La contundente medida de fuerza impulsada por docentes y nodocentes paralizó la actividad en la Universidad Nacional de La Rioja. El vicerrector Luis Oviedo advirtió sobre el impacto del recorte presupuestario, el pedido por la Ley de Financiamiento Universitario y el drama de los alumnos del interior que no pueden costear sus traslados.
El conflicto universitario que atraviesa a la Argentina suma un nuevo y contundente capítulo desde el noroeste del país. En el marco de los reclamos salariales y presupuestarios que mantienen en vilo a la educación superior a nivel nacional, la Universidad Nacional de La Rioja (UNLaR) registró una jornada de paro con adhesión total por parte de los gremios docentes y nodocentes. La situación, que refleja el malestar generalizado en las casas de altos estudios, dejó al descubierto no solo la crisis salarial, sino también el crudo impacto económico que sufren los estudiantes.
El vicerrector de la institución, el ingeniero Luis Oviedo, brindó detalles sobre la compleja situación institucional y educativa. Según precisó, el acatamiento a la medida de fuerza ha sido altísimo, resintiendo gravemente el circuito universitario. A pesar de la decisión de las autoridades de mantener las puertas abiertas para aquellos que deseen asistir o trabajar, el paro visibiliza un reclamo que se articula en bloque con el resto del país.
El reclamo nacional y la Ley de Financiamiento
Para las autoridades de la UNLaR, el conflicto actual excede lo estrictamente provincial y se enmarca en la puja directa con el Ejecutivo Nacional por los fondos destinados a la educación. “Para nosotros es muy importante que se respete la Ley de Financiamiento Universitario, que fue aprobada por diputados y senadores en un acuerdo nacional”, sentenció Oviedo.
Este debate presupuestario se da en un contexto en el que el sector universitario analiza «a diario» los pasos a seguir de manera coordinada con los rectores de todas las universidades nacionales del país, intentando garantizar, en la medida de lo posible, que las mesas de exámenes y las trayectorias de los alumnos no se vean truncadas de forma irreversible.
El drama del interior y el boom de la minería
Más allá del reclamo docente, la profunda crisis económica nacional muestra su cara más severa en el alumnado. Oviedo reveló una realidad preocupante: muchos jóvenes del interior provincial se han inscrito en la universidad pero se ven imposibilitados de viajar a la capital riojana o de afrontar los gastos de alquiler. “Hay muchos avisos de departamentos en alquiler todavía, y eso significa que los chicos no están pudiendo venir o trasladarse”, lamentó el vicerrector.
A pesar de las adversidades económicas, los números de la UNLaR muestran una reconfiguración en los intereses de los jóvenes, empujados por las nuevas demandas del mercado laboral. De una preinscripción inicial de 12.000 alumnos, se consolidó una masa de 5.800 ingresantes por primera vez. El dato más resonante es el explosivo aumento en la carrera de Minería, que experimentó un crecimiento cercano al 300%. Este fenómeno responde directamente a la expectativa de desarrollo productivo y a las inversiones proyectadas en el sector minero para los próximos años en la provincia.
Gestión e infraestructura en tiempos de escasez
En medio de la tensión, desde el Rectorado buscaron destacar que los aportes realizados por los estudiantes han sido devueltos en forma de obras críticas para el cursado. Tras más de 7 años sin funcionar, se logró reparar el sistema de aire central de los anfiteatros y se acondicionó la biblioteca. “Para nosotros no es un lujo, sino una necesidad”, remarcó el ingeniero, subrayando que las mejoras también se extendieron a sedes del interior como Chamical y Chepes.
El escenario en La Rioja funciona hoy como un termómetro de la tensión educativa y social que escala a nivel país. Mientras las aulas permanecen vacías por la huelga, el mensaje desde el interior es claro: sin salarios dignos y sin financiamiento garantizado, el futuro de miles de estudiantes pende de un hilo.





