En medio de la asunción del nuevo diputado provincial Federico Sbiroli, los jefes comunales que responden al gobernador Ricardo Quintela trazaron un duro diagnóstico de la realidad económica. Denuncian un alarmante aumento en la demanda de alimentos y medicamentos, y proyectan al justicialismo como la única alternativa de poder para el recambio presidencial.
La política riojana se encuentra en un punto de ebullición. En los pasillos de la Legislatura provincial, lo que debía ser una jornada de celebración institucional por la jura de un nuevo diputado, se transformó en una cruda radiografía de la crisis económica y social que golpea al interior del país, y en un laboratorio político que ya mira de reojo a las elecciones presidenciales y provinciales de 2027.
La asunción de Federico Sbiroli como diputado provincial por el departamento de Sanagasta marcó el pulso de la jornada. Tras gobernar su municipio durante más de seis años, Sbiroli dejó la intendencia en manos de su hombre de confianza, Luis «Pichón» Flores, para ocupar una banca en la Legislatura. «Me voy sabiendo que los compromisos y las responsabilidades van a seguir», aseguró el flamante legislador, quien no dudó en apuntar contra la Casa Rosada: «No se puede seguir más con una Argentina empobrecida y con una Rioja castigada por los palos en la rueda del gobierno nacional».
El drama social en la primera línea
Sin embargo, el impacto nacional de esta jornada no radica únicamente en los movimientos de fichas legislativas, sino en el grito de alerta que lanzaron los intendentes presentes. Convertidos en la primera trinchera del Estado, los jefes comunales describen un panorama desolador en sus territorios.
El intendente Jorge Salomón, quien llegó para acompañar a su par, relató una anécdota que refleja el impacto directo del ajuste. Contó cómo un vecino de la zona rural le hizo notar el bullicio de los niños jugando en la calle a la hora del almuerzo. «¿Qué pasa que a esta hora no están comiendo? No están comiendo, eso es lo que pasa», sentenció Salomón, visiblemente afectado. El funcionario detalló que el municipio está desbordado cubriendo necesidades básicas: «Adultos mayores que no pueden comprar remedios y lo estamos cubriendo día a día. Cada vez hay más pedidos de medicamentos, comida y energía».
En la misma línea, el nuevo jefe comunal de Sanagasta, Luis «Pichón» Flores, ratificó que el eje de su gestión será la «contención social». Flores destacó que La Rioja es «una de las provincias más castigadas por decisión del gobierno nacional» y advirtió sobre el congelamiento de los recursos coparticipables frente a una inflación que no da tregua, encareciendo el combustible y los servicios esenciales. «El municipio es la caja de resonancia, tenemos el trato frente a frente con la gente», explicó.
El laboratorio peronista rumbo a 2027
Frente a este escenario de asfixia financiera, el peronismo riojano ha decidido abroquelarse en torno a la figura del gobernador Ricardo Quintela. Los intendentes conforman un bloque homogéneo de jefes comunales justicialistas que operan como escudo y espada del mandatario provincial, trabajando unidos bajo el concepto de estar «del interior del interior».
Ricardo Romero, intendente que también acudió a la Legislatura, confirmó que el armado político está en marcha, con la mirada puesta en consolidar el espacio de cara a 2027, siempre bajo la conducción de Quintela. Mientras preparan obras y actos con fuerte peso histórico, como la inauguración de un monumento a Monseñor Angelelli al cumplirse 50 años del golpe de Estado, el mensaje de fondo es claro: resistir el modelo nacional y preparar el terreno para el recambio.
Sbiroli lo resumió sin tapujos: «En 2027 vamos a tener un cambio presidencial. El justicialismo va a volver a gobernar la Argentina para generar empleo y oportunidades».
El contraste es evidente. Mientras en los grandes centros urbanos se discuten las variables macroeconómicas, en lo profundo de La Rioja la urgencia es que las familias vuelvan a tener medicamentos garantizados y un plato de comida al mediodía. Y en medio de esa desesperación, el peronismo provincial ya encendió los motores para dar la batalla en las próximas urnas.





