La Rioja: Armando Molina opta por el repliegue en la Capital y se distancia de la pelea por la sucesión de Quintela

El intendente prioriza la gestión municipal frente a la asfixia financiera y las internas oficiales; el respaldo controlado del gobernador y la premisa de acatar la disciplina partidaria.

El complejo escenario político de la capital riojana funciona como un ecosistema donde se dirimen tensiones ajenas y locales. En medio del recalentamiento de la interna del Partido Justicialista (PJ) por la sucesión provincial, el intendente de la ciudad de La Rioja, Armando Molina, optó por tomar una prudente distancia de las disputas de poder que agitan al gabinete y a la bancada legislativa del oficialismo.

La prioridad del jefe comunal se concentra hoy en el plano estrictamente administrativo. Molina intenta conducir una gestión municipal acosada por los problemas estructurales derivados de la escasez de fondos públicos, un frente financiero sensible que condiciona la prestación de los servicios básicos en el principal distrito electoral de la provincia.

Para evitar un colapso en el territorio que concentra a más de la mitad de la población riojana, el gobernador Ricardo Quintela mantiene un esquema de auxilio controlado. El mandatario provincial respalda la administración de Molina mediante la ejecución de un plan de asfaltado centralizado y una dosificada oxigenación de partidas presupuestarias. Sin embargo, en el Palacio Ramírez de Velasco son conscientes de que esta asistencia funciona apenas como un respirador para sostener el día a día, mientras que desde otros despachos del propio Ejecutivo provincial se ejecutan movimientos políticos orientados a limar y desgastar la autoridad del intendente.

El departamento Capital presenta una complejidad adicional: por su peso demográfico e institucional, se convirtió en el escenario donde también se proyectan y juegan las internas políticas de los caudillos del interior provincial. Ante esta pinza de presiones cruzadas, Molina ha optado por blindarse bajo una histórica consigna de alineamiento vertical.

En la intimidad partidaria, el intendente repite de manera invariable que su destino político estará sujeto a lo que disponga el gobernador. Con el tendido de la sucesión tutelado por Quintela en favor de otras figuras, Molina prefiere asegurar los márgenes de gobernabilidad en la Capital, manteniéndose como un observador periférico de una batalla por el 2027 que asoma destructiva.