Francisco le envió una carta que llegó el domingo a la casa de retiros Tinkunaco de La Rioja, a nombre del sacerdote Enrique Martínez. Aunque no tenía remitente, cuando el padre «Quique» abrió el sobre, se encontró con una misiva del Papa Francisco, en la que le agradecía su relato sobre las fiestas patronales y le contaba detalles de su vida cotidiana.
La carta que envió el Papa Francisco al cura parróco Enrique «Quique» Martínez se leyó como un fuerte gesto para que sea el sucesor del actual Obispo de La Rioja, Monseñor Roberto Rodríguez. Sin embargo, se deben cumplimentar ciertos criterios dispuestos por el Vaticano para ser el jefe de la Iglesia riojano.
«Hago vida normal», le contó el Papa al párroco «Quique» Martínez, quien recibió una respuesta a la misiva que le envió a Francisco.
La carta, enviada por correo postal, llegó el domingo a la casa de retiros Tinkunaco de La Rioja, a nombre del sacerdote Enrique Martínez. Aunque no tenía remitente, cuando el padre «Quique» abrió el sobre, se encontró con una misiva del Papa Francisco, en la que le agradecía su relato sobre las fiestas patronales y le contaba detalles de su vida cotidiana.
«Estoy a la vista de la gente y hago vida normal: misa pública a la mañana, como en el comedor con todos. Esto me hace bien y evita que quede aislado ”, escribió Francisco en la carta, que el padre «Quique» leyó ese mismo día, en la misa.
“Yo le había escrito para comentarle sobre las fiestas patronales del barrio”, contó el sacerdote. Como eso ocurrió justo antes del inicio de la misa, el cura decidió leer la misiva papal al final la celebración, lo que “alegró mucho a la comunidad, tanto que los feligreses aplaudieron cuando terminé de leerla”.
La breve carta dice, textualmente:
“Querido Quique: Hoy recibí la carta del pasado 1° de mayo. Me trajo mucha alegría, La descripción de la Fiesta Patronal me trajo aire fresco. Yo estoy bien y no he perdido la paz frente a un hecho totalmente sorpresivo, y esto lo considero un don de Dios. Procuro tener el mismo modo de ser y de actuar que tenía en Buenos Aires porque, si a mi edad cambio, seguro que hago el ridículo. No quise ir al Palacio Apostólico a vivir, voy sólo a trabajar y a las audiencias. Me quedé a vivir en la Casa Santa Marta, que es una casa (donde nos alojábamos durante el Cónclave) de huéspedes para obispos, curas y laicos. Estoy a la vista de la gente y hago la vida normal: misa pública a la mañana, como en el comedor con todos, etc. Esto me hace bien y evita que quede aislado. Quique, saludos a tus feligreses. Te pido, por favor, que reces y hagas rezar por mí. Saludos a Carlos y Miguel. Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide. Fraternalmente, Francisco. Vaticano, 15 de mayo 2013”.




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