miércoles, 20 de mayo de 2026 La Rioja, Argentina
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Bacheo racionado: la Municipalidad de Capital trabaja con los recursos que «contamos», no con los que necesita

Ante el colapso de transferencias federales, la comuna implementa un plan de reparación vial que prioriza avenidas estructurales mientras barrios periféricos permanecen degradados. La falta…

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Por Eduardo Nelson German
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Ante el colapso de transferencias federales, la comuna implementa un plan de reparación vial que prioriza avenidas estructurales mientras barrios periféricos permanecen degradados. La falta de asfalto obliga a recurrir a hormigón como solución temporal en arterias de alto tránsito

La Municipalidad de la Capital reconoció explícitamente sus límites presupuestarios al presentar su plan de bacheo integral: trabaja «con los recursos que contamos», una frase que encubre la imposibilidad de reparar todas las calles deterioradas de la ciudad. Marina Lattanzi, subsecretaria de Arquitectura y Movilidad, detalló un cronograma iniciado en enero que ya cubrió zonas sur, oeste y este, concentrándose ahora en la zona norte antes de abordar el microcentro. Sin embargo, detrás de esta descripción ordenada se esconde una realidad más cruda: la ciudad carece de financiamiento suficiente para mantener su infraestructura vial, el Municipio no posee planta de asfalto propia ni maquinaria dedicada, y la solución adoptada en arterias críticas como Santa Rosa es recurrir al hormigón por falta de asfalto. El panorama refleja una degradación controlada pero inevitable de la ciudad: se reparan las avenidas que importan (aquellas con transporte público, escuelas, hospitales) mientras los barrios periféricos quedan en espera indefinida, profundizando la inequidad territorial dentro de la capital riojana.

El cronograma: una geografía de prioridades

Lattanzi describió un plan con apariencia ordenada: comenzó en enero, pasó por zonas sur y oeste, completó el sector este y ahora trabaja en la zona norte antes de abordar el microcentro. Esa secuencia geográfica aparenta racionalidad territorial. Sin embargo, la estructura de priorización revela algo más: no todas las calles de la ciudad se reparan simultáneamente porque el Municipio carece de recursos para hacerlo.

La funcionaria fue explícita sobre los criterios de priorización: «Se trabaja con las avenidas más importantes o con las calles más estructurales que tienen los barrios de la ciudad para poder darle ese beneficio, teniendo en cuenta siempre por dónde pasa el transporte público de pasajeros, dónde hay escuelas, instituciones de salud y los corredores sanitarios». La lógica es sensata —reparar donde hay mayor flujo de personas y servicios— pero también es un reconocimiento de que barrios sin transporte público prioritario, sin escuelas en arterias principales, o más alejados de «corredores sanitarios» quedarán fuera del plan.

Las cuadrillas: personal municipal vs. contratistas externos

Un aspecto destacable es que la Secretaría de Servicios Públicos mantiene cuadrillas propias de conservación vial —personal de la planta comunal— que ejecutan los trabajos. Esto contrasta con jurisdicciones que recurren casi exclusivamente a contratistas externos. El Municipio capitalino optó por mantener empleo público dedicado a mantenimiento vial, lo que genera cierta estabilidad laboral pero también explica la limitación de recursos: si los fondos van a pagar personal, sobra poco para materiales y maquinaria.

Lattanzi ratificó «la continuidad de los trabajos con personal de la planta comunal», una reafirmación que suena defensiva. ¿Por qué necesitaría la funcionaria ratificar esto? Probablemente porque hay presión para terciarizar servicios o para reducir gasto en personal municipal. La Municipalidad está apostando por mantener empleo público como forma de sostener capacidad operativa, incluso si eso limita la velocidad de ejecución.

El barrio Ferroviario vs. 20 de Mayo: la asimetría de capacidades

Un dato revelador: en el barrio Ferroviario «ya se completó el esquema de bacheo en sus trazas principales», mientras que en el barrio 20 de Mayo «las obras de pavimentación y reasfaltado están a cargo de la Administración Provincial de Vialidad y la empresa Rioja Vial».

Esto expone una realidad incómoda: la Municipalidad puede completar obras en algunos barrios, pero en otros necesita que la Provincia intervenga con empresa privada contratada. ¿Por qué 20 de Mayo requiere intervención provincial mientras Ferroviario no? Las respuestas potenciales son: 1) 20 de Mayo tiene mayor envergadura de deterioro, 2) la Municipalidad carece de recursos incluso para comenzar, 3) hay una articulación estratégica donde la Provincia absorbe ciertos barrios. Lattanzi mencionó «la asistencia técnica y articulación que el Gobierno de la Provincia mantiene con la comuna capitalina», lo que sugiere que esa intervención provincial no es espontánea sino coordinada, presumiblemente porque la Municipalidad solicitó apoyo.

