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«La Iglesia tapó los crímenes de la dictadura»

En los entretelones del juicio por los crímenes de los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, ocurridos el 18 de julio de 1976 en Chamical, se escuchan quejas que no dejan bien parada a la jerarquía de la Iglesia de aquellos años, a la que vinculan más con la dictadura militar que con la defensa de los prelados de menor rango.

El jueves, en la incertidumbre por la iniciación de este proceso oral y público contra Luciano Benjamín Menéndez, al ex vicecomodoro Luis Fernando Estrella y al ex comisario de la Policía riojana Domingo Benito Vera, la que se decidió a hablar fue una de las hermanas de Murias, Cristina Murias, querellante en la causa.

En declaraciones a La Voz del Interior, aclara que no puede dar muchas precisiones sobre el caso ya que es testigo en el juicio, pero lo mismo dejas sus reflexiones.

–¿Qué rol tuvo la Iglesia de aquellos años en la investigación de los crímenes de Longueville y de su hermano?

–La Iglesia oficial cumplió un rol oscurantista. Las autoridades de la Iglesia tomaban a la pastoral de monseñor (Enrique) Angelelli) como una pastoral marxista. La jerarquía de la Iglesia tapó todo, pese a que el mimo Papa Pablo VI mandó como emisario personal a monseñor (Faustino) Zaspe para que en la Catedral riojana dijera que la Pastoral de Angelelli era la Pastoral era la de la Iglesia.

–¿Los crímenes de su hermano y Longueville, y luego de Angelelli, fueron un tema tabú para la Iglesia?

–La jerarquía ocultó todo. Le doy nombres: (Raúl Francisco) Primatesta; (Adolfo) Tórtolo; (Victorio) Bonamín; (Antonio) Plaza y (Juan Carlos) Aramburu, entre otros que no me acuerdo ahora, estuvieron colaborando con el gobierno militar. Primatesta cuando declaró por la muerte de mi hermano, negó que lo haya ido a ver monseñor Angelelli. Luego de la entrevista con Primatesta, Angelelli, que había ido a pedir también por unas religiosas que trabajaban como empleadas domésticas, vino acá y dijo: “Tengo mucho miedo, estamos solos”. Los curas que estaban con Angelelli estaban amenazados.

–¿Cómo conoció a Angelelli su hermano Carlos?

–Lo conoció cuando era muy joven en la parroquia de Cristo Obrero, que está sobre La Cañada (en la ciudad de Córdoba). A mi hermano lo ordenó sacerdote el mismo Angelelli. Lo quería mucho. Por eso cuando lo matan a Carlos, en la misa de cuerpo presente que se hizo en Chamical, Angelelli dijo: “Me pegaron en donde más me podía doler”. De hecho que era una advertencia para que se callara.

–Y a los 17 días lo matan al propio Angelelli…

–Así es. Él decía que no se puede cometer estos crímenes desde la fe. La homilía está acompañada al expediente.

–¿Cómo definiría a esos curas tercermundistas de los
’70?

–Eran curas que vivían el cristianismo despojados de todas las normas burocráticas de la Iglesia. Ellos vivían el cristianismo a la par de la gente, no desde lejos. Andaban rancho por rancho. Era la forma en que practicaban el cristianismo, promoviendo al ser humano.

– ¿Y cómo ve hoy a la Iglesia?

–Aunque hay excepciones, veo poca fraternidad.

Mártires de Chamical

Así se los llama en La Rioja a los curas Carlos Murias y Gabriel Longueville. Los fusilaron el 18 de julio de 1976.

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