El ministro de Economía, Luis Caputo, salió a interpretar el dato de inflación de marzo —3,4% mensual y 32,6% interanual— como una señal de convergencia desinflacionaria, destacó la desaceleración de la canasta alimentaria y atribuyó parte de la suba a factores externos. Pero sus propios argumentos revelan que el proceso de corrección de precios todavía no terminó, que los regulados siguen presionando y que la carne —el alimento más sensible para los hogares populares— subió por causas que el Gobierno no controla. Para provincias como La Rioja, esas admisiones implícitas pesan más que los titulares de la conferencia.
Apenas minutos después de que el INDEC publicara el dato del Índice de Precios al Consumidor de marzo, el ministro de Economía, Luis Caputo, tomó su cuenta de la red social X para ofrecer su propia lectura del número. En un mensaje extenso para los estándares de la comunicación oficial, el funcionario encargado de la política económica del gobierno de Javier Milei desplegó una serie de argumentos que combinan la reivindicación del rumbo con la admisión velada de que varios frentes inflacionarios siguen abiertos.
El relato oficial: desaceleración y shocks externos
«Fuerte desaceleración de la Canasta Básica Alimentaria, que pasó de una suba de 3,2% mensual en febrero a 2,2% en marzo», escribió Caputo, quien destacó también que la variación de la Canasta Básica Total bajó de 2,7% a 2,6%. El ministro señaló que «en el mes se registró un impacto significativo de la guerra en Medio Oriente, en línea con los efectos registrados en otros países», citando como ejemplos concretos las subas del 9% en combustibles, del 24% en pasajes de avión de cabotaje y del 22% en transporte interurbano.
La mención al conflicto internacional como factor explicativo de parte de la inflación de marzo tiene una lógica técnica verificable: el petróleo y los combustibles son commodities con precio internacional, y Argentina —pese a ser exportadora de hidrocarburos— tiene su mercado doméstico atado a las referencias globales. Pero también tiene una dimensión política: desplaza hacia factores ajenos al programa económico parte de la responsabilidad sobre una inflación que, en términos interanuales, sigue corriendo al 32,6%.
El núcleo sin carnes: el indicador favorito del Gobierno
El dato que Caputo subrayó con mayor énfasis fue el del IPC núcleo excluyendo carnes: «se mantuvo en 2,5%, la misma variación que en febrero», señaló, y concluyó que «más allá de shocks puntuales, el componente subyacente de la inflación se mantuvo estable». Es un indicador que el equipo económico viene construyendo narrativamente como el verdadero termómetro de la desinflación estructural, al separar del análisis tanto los precios regulados como el rubro cárnico, que en marzo fue el principal impulsor dentro de alimentos.
El problema con ese argumento es su selectividad. La inflación núcleo completa —incluyendo carnes— fue de 3,2% mensual. El IPC regulados fue de 5,1%. Y los servicios en su conjunto subieron 4,2%, muy por encima de los bienes. Para los hogares que no pueden elegir qué componente de la inflación consumir, la distinción entre «núcleo con carnes» y «núcleo sin carnes» resulta académica.
La corrección de precios relativos: lo que el ministro admite
Caputo reconoció que «la economía continúa atravesando un proceso de corrección de precios relativos, lo que se verificó principalmente en los precios de los servicios regulados y en Carnes y Derivados». Esa frase, leída con atención, es una confirmación de que el programa económico del Gobierno todavía tiene por delante un trecho de ajuste de tarifas y precios que se trasladará a los índices de inflación futuros. La «corrección de precios relativos» es el eufemismo técnico para designar el proceso por el cual los precios que estuvieron artificialmente contenidos —energía, transporte, servicios públicos— se van actualizando hacia sus valores de equilibrio, proceso que tiene un costo directo sobre el poder adquisitivo de los ingresos fijos.
Para La Rioja, donde el transporte público de la capital provincial registró subas que en la región Noroeste traccionaron el capítulo Transporte al 5,1% mensual —el más alto de todo el país—, esa corrección pendiente se traduce en tarifas de colectivo, energía eléctrica y gas que aún tienen margen de suba según la propia lógica del esquema de desregulación vigente.
Educación: el dato que el ministro reivindica
«El capítulo Educación registró una suba mensual de 12,1%, la más baja de los últimos 8 años para el mes de marzo», destacó Caputo. El dato es verificable en la serie histórica: los años anteriores registraron aumentos de marzo en educación muy superiores, en parte por los acuerdos paritarios docentes y los ajustes de aranceles privados en contextos de inflación más alta. Sin embargo, para el Noroeste —la región donde se incluye La Rioja— la suba de educación en marzo fue de 18,1%, un número que casi triplica la inflación general de la región y que para familias con hijos en edad escolar representa un golpe concreto sobre el presupuesto mensual.
El argumento monetarista y la promesa de convergencia
El ministro cerró su comunicado con un planteo doctrinario: «La inflación es un fenómeno monetario, y puede acelerarse por un aumento en la oferta monetaria, una caída en la demanda o una combinación de ambas. A medida que el impacto rezagado del desplome pre electoral en la demanda de dinero el año pasado vaya perdiendo fuerza, el orden fiscal y monetario permitirán que la inflación continúe su convergencia hacia niveles internacionales.»
La referencia al «desplome pre electoral en la demanda de dinero del año pasado» alude al fenómeno de dolarización anticipada que se registró en Argentina en el período previo a las elecciones de 2025, cuando los agentes económicos se desprendieron de pesos acelerando la velocidad de circulación del dinero y empujando los precios al alza. El argumento implica que ese efecto ya está diluyéndose y que, por tanto, la desinflación debería consolidarse en los próximos meses.
Es una promesa que el propio equipo económico viene formulando desde hace más de un año. La inflación efectivamente bajó de los picos de tres dígitos anuales del bienio anterior. Pero 32,6% interanual —con el Noroeste en 32,5% y la canasta básica total subiendo 30,4% en el mismo período— sigue siendo un número que erosiona, mes a mes, el poder de compra de los sectores que viven de salarios fijos en provincias como La Rioja: las que más dependen del Estado, las que menos herramientas tienen para indexar sus ingresos, y las que el ajuste fiscal golpea con doble fuerza.
Fuentes: tuit de Luis Caputo (@LuisCaputoAR), 14 de abril de 2026; INDEC, Informe técnico IPC Vol. 10, n° 91, Buenos Aires, 14 de abril de 2026.