Hormigón en lugar de asfalto: cuando los materiales escasean

El punto más revelador de la entrevista fue la respuesta sobre durabilidad y materiales. En arterias de alto tránsito como Santa Rosa se utilizó hormigón porque «no se tuvo asfalto». Lattanzi fue clara: «Para dar respuesta al vecino se trabajó con los recursos que contamos. El municipio no tiene maquinaria ni una planta de asfalto propia, por lo tanto trabajamos con los recursos que nosotros sí tenemos para garantizar la transitabilidad».

Esta admisión encubre un problema estructural: una ciudad capital de provincia carece de planta de asfalto propia. Probablemente la adquiera de plantas privadas o provinciales, y cuando esas fuentes se agotan (por falta de dinero para comprar), recurre a alternativas como hormigón. El hormigón es más durable que un parche temporal, pero es también más costoso de instalar y de reparar si se agrieta. En avenidas principales como Santa Rosa, donde el tránsito es intenso, una solución de hormigón es un workaround de emergencia, no una solución planificada.

El ahogo financiero municipal: la Nación como factor estructural

Lattanzi ubicó el problema dentro de un contexto fiscal nacional: «Estamos sufriendo un ahogo financiero por parte de la Nación, los municipios no están recibiendo dinero y es una problemática que la están sintiendo todas las administraciones del país». La afirmación es importante porque responsabiliza al gobierno nacional, no a gestión municipal deficiente.

¿Cuál es el origen de ese «ahogo»? Probablemente una combinación de: reducción de transferencias federales de coparticipación, caída en recaudación municipal por caída de actividad económica, y decisiones presupuestarias nacionales que priorizan otros gastos. Si La Rioja sufre crisis fiscal en el nivel provincial (como ya se documentó con EDELaR y la morosidad energética), los municipios sufren aún más porque dependen de transferencias provinciales que ya son insuficientes.

Los operativos complementarios: una ciudad que se degrada en fragmentos

Lattanzi mencionó que el abordaje incluye «operativos de poda, iluminación, desmalezamiento y erradicación de basurales». Esto reconoce que el deterioro vial no es el único problema: una ciudad en crisis fiscal experimenta degradación multifactorial. Si no hay fondos para mantener calles, tampoco hay para mantener iluminación, arboles, espacios públicos.

Esto genera una dinámica de degradación en espiral: calles mal iluminadas se tornan inseguras, barrios inseguros pierden inversión privada, comercios cierran, más desempleo, menos ingresos municipales, menos fondos para mantenimiento. La Municipalidad intenta frenar esa espiral con operativos complementarios, pero son medidas defensivas, no restaurativas.

La inequidad territorial: qué barrios esperan

El plan de priorización geográfica —sur, oeste, este, norte, después microcentro— crea inevitablemente una geografía de espera. Los vecinos de barrios periféricos que no están en «corredores sanitarios» o que no tienen transporte público prioritario saben que sus calles serán las últimas en repararse. Si el plan tarda 12 meses en completar la zona norte, ¿cuánto tardará en llegar a barrios más alejados?

Esto profundiza la inequidad territorial dentro de la capital. La ciudad no es un todo sino fragmentos: centro privilegiado, avenidas estructurales reparadas, barrios periféricos degradados. Esa fragmentación es económicamente eficiente (concentra recursos donde hay mayor impacto) pero es socialmente divisiva.

Lo que está ausente: inversión en infraestructura nueva

Lattanzi habló exclusivamente de mantenimiento (bacheo, reasfaltado). No mencionó nuevas vías, expansión de infraestructura vial, o planes de mediano plazo. Esto sugiere que La Municipalidad está en modo supervivencia: apenas puede mantener lo que existe, no puede invertir en mejoras.

Una ciudad que solo mantiene —que no expande, que no mejora— es una ciudad que paulatinamente pierde competitividad, atractivo para inversión privada, y calidad de vida. La Capital riojana está en ese estado: tratando de no colapsarse del todo, pero sin margen para progresar.


Marina Lattanzi fue honesta sobre lo que muchos funcionarios evitarían decir: la Municipalidad de la Capital trabaja con los recursos que «contamos», no con los que necesita. Un bacheo de calles es un indicador trivial si se lo mira en aislamiento; es un síntoma profundo si se lo sitúa en contexto. Una ciudad capital que no puede reparar sus avenidas principales porque carece de dinero para comprar asfalto, que recurre a hormigón como solución temporal, que no posee planta propia de asfalto, que depende de transferencias federales que no llegan, y que crea geografías de espera donde algunos barrios recibirán bacheo mientras otros esperan indefinidamente: esa ciudad está en declive controlado. No es colapso aún, pero es la trayectoria hacia él. La Municipalidad mantiene cuadrillas públicas, ejecuta operativos complementarios, coordina con la Provincia. Son gestos de resistencia. Pero sin financiamiento, la Capital riojana seguirá degradándose en fragmentos, una avenida reparada a la vez, mientras sus márgenes se pierden entre baches y basurales.

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