El obispo de La Rioja, monseñor Marcelo Daniel Colombo, distribuyó entre los colegios católicos un documento con orientaciones pastorales para el año lectivo, en las que el prelado presenta el magisterio sobre la misión docente de la Iglesia, que consiste en participar el tesoro de la fe a los alumnos.
“Presentes en Aimogasta, Chamical, Chañar, La Rioja capital, San Blas de los Sauces y Sañogasta, nuestros colegios están llamados a ofrecer a nuestros chicos el Evangelio de Jesucristo para encontrarlo, amarlo, y ser felices con Él”, observa el obispo.
Monseñor Colombo define al docente cristiano como “un evangelizador que comunica, junto a los saberes, la fe que lo anima”, y marcó que indudablemente lo que más atrae es el testimonio de vida: “En un mundo con pocos modelos válidos, los jóvenes buscan en sus docentes aquella fe, aquellos ideales y valores que les conquisten el corazón”.
En este sentido, el obispo llama a los educadores a ser “personas abiertas a la acción del Espíritu Santo”, de quien recibirán fuerza para anunciar a Jesucristo “incluso a contracorriente, frente a propuestas educativas y culturales que busquen invalidarlo o excluirlo”.
El prelado también advierte que cada persona confiada conlleva una tarea sagrada, ya que en cada ser humano “resplandece la obra creadora del mismo Dios y en Cristo, hemos sido llamados a la fraternidad”; en este sentido, invitó a redoblar los esfuerzos por llegar con el amor del Evangelio a los niños y jóvenes que dan mayor dificultad.
“Les propongo que pongan especial cuidado en aquellos niños y jóvenes que atraviesen en sus familias momentos difíciles –expresó-. En esos casos, nuestra Iglesia presente a través de la escuela, más que nunca debe ser casa de todos. Eviten las expresiones, las generalizaciones injustas, los chistes o bromas hirientes. Sean discretos y absténganse de todo chisme o comentario indebido”.
“Lo dicho respecto de los alumnos, vale para los compañeros de trabajo –agregó-. La sacralidad de cada persona, imagen y semejanza de Dios, nos obliga a respetar y a amar con todo el corazón. No somos una Iglesia que señala con el dedo, que habita el lugar fariseo de la vida sino que recibimos a todos aquellos que vienen a nosotros, como son, con su historia personal y familiar, con sus sueños y proyectos. Todos tienen derecho a que les demos lo mejor de nosotros mismos, discípulos misioneros de Aquel que nos amó primero”.
Finalmente, el obispo Colombo recuerda que se es docente siempre: “Cuando planificamos, enseñamos, evaluamos, escuchamos una confidencia, asistimos a situaciones difíciles de nuestros alumnos, reprendemos para ayudarlos a crecer o trabajamos en equipo con nuestros compañeros, somos docentes. No nos contentemos con cumplir sin alma, sin pasión y sin el deseo de servir. Asumamos los desafíos de la formación permanente que nos invita a reconocer que la vida es camino y somos también peregrinos en las huellas del saber”.



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