El bederismo abrió la discusión en torno al sucesor del actual mandatario provincial. Desde la misma mesa chica del oficialismo se inició un diálogo con el intendente Ricardo Quintela y hasta funcionarios provinciales ya decían que el próximo gobernador saldría desde el Palacio Municipal.
Se dio entre mediados del año pasado y principios del 2014, en donde concejales quintelistas ingresaron a la Residencia Oficial. Hasta algunos hablaban de un co-gobierno con el sector del jefe comunal.
Beder Herrera además no objetó los encuentros de Quintela con Daniel Scioli y Jorge Capitanich. Y avaló el financiamiento del Banco Provincia de Buenos Aires para el municipio. Hasta se dice que el gobernador elogió al intendente ante el mandatario bonaerense.
Y dentro de las ahora clásicas reuniones de Gabinete de los días lunes, el gobernador habilitó a todos para que trabajen por sus respectivos proyectos personales de cara al 2015.
También por tres meses el gobernador salió de la escena pública y dio protagonismo a los ministros. No estuvo en el anuncio del incremento salarial y se tomó unos días de descanso. Esa ausencia generó aún más incertidumbre en la Casa de Gobierno.
Pero Beder Herrera a principios de febrero encargó una encuesta que le entregaron en mano. No fue un sondeo más, ya que pidió que lo midieran a él y todos aquellos que podían acceder al sillón de la Gobernación.
Tras que el bederismo perdió en las elecciones PASO y ganó por casi nada en las legislativas, fortaleció los deseos de la oposición de llegar a la Casa de las Tejas.
Hasta la triunfadora en la Capital, la diputada Inés Brizuela y Doria se dio el lujo de no asumir en su banca e Ismael Bordagaray salió presuroso para aliarse con Sergio Massa y dejó en una posición incómoda al radical Julio Martínez.
Ese panorama lo vio Quintela y no sacó los pies del plato por una cuestión de subsistencia política y económica, y logró una foto con Scioli, en un claro mensaje a la liga de gobernadores, incluido el propio Beder Herrera.
En la encuesta, que tiene una sola copia, el gobernador vio el siguiente panorama: Julio Martínez no puede llegar a la Gobernación sin el apoyo de Quintela; como así también el actual intendente capitalino no tendría chances sin el acompañamiento del bederismo, especialmente por la estructura de los intendentes del interior, que en su mayoría no puede ir por su reelección.
Mientras tanto, Bordagaray camina a perder el poder en su departamento. Los viajes políticos con Massa dejaron sin cobertura al municipio y la próxima intendenta sería Adriana Olima, actual legisladora provincial.
También dentro del sondeo se desprende que la imagen negativa de Quintela creció hasta 10 puntos en los barrios, a raíz de la desaparición física del intendente por tres meses. Por ello, el intendente salió a la calle otra vez. Y además a Quintela solo lo identifican como el jefe comunal de la Capital en el interior.
Dentro de ese trabajo de una reconocida encuestadora cuyana, que trabaja para la Casa Rosada, Beder Herrera vio que puede ser el árbitro de las próximas elecciones y en caso de tener intenciones de no abandonar el poder, el bederismo podría hacer una jugada política, con el fin que haya un gobierno por cuatro años más.
En los números se ve que Martínez sigue fuerte en Chilecito, pero no con porcentajes de otros años debido a la reiteración de candidaturas. Quintela le pasa lo mismo en la Capital y cae estrepitosamente en el interior. Beder Herrera tiene intención de voto sin poder ser candidato.
A Beder Herrera le rescatan el pago de salarios al día por la situación financiera del país, aunque no hay conformismo con el monto de los sueldos, y le critican las SAPEM (ahora pasarán a ser SA con participación privada). La minería ya no es un tema de importancia en la sociedad.
En el interior no ven mal que busque otro mandato. Lázaro Fonzalida reconoció que se discute en el bederismo la continuidad del proyecto. En la Legislatura circula un proyecto para modificar la Constitución.



Debe estar conectado para enviar un comentario.