n un giro inusual para la comunicación oficial, el presidente Javier Milei reconoció este martes sin eufemismos que el dato de inflación de marzo —3,4% mensual, 32,6% interanual— es malo y que «nos repugna». Su ministro de Economía, Luis Caputo, salió en paralelo a ofrecer explicaciones técnicas: guerra en Medio Oriente, corrección de precios relativos y un IPC núcleo sin carnes que se mantuvo estable. La combinación de franqueza presidencial y argumentación ministerial revela las tensiones internas de un programa que prometió desinflación rápida y enfrenta una realidad que no siempre obedece los modelos. Para La Rioja y el Noroeste, donde la inflación mensual fue de 4,0% —medio punto por encima del promedio nacional—, los «elementos duros» que invoca Milei llegan tarde y a un costo social ya acumulado.
Javier Milei hizo lo que pocos presidentes hacen cuando los números no acompañan: dijo la verdad sin rodeos. «El dato es malo. El dato no nos gusta ya que la inflación nos repugna», escribió el mandatario en su cuenta de X apenas el INDEC publicó el IPC de marzo, que marcó una suba mensual de 3,4% —la más alta de 2026— y una variación interanual de 32,6%.
La frase presidencial es políticamente significativa por su rareza. Los gobiernos argentinos —de todos los signos— tienen una larga tradición de presentar los datos de inflación con el mejor envoltorio posible, minimizando los números malos y maximizando los comparativos favorables. Que Milei optara por la franqueza descarnada —»nos repugna»— es un gesto que lo diferencia del manual, aunque inmediatamente se apresuró a añadir que «hay elementos duros que nos permiten explicar lo que ha pasado y especialmente esperar que a futuro la inflación retorne a su sendero decreciente.»
Caputo: la misma noticia con otro envoltorio
En paralelo, y con notable coordinación de timing, el ministro Luis Caputo publicó su propio análisis. Donde Milei fue escueto y visceral, Caputo fue técnico y extenso. El ministro destacó la «fuerte desaceleración de la Canasta Básica Alimentaria, que pasó de una suba de 3,2% mensual en febrero a 2,2% en marzo», y señaló que la Canasta Básica Total bajó de 2,7% a 2,6%. Subrayó que «la inflación núcleo excluyendo carnes se mantuvo en 2,5%, la misma variación que en febrero», concluyendo que «el componente subyacente de la inflación se mantuvo estable».
Los dos mensajes, leídos juntos, son complementarios pero no idénticos en su énfasis. Milei pone el acento en la incomodidad del dato. Caputo pone el acento en que el dato tiene explicación y que lo estructural está bajo control. Es la división de roles clásica entre el líder político que valida el malestar social y el técnico que provee el marco interpretativo.
Los «elementos duros»: guerra, tarifas y carne
Caputo identificó tres factores como responsables de la aceleración de marzo. El primero, externo: «el impacto significativo de la guerra en Medio Oriente, en línea con los efectos registrados en otros países», que se tradujo en subas del 9% en combustibles, 24% en pasajes de avión de cabotaje y 22% en transporte interurbano. El segundo, endógeno pero presentado como inevitable: «la economía continúa atravesando un proceso de corrección de precios relativos», en referencia a los ajustes tarifarios de servicios regulados. El tercero, mixto: la suba de Carnes y Derivados, rubro donde confluyeron el impacto del conflicto internacional sobre los costos de producción y una demanda interna que se recupera.
Esos tres factores tienen un denominador común que el ministro no explicita: todos impactan con mayor intensidad sobre los hogares de menores ingresos, que destinan una proporción más alta de su gasto al transporte, a la energía y a la carne. Y todos tienen una incidencia regional diferencial que perjudica al interior del país, donde las distancias son mayores, la competencia comercial es menor y los ajustes tarifarios del transporte público golpean más fuerte en términos relativos.
En el Noroeste —la región estadística que incluye a La Rioja— el capítulo Transporte subió 5,1% en marzo, el guarismo más alto de todas las regiones del país. Educación avanzó 18,1%. Alimentos y bebidas no alcohólicas treparon 4,4%. El nivel general regional fue de 4,0%, medio punto por encima de la media nacional de 3,4%.
El argumento monetarista y su promesa pendiente
Caputo cerró su comunicado con una tesis doctrinaria que Milei suscribe con fervor ideológico: «La inflación es un fenómeno monetario, y puede acelerarse por un aumento en la oferta monetaria, una caída en la demanda o una combinación de ambas.» La promesa asociada es que, «a medida que el impacto rezagado del desplome pre electoral en la demanda de dinero el año pasado vaya perdiendo fuerza, el orden fiscal y monetario permitirán que la inflación continúe su convergencia hacia niveles internacionales.»
Es un diagnóstico técnicamente defendible en sus términos. Pero esa «convergencia hacia niveles internacionales» que el Gobierno promete como destino final todavía no tiene fecha precisa ni trayectoria garantizada. En los últimos doce meses, la inflación interanual pasó de 47,3% en abril de 2025 a 32,6% en marzo de 2026. La dirección es correcta. Pero el ritmo es lento para los bolsillos que esperan.
Lo que «el dato malo» significa en La Rioja
Cuando Milei dice que el dato «nos repugna», habla desde el modelo teórico de un economista que entiende la inflación como una derrota intelectual y moral del Estado emisor. Cuando un trabajador estatal riojano con salario de convenio, o una jubilada que cobra la mínima en Chilecito o Aimogasta, escucha ese dato de 3,4% mensual, lo traduce en algo más concreto: la carne picada que en el GBA pasó de $9.521 a $10.324 en un solo mes; la canasta básica de una familia de cuatro personas que ya supera el millón cuatrocientos mil pesos; el boleto de colectivo que sigue ajustando en una provincia donde el salario real del sector público lleva meses perdiendo contra la inflación.
La repugnancia de Milei ante el número y la promesa de que «retornará al sendero decreciente» son, para esos hogares, señales de un debate que sucede en otro idioma. El sendero ya estará. La pregunta es cuánto poder adquisitivo habrá que resignar antes de llegar.
Fuentes: tuits de Javier Milei (@JMilei) y Luis Caputo (@LuisCaputoAR), 14 de abril de 2026; INDEC, Informe técnico IPC Vol. 10, n° 91, Buenos Aires, 14 de abril de 2026.





