La vicepresidenta del radicalismo nacional busca diferenciar al partido de La Libertad Avanza y toma distancia de los gobernadores que pactan con la Casa Rosada. En el plano local, pronostica que Ricardo Quintela reflotará la polémica Ley de Lemas para retener el poder en 2027.
El radicalismo atraviesa una de las crisis de identidad más profundas de su historia contemporánea, tironeado entre la sintonía fiscal que propone Javier Milei y el mandato histórico de un Estado presente. En ese laberinto ideológico y de cara al estratégico horizonte de 2027, la vicepresidenta de la UCR Nacional, Inés Brizuela y Doria, busca marcar la cancha. Su planteo es directo y encierra un desafío tanto para la conducción nacional como para el armado en su provincia: el partido centenario debe abandonar los roles de reparto y presentarse a los comicios «con una propuesta electoral propia».
Las declaraciones de la ex intendenta de la capital riojana surgen tras una cumbre clave que logró sentar en la misma mesa a los gobernadores radicales y a la conducción del partido, un hito de convivencia interna que la propia dirigencia extrañaba. Sin embargo, detrás de las fotos de unidad, el radicalismo cruje. Brizuela y Doria no ocultó las fracturas expuestas del mapa correligionario y admitió las «distintas posiciones» ante Balcarce 50, en especial los casos de Chaco y Mendoza, donde los mandatarios provinciales sellaron acuerdos de gobernabilidad con La Libertad Avanza (LLA).
La estrategia de la dirigente riojana apunta a suturar esas diferencias privilegiando el poder territorial acumulado —cinco provincias y más de 500 municipios—, pero fijando un límite conceptual infranqueable con el experimento libertario. El radicalismo, argumenta, coincide en la necesidad del equilibrio fiscal, pero aborrece la retirada del Estado de áreas críticas como la salud pública y la infraestructura.
La gran incógnita que eyecta este posicionamiento es el futuro de las coaliciones. Con Juntos por el Cambio virtualmente extinto y el PRO fagocitado por el oficialismo nacional, la UCR se debate entre la intemperie electoral o la ingeniería de un nuevo frente:
- El rechazo al pasado: Brizuela y Doria advierte que la alternativa social no puede ser el retorno al peronismo textualmente kirchnerista.
- La demanda de un plan de desarrollo: Propone edificar una opción que se desmarque del ajuste ortodoxo puro y ofrezca un horizonte productivo.
El escenario riojano: la sospecha de la Ley de Lemas y el adelantamiento electoral
Si en el plano nacional la UCR discute su identidad, en el tablero doméstico de La Rioja la discusión es de pura supervivencia política. La principal referente de la oposición provincial activó las alertas tempranas al pronosticar los movimientos tácticos que, según su lectura, planea ejecutar el gobernador Ricardo Quintela en la Casa de las Tejas para blindar la continuidad del Justicialismo en el poder.
Para Brizuela y Doria, el oficialismo riojano jugará la carta del «calendario partido», desenganchando los comicios provinciales de la elección nacional de 2027. Esta maniobra persigue un doble objetivo: provincializar la discusión para licuar el impacto de la marca Milei en el electorado local y someter a la oposición a un desgaste financiero y militante en dos fechas diferenciadas.
Sin embargo, el dato institucionalmente más sensible que introdujo la dirigente radical en el debate político es el eventual retorno de un fantasma del pasado electoral: la Ley de Lemas.
«No tengo dudas que el Gobierno adelantará las elecciones. La decisión la tomará Quintela mediante las encuestas y no tengo dudas que usarán la Ley de Lemas para mantenerse en el poder. No están pensando en un proyecto de provincia, están pensando solamente en mantenerse en el poder», disparó la vicepresidenta de la UCR.
Este controvertido sistema electoral —donde el candidato más votado de un partido suma para sí los votos de las otras listas de su mismo espacio— es visto por el radicalismo como una trampa matemática diseñada para disimular la fuga de votos y neutralizar la competitividad de una oposición unificada.
La UCR riojana se planta así ante un doble desafío hercúleo: reconfigurar su propuesta doctrinal para presentarse como una opción de centroderecha moderna y de gestión frente al electorado nacional, mientras en el barro local se prepara para resistir una reforma de las reglas de juego que el peronismo activará en cuanto el termómetro de las encuestas empiece a marcar inestabilidad.





