El drama que vienen sufriendo miles de familias argentinas como consecuencia de los extensos, prolongados y caóticos cortes de electricidad tiene como principal culpable al Gobierno kirchnerista que en este tema, como en muchos otros, ha actuado con una total irresponsabilidad, improvisación y mala praxis en el manejo del Estado.
Cuando Néstor Kirchner asumió el Gobierno en el 2003, por obra y gracia del entonces Presidente Duhalde, nuestro país tenía superávit energético, al punto tal que éramos exportadores de energía a países vecinos lo que además nos generaba importantes ingresos. Desde entonces se llevó a cabo una política tan desastrosa en el manejo del sector, que nos sumió en este verdadero drama, donde no sólo ha dejado indefensos a cientos de miles de compatriotas, que se vieron sin luz, sin agua, con los consiguientes problemas sanitarios sin olvidar los millonarios perjuicios económicos sufridos por los comerciantes que debieron tirar sus mercaderías al carecer de refrigeración. Cuando comenzó la proclamada “década ganada” Argentina era exportadora de gas y otros productos energéticos y hoy el tesoro nacional debe desembolsar 15.000 millones de dólares por año, solamente para importar el gas necesario destinado al consumo familiar e industrial.
Por cierto que este caso como en muchos otros en que las políticas kirchneristas han fracasado rotundamente (inflación, inseguridad, manejo del dólar, servicios públicos en general, etc.) la culpa la tuvieron otros, para lo cual se instituyó un “relato” mentiroso y hasta descarado como es el ejemplo emblemático de los falaces datos del INDEC, otrora prestigioso ente oficial hoy destruido por el gobierno kirchnerista
Los funcionarios del gobierno nacional han acusado a las empresas concesionarias de ser las responsables de la crisis eléctrica, pasando por alto su propia responsabilidad de ejercer el control a través del Ente Nacional Regulador de Electricidad y la participación que tienen delegados gubernamentales en las mismas empresas. Algunos dirigentes políticos y comunicadores atribuyen la crisis a la privatización de los servicios, argumentando que con el manejo del Estado las cosas irían mejor. A los que piensan de esta forma habría que recordarles el estado calamitoso en que se encontraba el parque de generación y distribución de electricidad antes de las privatizaciones. Si no lo recuerdan, o no lo saben los que no vivieron esa época de las empresas estatales, bastaría con remitirlos a los titulares de los diarios del verano de 1988/1989 para comprobar que los cortes de electricidad llegaron hasta el extremo de restringir el horario de los canales de televisión que sólo podían emitir entre 6 y 8 horas diarias.
Para eliminar cualquier sospecha de subjetividad o de algún interés político en las precedentes afirmaciones, transcribiré una parte del artículo publicado por el conocido columnista Francisco Olivera en el diario La Nación de fecha 10 de noviembre de 2012, bajo el título: “Una gestión con pocas luces”, en el que expresa textualmente:
“La energética será recordada, probablemente, como la gestión más difícil de entender del kirchnerismo. Diez años le bastaron para despedazar un sistema que, después de 1992, llegó a ser considerado uno de los más modernos del mundo y, aunque ahora parezca extraño, modelo de gerenciamiento. La Argentina venía de un promedio de cortes de 21 horas anuales por usuario y, gracias a inversiones por unos 16.800 millones de dólares, logró al cabo de una década reducir las interrupciones a sólo 5 horas. Todo, sin que le costara un centavo al usuario, porque las tarifas bajaron un 21%; una familia tipo que pagaba en septiembre de 1992 una factura de 35 pesos sin impuestos, por bimestre, abonaba en 2002, 28”.
Solo cabe agregar como dato informativo que la privatización y consiguiente transformación del servicio eléctrico fue dispuesto por la ley 24.065 que entró en vigencia el 1º de enero de 1992, que además segmentó la prestación del mismo en generación, trasmisión y distribución de la electricidad, adjudicando cada uno de ellos a distintas empresas, obteniéndose una mayor eficacia y posibilidades de control de las mismas. La generación bruta de energía eléctrica pasó de 46,4 millones de Kwh. en 1989 a 73,2 millones de Kwh. en 1999 (es decir un aumento del 58%), produciéndose además importantes mejoras en el sistema de distribución, todo ello en beneficio de los usuarios.
En síntesis, solo por la incapacidad, mala praxis y arbitrariedades e irregularidades de todo tipo cometidas por quienes gobiernan el país desde el 2003 se pudo lograr este resultado desastroso que vienen sufriendo millones de argentinos en esta supuesta “década ganada”.
Eduardo Menem
DNI 6.714.392
Rivadavia 358
La Rioja
Debe estar conectado para enviar un comentario.