La caída del consumo, las tarifas eléctricas exorbitantes y el avance del comercio electrónico desataron una tormenta perfecta. Mientras el 80% del empleo es estatal y los sueldos pierden poder adquisitivo, los comerciantes huyen a la periferia. El Centro Comercial anunció un censo de urgencia para medir el dramático impacto.
El paisaje urbano de La Rioja está cambiando de forma acelerada y silenciosa. Las persianas bajas y los carteles de «se alquila» se han convertido en la nueva postal del micro y macrocentro de la capital provincial, un fenómeno que encendió las alarmas en el sector privado y que refleja, a escala local, las profundas asimetrías y los desafíos económicos que atraviesa la Argentina.
Según relevamientos recientes, desde diciembre se registra el cierre de al menos un local comercial por semana. Lo que comenzó como un goteo hoy amenaza con convertirse en un éxodo que no distingue trayectoria: incluso los comercios históricos están bajando la persiana, reinventándose o huyendo hacia los barrios periféricos.
«Realmente estamos en una economía que nos está arrasando», sentenció Juan Keulián, director del Centro Comercial de La Rioja. El diagnóstico del sector es contundente y expone una realidad alarmante donde «el consumidor que tenemos no alcanza para todos».
El peso del Estado y los sueldos licuados
A diferencia de otros distritos del país, la economía riojana tiene una particularidad que magnifica la crisis: la abrumadora dependencia del empleo público. «Tenemos una cantidad de empleos públicos muchísimo mayor que el sector privado, un 80% del empleo es estatal», detalló Keulián.
Esta matriz, combinada con salarios que promedian los 600.000 pesos (incluyendo al sector precarizado), genera un mercado interno extremadamente pequeño y vulnerable a la inflación. El poder adquisitivo de los riojanos ha quedado rezagado, golpeando de lleno a rubros como la indumentaria y el calzado, que hoy lideran las estadísticas de cierres, salvándose únicamente aquellos pocos dedicados a nichos específicos como la venta de uniformes escolares.
Alquileres nivel «Calle Florida» y tarifas impagables
El drama de las ventas caídas choca de frente contra una estructura de costos fijos que asfixia a los emprendedores. El mercado inmobiliario comercial del centro riojano está concentrado en muy pocas manos. «Los dueños de los locales son dos o tres… los alquileres de acá parecen alquileres de la calle Florida en Buenos Aires», advirtió Keulián, marcando una desconexión total entre las pretensiones de los propietarios y la realidad económica de la provincia.
A esto se suma el impacto del sinceramiento tarifario nacional. La energía eléctrica en La Rioja no solo es más cara que en distritos vecinos como Catamarca, sino que supera con creces los valores que se abonan en el conurbano bonaerense. El impacto ha sido letal, especialmente para la gastronomía y los pequeños autoservicios que dependen de heladeras y freezers. Ya se han registrado casos de locales gastronómicos que sufrieron cortes de luz lisa y llanamente por la imposibilidad de afrontar las facturas.
El avance silencioso del e-commerce y la informalidad
La estocada final para el comercio tradicional riojano no viene solo de la macroeconomía, sino de los nuevos hábitos de consumo. Desde la pandemia, la venta online ha crecido exponencialmente. Durante el primer semestre de 2025, las compras registradas por internet representaron un contundente 18% de las ventas totales de la provincia. Este porcentaje, que se fuga del comercio físico tradicional, representa una hemorragia de ingresos muy difícil de suplir.
Ante este panorama, la reforma laboral a nivel nacional tampoco despierta grandes esperanzas de reactivación a corto plazo en la provincia. En el sector de comercio y servicios riojano, la informalidad laboral alcanza un alarmante 60%. Aunque las nuevas normativas podrían incentivar la regularización de los trabajadores actuales en el mediano plazo gracias a la reducción de costos, los referentes del sector descartan de plano que esto se traduzca de forma inmediata en una creación genuina de nuevos puestos de trabajo.
Censo de urgencia y éxodo a la periferia
Frente a la gravedad de la situación, la comisión directiva del Centro Comercial tomó anoche una decisión de emergencia: iniciar un censo exhaustivo de locales vacíos y activos en el centro de la ciudad. El objetivo es obtener una radiografía técnica y precisa de un fenómeno que ya salta a la vista de cualquiera que camine por la zona céntrica.
Mientras tanto, la supervivencia manda. Muchos de los comerciantes que abandonaron el microcentro no dejaron la actividad, sino que mutaron hacia formatos de menor costo: showrooms en domicilios particulares o traslados a la periferia de la capital, donde los alquileres brindan un necesario respiro.
La Rioja se convierte así en un espejo de las tensiones económicas de la Argentina profunda: un mercado interno asfixiado, costos fijos desregulados que emulan a la Capital Federal y un sector privado que lucha por no desaparecer.