El gobernador riojano no desdoblaría los comicios provinciales, a diferencia de Jaldo, Sáenz y Sadir. En su entorno creen que una eventual caída del Presidente puede fortalecer al peronismo y complicar la candidatura de Martín Menem en la provincia.
Mientras varios gobernadores del Norte Grande comenzaron a diseñar un calendario electoral propio para despegarse de Javier Milei, en La Rioja el escenario parece recorrer el camino inverso. Todo indica que Ricardo Quintela mantiene su estrategia de votar en octubre de 2027 junto con la elección presidencial, en una decisión que responde más a su proyecto político nacional que a una conveniencia estrictamente provincial.
La diferencia con el resto del Norte es marcada. Mientras Osvaldo Jaldo, Gustavo Sáenz y Carlos Sadir avanzan hacia un desdoblamiento para preservar sus territorios de la polarización nacional, Quintela busca precisamente lo contrario: que la discusión provincial quede atravesada por el clima político del país.
La decisión no es casual. El mandatario riojano intenta consolidarse como uno de los principales referentes del peronismo para el proceso de reconstrucción que desembocará en 2027. Desde hace meses profundizó su discurso de confrontación con la Casa Rosada, promovió la construcción de un espacio federal de gobernadores y comenzó a instalar una agenda nacional vinculada al reparto de recursos, el federalismo y el desarrollo minero.
En ese contexto, octubre aparece como una oportunidad para convertir la elección riojana en una pieza de una disputa mucho más amplia. En el quintelismo consideran que una eventual caída de la imagen del Gobierno nacional podría trasladarse a los candidatos libertarios en las provincias.
Ese análisis tiene un destinatario concreto: Martín Menem. En el oficialismo provincial descuentan que, si el presidente de la Cámara de Diputados termina encabezando la propuesta de La Libertad Avanza en La Rioja, le resultará difícil despegarse del desempeño nacional de Milei durante la campaña.
La apuesta, sin embargo, también implica riesgos. Si el Presidente llega fortalecido a 2027, la nacionalización de la elección podría beneficiar precisamente al oficialismo libertario, que buscará repetir el efecto arrastre que ya mostró en anteriores elecciones nacionales.
Además, Quintela enfrenta otro desafío interno: la definición de su sucesión. A diferencia de otros gobernadores que ya ordenaron el recambio, el peronismo riojano todavía exhibe una competencia abierta entre distintos sectores y dirigentes con aspiraciones para disputar la Gobernación.
En ese escenario, la campaña presidencial podría convertirse también en el instrumento para mantener unificada la estructura del PJ riojano detrás del liderazgo del gobernador durante el proceso electoral.
En contraste, Raúl Jalil también analiza votar en octubre, aunque por motivos diferentes. El mandatario catamarqueño mantiene una relación de diálogo con la administración nacional y busca capitalizar ese vínculo político, mientras que Quintela construye su estrategia desde la oposición frontal al Gobierno.
Así, mientras buena parte del Norte Grande intenta despegar sus elecciones de la figura presidencial para proteger sus oficialismos, La Rioja aparece como una excepción. Quintela apuesta a que la disputa nacional termine favoreciendo sus intereses políticos y convierta a la provincia en uno de los escenarios centrales del enfrentamiento entre el peronismo y Milei rumbo a las presidenciales de 2027.