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El testimonio de Hesayne por el crimen

Entre los testimonios, el texto recoge la declaración de una de las voces más importantes de la jerarquía eclesiástica, el entonces obispo de Viedma Miguel Esteban Hesayne, que, desde el comienzo, denunció el caso.

Hesayne recordó que Angelelli le dijo que estaba siendo perseguido y le manifestó su intención de renunciar porque veía cómo le estaban matando a su ovejas, ya que no podían –o no habían logrado– matarlo a él.

A los pocos días de la muerte, recibió un anónimo en carta expresa con matasellos de Córdoba en la que le decían más o menos estas palabras: “No siga hablando, ya hemos callado a Angelelli”, recuerda.

“Asimismo, Monseñor Witte, en varias oportunidades, le dijo que tenía numerosas pruebas confirmando el atentado del obispo de La Rioja, a tal punto que un día le afirmó que sabía hasta la cantidad de dólares que se habían entregado.”

Lo que dijo Ponce de León

Carlos Alberto Ponce de León ante la Cámara Federal de Córdoba dijo que conoció a Angelelli “cuando era estudiante en el seminario, como miembro del clero cordobés y como obispo de La Rioja”; que recibió innumerables detalles de su muerte por personas que estuvieron cerca de su trabajo pastoral, que “ellas le manifestaron los temores de Angelelli, el clima de hostigamiento y su propio temor de que fuera muerto después del asesinato de los sacerdotes Gabriel y Carlos”.

Tiempo antes de su muerte, Ponce de León conversó con el capellán Eduardo Mackinnon en oficinas del III Cuerpo del Ejército. Mackinnon le dijo que acusaban a Angelelli de tener conexiones con “Montoneros”. Hizo referencias a instalaciones de radios o comunicaciones en La Rioja y a intenciones de manejo no pastorales de estos medios. Ponce de León contó de aquel encuentro que le dijo a Mackinnon que le parecían muy graves, por las consecuencias que podrían tener sus expresiones y que a su parecer eran infundadas.

Comentó la conversación dentro de la Iglesia, más precisamente a Cándido Rubiolo, que era obispo auxiliar de Córdoba, inmediatamente después de la muerte de Angelelli. Mackinnon le hizo referencia a que él le comunicó a Angelelli que se lo vinculaba con Montoneros.

La carpeta

En relación con la documentación que llevaba Angelelli, declaró el sacerdote Francisco Solano Díaz que fue designado con otro sacerdote para ir al lugar del hecho y llevar a La Rioja los restos de Angelelli a pedido del obispado a cargo del padre Inestal. Solano Díaz dijo que entre la documentación que debía trasladar estaba una carpeta “que, por lo general, monseñor trasladaba a un costado del asiento o debajo del asiento, sin que conociera el testigo que tuviera ese rodado un compartimiento especial para trasportar esa documentación”.

Solano Díaz dijo que en la carpeta tendría que haber estado una correspondencia dirigida al presidente de la Conferencia Episcopal, cardenal Primatesta, en ese momento; otra al señor nuncio apostólico, otra al general Menéndez y posiblemente una a Pablo VI. La carpeta no estaba en la camioneta. Se cree que se la llevaron los responsables del atentado. Un testigo dice que apareció días más tarde en el despacho de Harguindeguy.

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