservándose un espacio en el tablero de la sucesión.
La interna detrás de la discusión electoral
Lo que está en juego en el debate sobre la Ley de Lemas es, en realidad, la arquitectura de la competencia sucesoria. Un sistema de colectoras o consenso tiende a producir un único candidato peronista, lo que generalmente beneficia al sector más fuerte o más consensuado. Las internas abiertas, en cambio, permiten que múltiples candidatos compitan y se diriman sus diferencias en las urnas. La Ley de Lemas va más allá: permite que dentro del mismo partido compitan múltiples fórmulas con sus propias estructuras, lo que fragmenta la oferta pero también diversifica las opciones.
Para Pérez, una Ley de Lemas podría ser favorable si su sector tiene la capacidad de armar una fórmula propia y competir sin necesidad de consensos previos que lo subordinen a otras figuras. Para los rechazadores de la medida —Santander, Rejal, Casas—, una definición por consenso o interna abierta parece más segura porque busca evitar fragmentación.
El diputado provincial peronista Juan Carlos Santander, uno de los más claros en su rechazo a la Ley de Lemas, expresó que el mecanismo actual «es bueno porque ha ganado el oficialismo y ha ganado la oposición en la Capital». Su posición también resguarda al ala del partido que podría considerarlo cercano a ciertos sectores, garantizando que la definición sucesoria no se fragmenta excesivamente.
La Legislatura como árbitro
Finalmente, el hecho de que Pérez mismo reconozca que la Ley de Lemas «no tiene consenso en la Cámara de Diputados» es revelador. La Legislatura Provincial está en posición de árbitro en esta disputa, y según los legisladores consultados, el peso de la opinión se inclina hacia el rechazo de la restauración de ese sistema. Rejal fue claro: «Ojalá no se modifique el sistema electoral actual». Casas fue aún más tajante en su diagnóstico del fracaso histórico de la Ley de Lemas como sistema representativo.
La Ley de Lemas fue el mecanismo electoral vigente en La Rioja hasta su derogación en 1995. Permitía que dentro de cada partido político compitieran múltiples candidatos agrupados en «lemas» o líneas internas, lo que en teoría evitaba fracturas pero en la práctica generaba internas complejas. El debate actual sobre su restauración en la provincia tiene precedentes: años atrás se propuso su reinstalación, pero no se obtuvo apoyo legislativo. Ahora es el peronismo quien internamente discute sobre este mecanismo, reflejo de una sucesión que se perfila compleja y con múltiples actores compitiendo por el liderazgo provincial.





